Jose Antonio Bielsa Arbiol - 6 julio 2021

Recordar que la novela es el género literario por antonomasia del siglo XIX es reiterar una perogrullada tan cierta como incontestable, pero que no estará de más subrayar de nuevo: “el siglo decimonónico fue el gran siglo de la novela”; cuanto le precede (Boccaccio, Cervantes, Goethe, etc.) y cuanto le sucede (Proust, Joyce, Kafka, etc.) no es sino el dilatado prólogo y la concentrada coda de una soberbia franja temporal de la Historia de la Literatura Universal.

         En este breve artículo proponemos unas notas en forma de bosquejo para la elaboración de una jerarquía de la Novela en virtud de su valía estética, tal y como la desarrollamos en nuestro opúsculo “Reflexiones sobre la muerte de la Novela” (2014).

         Nuestra sistematización se funda en un esquema cuatripartito. Creemos de extrema necesidad, en unos tiempos de sobresaturación de narraciones, diferenciar debidamente entre los “productos comerciales” y la legítima Literatura, hoy por hoy difícil de identificar entre la fluctuante balumba de papel impreso.

 

         Grupo A: Los grandes creadores: aquí se ubicarían aquellos autores universales, propios del Canon de las Bellas Letras, capaces de dominar en lo espiritual no ya una época, sino de suponer un hito imprescindible en la Historia de la Literatura –y, por ende, de la Humanidad–, y sin cuya presencia una parte de ésta(s) quedaría(n) sin explicar; suponen una ínfima y gloriosa minoría, verbigracia Dostoievsky.

         Algunos ejemplos:

 

         Grupo B: Maestros menores: aquí podemos localizar a esa importante relación de autores relevantes, cuya obra no consigue explicar la Totalidad del mundo, pero sí una parte considerable del mismo; en no pocas ocasiones son extraordinarios estilistas y audaces visionarios, capaces de indicar el camino a seguir –con su impulso germinal– a los grandes creadores, verbigracia Gogol.

         Algunos ejemplos:

 

         Grupo C: Los satélites (epígonos, imitadores, independientes, etc.): insertaremos aquí la abultada nómina de autores de segundo orden, en la que tiene cabida desde lo sobresaliente (verbigracia Goncharov) hasta lo muy estimable (verbigracia Bunin), y cuya relativa importancia literaria, en no pocas ocasiones, no se suele corresponder con la nombradía mundana que estos novelistas disfrutaron/disfrutan en vida.

         Algunos ejemplos:

 

         Grupo D: Los subproductos (…): léase la multitud de destajistas y suministradores de novela de consumo (del pastiche a la “novela basura”, pasando por prefabricados de toda laya, como el socorrido best-seller o la novela “de la semana”), harto prolífica pléyade desde mediados del siglo XIX, y columna vertebral del negocio editorial. Estos peones de las Letras no logran explicar apenas nada, sino dejar al descubierto la mediocridad de sus mentes y el agotamiento de las fórmulas. Suelen carecer de estilo e ideas propias, cuando no son aburridamente pretenciosos y arquitectónicamente nulos. Viven del plagio inconfeso, de la política de reparto de premios, de un público multitudinario y convencido, a tono con la naturaleza instrumental de sus trabajos...

         Un ejemplo de triste significación:

 

         Este artículo es extensión y/o prolongación del previo “Consideraciones sobre la muerte de la Novela, una cuestión polémica”:

https://elcorreodeespana.com/libros/499769604/Consideraciones-sobre-la-muerte-de-la-Novela-una-cuestion-polemica.html

 

 

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