Tomás García Madrid - 19 agosto 2020

Como todos recordarán, a finales del pasado mes de mayo un ciudadano afroamericano llamado George Floyd falleció en Minneapolis (EE.UU.) después de ser detenido por la policía. Inmediatamente se distribuyó un video, que se ocuparon de que rápidamente se hiciera “viral”, en el que el detenido repetía que no podía respirar mientras un policía le mantenía inmovilizado. Y casi simultáneamente, como si estuviera perfectamente planificado, surgió un movimiento teóricamente “espontaneo” llamado “Black Lives Matter”, con todo el márketing y la campaña de medios sorprendentemente organizada al milímetro, que promovió una ola de protestas extremadamente violentas en las principales ciudades de los EE.UU., inicialmente en contra de una presunta marginación social hacia las personas de color en ese país pero que rápidamente mutó en contra del “racismo”, en general, no sólo el que pueda haber ahora, sino cualquier comportamiento supuestamente racista desde, digamos, el Imperio Romano.

Se destruyeron estatuas, se insultó y difamó a personajes históricos de capital importancia (incluida, aunque parezca mentira, nuestra reina Isabel la Católica, o el gran Cristóbal Colón), nuestros enemigos de siempre aprovecharon la ocasión para volver a la carga con la falaz ‘leyenda negra’ sobre nuestro glorioso pasado, políticos de medio pelo, y no tan de medio pelo, de la mitad del Mundo se disculparon por imaginarios episodios “racistas” de nuestros antepasado y se arrodillaron ridícula y servilmente ante los que aterrorizaban a sus vecinos, saqueaban sus comercios o directamente les agredían. En definitiva, como si el planeta Tierra estuviera en su conjunto todavía en la oscura y absolutamente execrable época del ‘apartheid’.

El pasado domingo Cesar Vidal, el articulista de La Razón (que además de articulista es filosofo, teólogo, periodista y escritor de gran éxito, no es -ni mucho menos- un ‘don nadie’) publicaba una columna en la que informaba, con todo lujo de detalles, que todo fue una gran manipulación. Hasta ahora nadie ha desmentido, ni siquiera matizado, esa información.

Según informa Cesar Vidal, la autopsia de ese individuo, que por cierto no era un ‘angelito’ ni mucho menos pues contaba con numerosos antecedentes, revela que murió “por el exceso de droga que llevaba en el cuerpo -el triple de fentanilo de lo que puede soportar el organismo-“, agravado por problemas cardiovasculares previos, y que “el cadáver no presentaba lesiones ni en el cuello ni en ninguna otra parte del cuerpo que permitiera culpar de su muerte a los agentes”. Por otra parte, y como suele ser habitual con estos manipuladores profesionales, el video estaba convenientemente editado: el individuo ya se quejaba de que no podía respirar (recuerden que iba drogado hasta las trancas) antes de que los agentes, ante su resistencia violenta a ser detenido, tuvieran que derribarle para inmovilizarle en el suelo, habiendo llamado previamente, y tan pronto como se dieron cuenta del estado del sujeto, a los servicios de emergencia, como indican los procedimientos. Y, por último, los protocolos de actuación del Departamento de Policía de Minneapolis indican que, en una situación como la que se produjo, el agente debe hacer exactamente lo que hizo (inmovilizarle en el suelo con la rodilla sobre el cuello).

En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 el Partido Nacionalsocialista Obrero Aleman (NSDAP, conocido como partido ‘Nazi’, olvidándose siempre de lo de ‘socialista’ y ‘obrero’) utilizó la excusa del asesinato en París de un diplomático alemán por un individuo presuntamente judío -un suceso nunca aclarado y del que existen dudas fundadas de que no fuera organizado por el propio NSDAP- para provocar una reacción también “espontanea” contra la población judía, que incluyó agresiones, saqueos, incautaciones e incluso asesinatos. Fue el principio de la persecución contra los judíos que finalmente desembocó en el Holocausto. Existen decenas de otros ejemplos a lo largo de la historia, en cualesquiera geografías, de manipulación de un hecho -digamos- “fortuito” para obtener rédito político, ideológico o de cualquier otro tipo. Nada nuevo bajo el sol.

