Ramiro Grau Morancho - 22 julio 2021

Los días que puedo, que son casi todos, tras el almuerzo procuro dormir una siesta, muchas veces oyendo la radio, o escuchando los telediarios, todos calcados, que da igual la cadena que veas: Covid, Covid, y más Covid.

Hoy me he acostado con la radio, y en la cama, y me he despertado sobresaltado, oyendo los graznidos de la Montero, la exportavoz del gobierno, que pensaba ya no lo era, pero por lo visto sigue gruñendo con esa voz tan desagradable que tiene…

Nos anunciaba la buena nueva de la conversión en fijos de todos los empleados públicos que lleven diez años ocupando un puesto, y que en la mayoría de los casos llevan numerosas convocatorias demostrando que son incapaces de obtener la plaza como Dios manda, por medio de la oposición libre, o, por lo menos, el concurso oposición.

Pues nada, se les hace fijos, y aquí paz y después gloria.

Que sean necesarios, o no, es lo de menos.

Y que una buena parte de ellos hayan obtenido sus nombramientos de forma espuria, es decir enchufes, pertenencia a determinados partidos políticos o sindicatos, por “razones” familiares, etc., es lo de menos.

¿Eso a quién le importa? Además, por la ley de protección de datos, ustedes, es decir, nosotros, no tenemos “derecho” a saber de dónde ha salido el inútil ese que nos atiende en un determinado organismo oficial, o el funcionario al que tienes que ir a buscar al bar de la esquina (y pagarle el desayuno, de paso), o la “eficiencia” señora, tan eficiente que se va a hacer la compra para su casa a media mañana, y en horas de trabajo, por supuesto, que la pobre está muy estresada…

¿Pero España necesita realmente 800.000 empleados públicos más…?

Es obvio que no, y que sobran –por lo menos-, la mitad de los actualmente existentes.

Pero claro, no se trata de reducir el gasto público, y la consiguiente presión fiscal, sino de aumentarlo, y que se jodan los tontos.

España se encamina hacia su quiebra, con paso firme, pero eso sí, en la cubierta, sigue tocando la orquesta de plañideras, tertulianos, asesores a sueldo, etc., diciendo que todo va bien, y que no hay de qué preocuparse…

Mientras tanto, el gobierno se va apoderando de todos los resortes del Estado, okupando las Instituciones, como unos verdaderos okupas: ya casi ha caído el Poder Judicial, la Fiscalía General (del Gobierno, que no del Estado), ya es suya desde hace tiempo, ahora van a por el Tribunal de Cuentas, en la próxima renovación del Constitucional se apoderarán del mismo, etc.

Sólo falta darle la patada a Felipe VI, y que el Faraón de la Moncloa pase a okupar el lugar que por sus trastornos paranoicos considera que le corresponde: la Presidencia de la República de las Ex Españas.

¡Qué menos!

Mientras tanto los vasallos y contribuyentes (me niego a llamarles ciudadanos, pues la mayoría no lo son, pues no ejercen como tales) miran a ver si pueden ahorrar algo de dinero para poderse ir unos días de vacaciones, pues están ya más quemados que la pipa de un indio.

Pero no lo demuestran…

Todo se queda en conversaciones entre amigos, y en las típicas paridas de barra de bar: perro ladrador, poco mordedor.

El problema es que ¡cuándo el pueblo español quiera despertar, ya será tarde!

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