Javier Navascués - 5 junio 2022

José Carlos García Rodríguez (Sanlúcar de Barrameda, 1948), ha alternado su profesión de enólogo con la actividad escritora y periodística, colaborando en numerosos medios de difusión nacional e iberoamericanos. Entre sus libros se encuentran ensayos (¿Arde Barcelona? La Semana Trágica, la Prensa y la caída de Maura, El caso Strauss), así como obras biográficas (Turina y Sanlúcar de Barrameda, Pedro Badanelli, la sotana española de Perón, El infante maldito. La biografía de Luis Fernando de Orleans, el más depravado príncipe Borbón y El Marqués de Santa Ana. Vida y obra de un periodista genial). La novela juvenil La Flota de las Molucas. La gran epopeya de la Primera Vuelta al Mundo, obra incluida por la Comisión Nacional del V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo Magallanes-Elcano dentro de su Programa de Actividades Conmemorativas, y 175 años de carreras de caballos en la playa de Sanlúcar. 1845-2020 son las últimas obras de este autor. Historia del Straperlo es el tercer título de García Rodríguez editado por Almuzara donde también ha publicado Montpensier. Biografía de una obsesión (2015) y La cocina sanluqueña. Historia, modos y sabores (2017).

¿Por qué ha decidido hacer un libro sobre la historia del straperlo?

Hace unos años, en 2008, publiqué un libro, ya agotado, sobre este mismo asunto que titulé “El caso Strauss”, considerado como la primera monografía dedicada al affaire del straperlo, aunque limitado prácticamente a sus consecuencias políticas. Este primer trabajo sirvió de referencia a diversos autores, entre ellos, al hispanista Stanley G. Payne, autor del prólogo del nuevo libro, quien me animó a seguir indagando en el escándalo desde su génesis hasta la investigación judicial llevada a cabo por el juez especial Ildefonso Bellón, así como desvelar la personalidad y el destino de sus protagonistas. Mucho se ha hablado sobre el escándalo del straperlo, siempre definido de forma interesada como un caso de corrupción de “enormes proporciones” que tuvo lugar en la II República durante el gobierno de centro derecha liderado por el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. Creo que era obligado dar a conocer los factores que determinaron que este asunto de entidad muy limitada llegara a impactar de forma tan extraordinaria en la opinión pública española. Creí que era necesario dar a conocer las circunstancias políticas en que se produjo aquel caso para entender su trascendencia. De esto trata el libro “Historia del straperlo”.

Quizá muchos jóvenes no saben a qué nos referimos. ¿Qué es el straperlo y qué importancia tuvo en la reciente historia de España?

El straperlo fue una ruleta inventada por dos aventureros, el alemán Daniel Strauss y el holandés Jules Perel, una ruleta a la que sus creadores definían como un juego de destreza mental para poder introducirlo en aquellos países donde estuviesen prohibidos los juegos de azar. Para su introducción en España, Strauss contó con el apoyo de políticos radicales a los que supuestamente sobornó, entre ellos Aurelio Lerroux, sobrino y ahijado de Alejandro Lerroux, y altos cargos de la Administración de centro derecha entonces en el poder, originando un escándalo que, a la postre, significaría el inicio del fin de la II República.

¿Cuál fue el origen de la historia?

Daniel Strauss había patentado en Alemania un juego de salón, una especie de ruleta a la que llamó straperl, resultado de la combinación, a modo de acrónimo, de las primeras sílabas de sus inventores: el propio Strauss y Jules Perel. El straperl, llamado más tarde por el más sonoro nombre de straperlo, era uno más entre los numerosos modelos de ruletas engañosas que por sus características se encontraban en la frontera entre los juegos de azar y los de destreza que llegaron a hacerse muy populares en toda Europa durante el período de entreguerras.

