Ramiro Grau Morancho - 16 julio 2021

Dicen que en la vida hay que tener un oficio o beneficio con el que poder subsistir dignamente, mantener a la familia, etc.

Muchos han entendido que la política es un oficio, pero no es cierto, salvo que ser una sanguijuela del dinero público se entienda como un oficio.

Yo entiendo la política como un servicio público, a la sociedad, pero mucho me temo que debo de ser el único…

La gran mayoría de los políticos se suben al carro de la política, clavando sus garras sobre el sufrido burro, es decir el pueblo español, ¡y hasta la jubilación!

Hay tantos miles de casos, que tendría que escribir un libro para enumerarlos, y seguramente me faltarían páginas.

Pero lo peor de todo son los jueces que se cansan de su oficio, y se pasan al beneficio, es decir a la política.

Y luego, cuándo les vienen mal dadas, vuelven a cruzar el Rubicón, y retornan a sus despachos judiciales, que en este caso mucho me temo que son más bien despechos…

Con la tranquilidad, además, de que todo el tiempo dedicado a la política les cuenta como de servicio activo, al ser una situación de “servicios especiales”, y tan “especiales”, en muchos casos.

Ahora mismo tenemos a tres jueces, creo recordar, en un gobierno de 23 ministros (había mucha gente que colocar), es decir casi un quince por ciento de los ministros pertenecen a la carrera judicial.

¿Dónde está la separación de poderes…? Ni está, ni se la espera.

Pero lo peor del caso es cuándo vemos a gente como Margarita Robles (¿pero esta señora o señorita es capaz de distinguir entre un cabo primero y un comandante?) intentando descalificar al máximo órgano de nuestro sistema legal, el Tribunal Constitucional, diciendo que la Sentencia del citado Tribunal sobre el confinamiento a que fueron sometidos los 47 millones de españoles durante más de tres meses, de marzo a junio de 2020, son “elucubraciones doctrinales”. ¡Y se queda tan pancha!

O a Pilar Llop, la recién estrenada ministra de justicia diciendo que “Moncloa respeta el criterio de los seis magistrados que han apoyado este fallo, si bien considera que la actuación del ejecutivo fue conforme a los parámetros constitucionales, tal y como han defendido otros cinco magistrados del mismo órgano”. ¡Hay que hacer méritos ante el Faraón de la Moncloa!

Ya vemos que podemos esperar de estas “no jueces”, y solo podemos y debemos rezar para que no vuelvan nunca más a un estrado, en calidad de magistradas, y con la toga llena no de polvo, sino de la mierda del “camino político”…

Don Federico Carlos Sainz de Robles y Rodríguez, qepd, ex presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, se embarcó en la carrera política, como aspirante a diputado, por el partido reformista, de Roca, creo recordar.

No obtuvo el escaño, pero ya no quiso volver a la judicatura, pues decía que había cruzado el Rubicón, y que un magistrado que “desciende” a la política, no puede ni debe volver nunca a la judicatura. Y tenía razón.

Era un hombre honrado, y actuaba como tal.

Lástima que nadie siga su ejemplo, ni se imponga por las leyes, como sería lo justo, lógico y razonable, prohibiendo esos salen el vacío de la judicatura a la política, y de la política a la judicatura…

Un juez no solo tiene que ser honrado, sino también parecerlo.

En España hay muchas personas que son de oficio jueces, pero que en realidad aspiran al beneficio, es decir a la política.

Y actúan como tales, dentro y fuera de la judicatura, sin solución de continuidad.

Esta situación no sirve más que para desprestigiar al poder judicial, impedir la separación de poderes, y producir el sonrojo, sintiendo vergüenza ajena, de sus antiguos compañeros, que no amigos, en la mayoría de los casos, pues los políticos sólo son trepas, que persiguen, única y exclusivamente, su propio beneficio…

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