Javier Navascués - 28 julio 2021

César Alcalá Giménez da Costa es un historiador, político y escritor español, especializado en la historia del carlismo y la guerra civil y otros muchos temas relacionados con la historia de España. Colabora en revistas como Actas, Revista del Vallès, e-noticies.com, La Razón, COPE, Economía Digital, El Catalán. Ha colaborado en el Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia.

¿Por qué un libro sobre la cobardía de ERC en los 10 primeros meses de la Guerra Civil?

Es un periodo clave dentro de lo que fue la guerra civil en Cataluña. El 20 de julio de 1936 Lluís Companys tuvo una reunión con sus amigos de la CNT-FAI. Digo amigos porque como abogado estuvo muy ligado a defender anarcosindicalistas. Pues bien, ese día les dijo “hoy sois dueños de la ciudad y de Cataluña, porque sólo vosotros habéis vencido a los militares fascistas, y espero que no os sabrá mal que en este momento os recuerde que no os ha faltado la ayuda de los pocos o muchos hombres leales de mi partido y de los guardias y mozos”. En ese momento empezó la cobardía de ERC. Dicho de otra manera, Companys se lavó las manos y les dejó hacer a estos todo aquello que les vino en gana. Por supuesto asesinar a miles de catalanes en la retaguardia.

Companys entregó el poder político a sus amigos anarquistas y él se lavó las manos de lo que pudiera ocurrir en Cataluña. ¿Hasta qué punto fue irresponsable y cobarde esa decisión?

Companys estaba para otras historias. Tenía miedo de Madrid. Estaba seguro de que, si bajaba la guardia, cerrarían la autonomía. No se fiaba de ellos. Por otra parte, estaba convencido que Cataluña era un territorio independiente de España. En sus discursos y sus conversaciones privadas, como se explica en el libro, así lo expresa. Ese miedo le impedía hacer otra cosa, por eso cedió sus funciones a los anarcosindicalistas. Lo mismo ocurre hoy en día. ERC siempre ha estado más pendiente de sus quimeras que de la realidad de la gente.

Usted afirma que la cobardía de ERC empezó cuando declinó hacer las funciones que le eran propias.

Exacto. Como le he dicho la máxima preocupación siempre de ERC ha sido la independencia. Se han creído su mentira y lo demás no les importa. De ahí que les cediera el poder a sus amigos de la CNT-FAI. Ellos se encargaron de las colectivizaciones, de la defensa de las calles y pueblos de Cataluña y, por supuesto, de la represión. Ellos se encargaron de todo, porque Companys confiaba en ellos. Sabía que lo harían bien. Es más, en aquella misma entrevista con ellos les dijo que “habéis venido y todo está en vuestro poder, si no me necesitáis, o si no me queréis como Presidente de Cataluña, decídmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado más en la lucha contra el fascismo”. No sólo les entregó Cataluña, sino que puso su cargo en manos de ellos. Companys se sometió al poder de la CNT-FAI. De ahí la cobardía de este partido político.

Y además trató de disimular, diciendo que los 40.000 miembros de la CNT-FAI que dominaron las calles de Cataluña no eran incontrolados.

Esa es otra de las fantasías que han calado dentro del discurso guerra-civilista. En Cataluña nunca hubo incontrolados. Todo se hizo de un manera muy bien organizada. En el libro queda claramente explicado. Esos hombres eran muchas cosas, pero nunca incontrolados. La realidad es que esta expresión les sirvió para tapar su cobardía. Llamándolos así era muy fácil decir a la opinión pública que antes esos ataques de incontrolados ellos no podían hacer nada. Que estaban superados por las circunstancias. Con ello se cubrían las espaldas. Y lo peor de todo es que la gente se lo creyó. Y a perdurado hasta nuestros días. Los 10 primeros meses de la guerra civil en Cataluña estuvieron muy bien controlados por el anarcosindicalismo, que siguió a pies puntillas la hoja de ruta marcada, con el beneplácito y conocimiento de ERC.

La CNT-FAI llevó a cabo una atroz persecución religiosa y civil; cometieron matanzas represivas en muchos pueblos catalanes; colectivizaron y destruyeron empresas; organizaron sacas; practicaron la eugenesia; e, incluso, confeccionaron un listado que sirvió de salvoconducto para no asesinar a sus hermanos masones. ¿De todo ello es responsable Companys y ERC?