El juego patentado por Strauss y Perel era una ruleta modificada a la que se le había incorporado un motor eléctrico que le proporcionaba una rotación regular y contínua y en la que según sus inventores, intervenían como factores de ganancia el cálculo y la atenta observación de los jugadores y no la suerte.

Strauss consiguió introducir su straperlo en el Gran Hotel Kurhaus de La Haya y en los casinos de Zandvoort y de Noordwijh, desatando una auténtica locura entre los jugadores holandeses. Hasta que la policía descubre que aquellas ruletas disponían de un mecanismo oculto que permitía al croupier variar la velocidad del motor eléctrico en determinados momentos, de manera que los cálculos que realizaban los incautos apostadores dejaban de ser válidos.

Clausurados los straperlos por la policía holandesa y sancionados gubernativamente sus inventores, Strauss, buen conocedor del idioma español por haber permanecido unos años en México, decide que España podría ser un buen lugar donde poder continuar su negocio de las ruletas trucadas.

Y, concretamente ¿cómo comenzó en España y cuándo finalizó como tal?

Strauss, junto a su esposa Frieda Liffman y su socio Jules Perel, llegaron a Barcelona a principios de 1934 con objeto de conseguir de las autoridades catalanas las autorizaciones necesarias para poder explotar su juego. Su contacto en Cataluña fue el alemán Jack Bilbo quien decía haber sido guardaespaldas de Al Capone. Bilbo, muy relacionado con la Esquerra Republicana introduce a Strauss en los ambientes políticos de Barcelona. Pero ante la imposibilidad de poder gestionar en Cataluña la autorización para su juego, Daniel Strauss estaba decidido a conseguir por cualquier medio que el gobierno español le facilitase las autorizaciones administrativas que le eran necesarias para legalizar su ruleta.

Dispuesto a ser generoso y hasta a hacer partícipes de su negocio a quienes mostrasen voluntad de cooperación para el logro de sus pretensiones, Strauss entra en contacto con altos cargos del Ministerio de la Gobernación y otras influyentes personalidades políticas quienes le prometen que la ruleta straperlo sería legalizada a cambio de participar en la sociedad que pretende constituir el alemán. Aún sin contar con la pertinente autorización administrativa para su juego, Strauss pone en funcionamiento el straperlo en el Gran Casino de San Sebastián el 12 de septiembre de 1934, situación que es abortada por la policía, por orden gubernativa, a las pocas horas de su inauguración. Tres meses más tarde, un nuevo intento de explotar su ruleta, en esta ocasión en el Hotel Formentor de Mallorca, sería de nuevo clausurado por la Guardia Civil el décimo día de su funcionamiento. Tras este nuevo fiasco Daniel Strauss regresa a su domicilio de Holanda a finales de diciembre de 1934 con una documentación que avalaba sus contactos políticos en España y supuestos sobornos a altos funcionarios gubernamentales.

El escándalo del straperlo se inicia con la denuncia que Strauss envía al presidente de la República, Alcalá-Zamora, en septiembre de 1935. El denunciante manifestaba haber entregado diversas cantidades de dinero durante el año anterior a miembros destacados del Partido Republicano Radical, incluyendo ministros, altos cargos y hasta un familiar de Alejandro Lerroux (Aurelio Lerroux y Romo de Oca) con objeto de obtener autorización administrativa para poder explotar su juego straperlo en el Gran Casino de San Sebastián, en primera tentativa, y en el Hotel Formentor de Mallorca, con posterioridad. Al resultar fallidos ambos empeños, Strauss consideró incumplido el compromiso que con él habían contraído sus contactos españoles, por lo que solicitaba una compensación económica que diera por zanjado el asunto.

