Javier Navascués - 28 junio 2022

La evangelización del continente americano por las órdenes religiosas españolas fue una proeza al mismo nivel que la Conquista en sí. Las Órdenes religiosas hispánicas llevaron la Fe con grandes y encomiables esfuerzos en la difícil gesta evangelizadora de la Venezuela de los siglos XVII y XVIII. Especialmente meritoria fue la labor cristianizadora de los capuchinos. Pero no sólo fueron los capuchinos, también hubo otras órdenes implicadas en tan relevante y compleja tarea evangélica. Por ejemplo, los jesuitas tuvieron un gran protagonismo. Muchas veces tendemos a pensar, algo injustamente, en los jesuitas de aquellos siglos como una orden elitista formada por religiosos de extracción social alta que frecuentaban más los palacios de los reyes que las selvas y zonas remotas de misión.

Y no fue así. Los jesuitas tuvieron un importante protagonismo sobre el terreno en las empresas evangelizadoras en el continente americano. Así lo hicieron en muchas zonas de la América hispánica, como Nueva Granada (Colombia), Paraguay, el norte de Argentina, Norteamérica al norte de Nueva España, el México actual. También fue relevante su participación misionera en Venezuela que pertenecía a la Provincia eclesiástica jesuita de Nueva Granada. En la zona del río Orinoco los jesuitas llevaron a cabo un gran esfuerzo y establecieron numerosas misiones sobretodo a lo largo del siglo XVIII.

En esa zona habitaba un pueblo indígena especialmente rebelde, los caribes, que fueron muy refractarios a la evangelización durante largo tiempo. Además los jesuitas promovieron también, al igual que lo habían hecho los Capuchinos, la colonización de la región con familias llegadas desde España, lo que hizo que algunas misiones se acabaran convirtiendo en ciudades. Así pues se trató de una iniciativa no sólo de carácter misional sino también vinculada al poblamiento y la fundación de ciudades, de considerable importancia.

Muchos jesuitas murieron en el generoso esfuerzo de convertir a los indios, empeño que entonces era considerado esencial por la Orden. Religiosos como los Padres Manuel Román, el P. Román de las Salibas, los Padres Ignacio y Alonso Fernández y muchos más dejaron una huella imperecedera de abnegación en la labor misionera. Además en ocasiones las misiones jesuitas tuvieron que afrontar los ataques de los franceses, a veces en alianza con los caribes que lanzaban incursiones desde la Guayana francesa. También los holandeses, llenos de odio anti católico, suponían un gran peligro para las misiones hispánicas en las regiones del Orinoco.

En 1734 tuvo lugar una gran sublevación de los indios caribes que hizo necesaria una importante ofensiva militar contra estos indígenas a cargo de un ejército de milicianos al mando del gobernador de Venezuela Carlos Sucre (abuelo del caudillo de la independencia ecuatoriana Antonio José de Sucre), expedición que después de duros combates logró pacificar la región aunque la situación siguió siendo arriesgada durante años. Lamentablemente la expulsión de los jesuitas de España y de América por orden de Carlos III a causa de sus prejuicios “ilustrados” echó a perder en parte la magna obra misionera jesuítica, pero afortunadamente mucha parte de ella era ya indeleble. Los jesuitas no pudieron volver a tierras venezolanas hasta 1817 consumada ya la independencia del país.

Contamos con la suerte de disponer de importantes libros sobre el tema como la obra contemporánea del Padre Gumilla sobre las misiones jesuíticas en el Orinoco. También está el clásico sobre la Provincia jesuítica de Nueva Granada y el reino de Quito en cuatro volúmenes de Pedro de Mercado. Y en los tiempos contemporáneos los tomos compilados por José del Rey Fajardo sobre documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Venezuela de la Academia Nacional de Historia de Venezuela, publicados en los años 70.

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