¡Claro! Companys estaba perfectamente bien informado de las acciones que realizaban. Una cosa es dejarles el mando y otra apartarse de la realidad. Companys nunca se apartó. Era conocedor de las matanzas y no hizo nada por acabarlas. Es cierto que se salvó a alguna personalidad, como al cardenal Vidal i Barraquer. Pero las personas salvadas lo fueron porque estaban muy vinculadas a los ideales que defendía Companys. Se practico la eugenesia porque, como luego se haría en Alemania, se buscaba una raza catalana superior. Y, evidentemente, como masones que eran, quisieron defender a sus hermanos. ¡Faltaría más! Por eso las patrullas de control llevaban un listado con el nombre de todos los que eran masones. Dicho listado lo hemos reproducido en el libro.

También afirma que La cobardía de ERC fue fruto de la incompetencia y falta de escrúpulos de Lluís Companys que permitió el terror sin él ensuciarse las manos directamente.

Con esta manera de actuar se cubrió las espaldas. Así ha pasado a la historia como una buena persona, que no mató a nadie. Lo protegieron, como he dicho, diciendo que era culpa de los incontrolados. Y dentro de este paraguas todo se olvida y la culpa recae en un tercero. Y este, la CNT-FAI, no hubiera hecho nada de es sin el apoyo de Companys y de ERC. El problema es que nadie ha querido ver la realidad. Hicieron una buena campaña de marketing en su momento, reproducida por algunos historiadores afines, hasta nuestros días. Creo que era hora de desmontarles la mentira, por eso este libro.

Esta fue su cobardía. No entregarse a los anarcosindicalistas, sino no tener el valor de perpetrar sus pretensiones políticas e ideológicas.

Efectivamente. Companys estaba convencido que iban a ganar la guerra y, una vez finalizada, su utopía se haría realidad. Es decir, España sucumbiría a sus pretensiones y Cataluña se independizaría. De llegar ese momento, no podía pasar a la historia como un asesino. ERC no podía tener las manos manchadas de sangre. De ahí la elección de los anarcosindicalistas. Ellos se mancharían las manos y, cuando ya no los necesitara lo echaría. Y esto ocurrió. Companys amañó un golpe de estado, en plena guerra civil, que se conoce como los sucesos de mayo de 1937. Esos hechos permitieron sacarse de encima a los elementos molestos. Con lo cual, Companys traicionó a sus amigos, como antes había traicionado a otros.

La represión en la retaguardia fue maquillada, aunque estamos hablando mínimo de 26.606 muertos en la retaguardia catalana, que dejan cortos los 8000 que nos han dicho y siguen siendo bastantes.

Fue maquillada. En el mes de agosto de 1936 había en el Hospital Clínico de Barcelona 5.000 muertos en la morgue. La represión fue terrorífica. En el libro se demuestra que no hubo 8.352 asesinados en la retaguardia en Barcelona. Que esta cifra se queda muy corta. Ahora bien, en el momento de inscribir los cadáveres se omitía el asesinato y, por ejemplo, se decía “muerto por una hemorragia interna”, sin especificar que eso se había producido por una bala. Se inscribieron con otras enfermedades para blanquear los datos. En el libro se hace una análisis de estas inscripciones y se aportan datos de lugares donde se enterraban a personas, fuera de los sitios convencionales, para disimular. La CNT-FAI, con la ayuda de Companys, llevaron a cabo un genocidio en Cataluña.

¿Qué repercusión espera que tenga el libro cuando afecta directamente al partido que gobierna actualmente en Cataluña?

Con el partido que gobierna en Cataluña ninguna. Y me explicaré. El libro demuestra toda una serie de cosas que habían quedado escondidas. La pretensión es dar a conocer la verdad y que la gente la conozca. Los actuales dirigentes de ERC ni se sonrojarán, porque ellos siguen con su discurso de que no fueron ellos, sino unos incontrolados. Con esto cerrarán cualquier controversia. Lo importante es que la gente conozca la verdad y sepan las atrocidades que se cometieron desde julio de 1936 a mayo de 1937. Unos actos llevados a cabo por los anarcosindicalistas, con el favor de Lluís Companys y ERC.

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