Al remitir Alcalá-Zamora la denuncia al Gobierno, el caso pasaría a ser tratado en las Cortes en medio de un gran escándalo azuzado convenientemente por la prensa izquierdista, formándose una comisión parlamentaria para que investigara el asunto y cuyo dictamen ejemplarizante consideró como culpables a varias de las personalidades políticas denunciadas por Strauss. Pasada la documentación referente al affaire al juez especial nombrado para el caso, Ildefonso Bellón Gómez, éste dicta un auto de procesamiento en el que se incluyen los inculpados por la comisión, además de otros personajes y el propio Strauss. Sin embargo el juez considera que los delitos imputados eran de “orden y pulcritud social” de muy escasa entidad y con penas de muy poca duración, no pudiéndose concretar nunca la ejemplaridad jurídica de aquel caso ya que no llegó a celebrarse un juicio debido al inicio de la Guerra Civil. De todas formas, aquel affaire de cuantías menores y de muy modesta significación fue transformado en un escandaloso asunto político que alcanzó proporciones nacionales y tuvo tremendas consecuencias.

¿Qué consecuencias políticas tuvo?

El escándalo del straperlo, unido al posterior affaire Payá, significó la caída del gobierno de centro derecha y con ella la última oportunidad de que la II República pudiera reconducirse por cauces pacíficos en un momento en que la situación económica del país iba mejorando de la mano del ministro de Hacienda y posterior jefe de Gobierno, Joaquín Chapaprieta. En una situación de crisis política, Alcalá-Zamora, sin respetar las mayorías parlamentarias, lejos de encargar a Gil-Robles la formación de un nuevo gobierno, opta por Portela Valladares, un político centrista carente de apoyos, lo que llevaría a convocar unas nuevas elecciones que tienen lugar el 16 de febrero y el 1 de marzo de 1936 en una situación de enfrentamiento y de posturas irreconciliables. El Frente Popular gana aquellos comicios plagados de irregularidades, entrando la República en una situación de deterioro imparable que desembocaría en la Guerra Civil.

¿Por qué lo define como “una ruleta contra la República”?

Sin duda, el escándalo de la ruleta straperlo significó la apertura del proceso degenerativo hacia el final de la II República.

¿Por qué estuvo mejor gestionado por las izquierdas que por el centro derecha?

Como cuento en el libro, el escándalo del straperlo fue magistralmente ideado por Indalecio Prieto y Manuel Azaña, a iniciativa del mejicano Martín Luis Guzmán “El Generalito”. De los encuentros entre Prieto y Azaña en Bélgica, donde por entonces se encontraba Daniel Strauss con motivo de la Exposición de Bruselas, hay numerosos testimonios y hasta Adama Zijlstra, el gerente del Gran Hotel Kurhaus de Scheveningen cuenta en sus memorias que personalmente presenció una entrevista entre Azaña y Strauss en el Hotel Carlton de La Haya. Contando con el asesoramiento del abogado izquierdista francés Henri Torrès y lo convenido con los dos políticos españoles, Strauss remitió su denuncia a Alcalá-Zamora en vez de presentarla en un juzgado como hubiera sido el cauce más razonable. El fin que se perseguía era elevar el asunto del straperlo a un gran escándalo de corrupción política con el fin de acabar con el Partido Radical de Alejandro Lerroux y los gobiernos de centro derecha.

Por parte del centro derecha hubo una cortedad de miras especialmente de la CEDA, solo preocupada porque el affaire no le salpicase, lo que le llevaría a no defender a sus socios de gobierno. Además, la mayoría de centro derecha debió remitir la denuncia de Strauss a su cauce lógico que era la justicia para que ésta determinara y no tratar el asunto en el Parlamento permitiendo la formación de una Comisión parlamentaria que se mostró ejemplarizante.

¿Se podría decir que esta práctica se sigue conservando en algún lugar en cierto modo?

El affaire del straperlo me hace pensar en escándalos políticos recientes, como el caso de los trajes del presidente valenciano Camps que llevó al autitulado “Periódico global” a dedicarle más de 150 portadas o a la moción de censura a Mariano Rajoy basada en hechos falsos. La izquierda, a diferencia de la derecha, se maneja de forma magistral en estos asuntos.

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