¿Han visto Uds. a algún medio de manipulación rectificar la información errónea que dieron en su día? ¿Han visto disculparse a alguna de las ‘celebrities’ que poco menos que nos exigían a todos que hincáramos la rodilla en tierra? Y no digamos los que condenaron sin juicio, y por supuesto sin pruebas, al agente de policía que estaba cumpliendo con su obligación y, no se si en este caso pero si en otros similares, arriesgando su vida. Nadie se ha disculpado, nadie ha rectificado.

Esto, que podría parecer un “olvido” sin importancia, no es tal. Usaron premeditadamente ese desgraciado suceso para abrir otro frente en su campaña de demolición de todo el orden establecido, en su proceso revisionista de la historia y en su afán de echar basura contra los episodios más gloriosos de nuestra historia común. Y, por supuesto, en su objetivo indisimulado de crear causas que, por muy justas que sean, sacadas de contexto y convenientemente manipuladas sirvan para tapar otros asuntos que a los autores de la manipulación les incomodan. Lo han hecho con muchos otros asuntos que, siendo legítimos y éticamente irreprochables, se han convertido en eficacísimos instrumentos de intoxicación: la igualdad de derechos y obligaciones hombre/mujer, algo que nadie en su sano juicio niega, ha mutado en el feminismo radical; el respeto al medioambiente, que todos apoyamos, se ha transformado en el ecologismo radical; la no discriminación de nadie por su condición sexual ha dado paso a la ideología de género, cuando no al fomento de tendencias sexuales desviadas que hasta hace muy poco eran minoritarias; y podríamos seguir hasta casi el infinito. No hay causa noble que la izquierda no se apropie, prostituya y utilice en su propio interés.

Cualquier discriminación, no solo por razón de raza, sino también de religión, de sexo, de ideología o cualquier otra es reprochable y se debe combatir, pero lo que no vale es centrar el problema únicamente en la discriminación que puedan sufrir los ciudadanos de color por parte de los blancos no solo ahora y en los EE.UU. sino en cualquier lugar y desde el origen de los tiempos. Nadie protesta por la discriminación que sufren hoy, por ejemplo, los armenios a manos de los turcos, o los ciudadanos del sudeste asiático (filipinos, bangladeshies, etc.) en los países árabes o, sin ir tan lejos, a la terrible discriminación que padecen los blancos a manos de los negros en países como Zimbaue ni, por supuesto, al racismo extremo y violento de los árabes contra los judíos, que ese no solo les parece bien sino que lo alientan desde la “progresía”. Esas no interesan, solo interesa hablar de Isabel la Católica, Hernán Cortes o el general Lee.

Hablan mucho de un inexistente genocidio de los españoles en América, cuando fue todo lo contrario, no existe un solo ejemplo de un proceso de colonización en el que se haya hecho un esfuerzo como el que hizo España para integrar y defender a los nativos, incluyendo por ejemplo los miles de matrimonios mixtos que no se han dado en ningún otro lugar ni en ningún otro momento histórico, y tantos ejemplos que no hace falta mencionar. Pero no hablan nada del cuasi exterminio de los nativos norteamericanos a manos de los ingleses, primero, y después de los ciudadanos de la nueva república independiente, y no hace tanto, en el siglo XIX, o de los asesinatos en masa perpetrado por las nuevas naciones independientes en Hispanoamérica sobre pueblos enteros, a los que después de su independencia hicieron literalmente desaparecer, como los apaches en el norte de México, los selknam en Chile o los mapuches en Argentina. Eso no fueron los ‘conquistadores’ españoles, eso lo hicieron los abuelos de los que hoy agreden la memoria de los que fueron a llevarles la civilización y la Fe y derriban sus estatuas.

Y qué decir de la discriminación por razón de la Fe que profese cada uno, mejor dicho, la persecución organizada en numerosos países mayoritariamente musulmanes contra los cristianos, religiosos o laicos, que causan cada año varios miles de víctimas mortales inocentes. Esa barbarie no solo no es condenada por la izquierda, sino que hacen todo lo necesario para que sus medios de manipulación ‘bienpagados’ lo oculten.

Hay que prepararse, nos abren otro frente en el que tendremos que defender nuestra civilización “a capa y espada”.

 

 

 

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