Jose Antonio Bielsa Arbiol - 24 junio 2021

Se ha vertido mucha tinta intentando aclarar el significado oculto del logo del PSOE: ese puño con esa rosa roja han sido interiorizados hasta tal punto en la cabeza del español medio, que es prácticamente imposible no vincular el partido en cuestión con el simbolismo implícito que su logo difunde, puro reflejo del espíritu de logia que repudre a la secta socialista. Lo cierto es que la observación atenta de cada uno de los logos (y colores) de los diferentes partidos políticos del Régimen del 78 –absurdo festín del paradigma disolvente de la Anti-España- nos descubriría no pocas (y auguramos desagradables) sorpresas. Pero vamos a lo que vamos.

 

A simple vista, el menos despierto observará que el puño no es otra cosa que el mismísimo símbolo de la inefable Internacional Socialista (amalgama mundial de partidos marxistas), aunque debidamente adaptado a su función bisagra, que es portar una rosa de clarísimas resonancias rosacrucianas. Podrá objetarse que los símbolos de la orden secreta de los rosacruces son 1) una rosa roja sobre 2) una cruz griega, y que el logo del PSOE omite la susodicha cruz: obviamente, una entidad tan masonizada y anticristiana como el PSOE debía rechazar “sí o sí” la cruz... Sin embargo, ésta aparece oculta, recónditamente, en el juego de líneas que conforman la silueta del puño (!).

 

Afinando el análisis, el periodista católico Ismael Medina fue más lejos, al ratificar que “el puño simboliza su enraizamiento en el movimiento revolucionario sionista. Y la rosa, su dependencia iluminista. Pero hay algo más sugestivo tras el símbolo de la rosa, enaltecido por la francmasonería. Me refiero a la vinculación dependiente de la masonería con la Alianza Israelita, de manera inequívoca señalada por [Adolphe] Cremieux. Nueva Alianza (B´naï B´rith) da nombre a la rama masónica exclusiva de los judíos, con resolutiva influencia sobre las restantes”. El PSOE pues, asentaría sus rizomas profundos en una triple alianza: la del trípode que despliega sus tres grandes patas rectoras: masonería, rosacrucismo y sionismo.

 

Algún que otro cándido replicará que mezclar francmasones, rosacruces y sionistas en el mismo saco ¡apesta a conspiranoia barata! Aceptaremos la queja, pero a cambio le pediremos a nuestro amodorrado detractor que abra bien los ojos, y que no se conforme con ver (ni oír), pues es preciso observar (y escuchar). Y leer (sobre todo leer... entre líneas).

 

Lo que nadie mediamente informado podrá obviar a estas alturas es que el espíritu del Régimen del 78, resueltamente socialista-laicista en todas sus partes, significa el mayor triunfo de la infiltración masónica contra España en cuanto proceso de trasmutación secular; en palabras del analista Francisco Gijón: “La masonería tradicional y la decimonónica, de signo radical y anticlerical, floreció en España tras la Transición durante los gobiernos socialistas del mismo modo que había pervivido en Latinoamérica en los años 80”. Este hecho flagrante tiene por principal responsable del “florecimiento” a ese siniestro huerto de acacias que es “la PSOE”.

 

Este artículo es un extracto del libro Traición en Toulouse: Así tomó el control del PSOE una nueva generación de ¿socialistas? publicado por Letras Inquietas y en el que han colaborado Ernesto Ladrón de Guevara y José Antonio Bielsa.

 

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