Cartas al Director - 1 junio 2020

Se encuentran medios para sanar la locura, pero no se encuentran para enderezar una mente retorcida” François de la Rochefoucauld, escritor y militar francés.

El catálogo de enfermedades mentales es amplio y el mundo que las rodea complejo y apasionante. Torcuato Luca de Tena se internó durante 18 días en una institución psiquiátrica para convivir con los enfermos mentales. Quería documentarse y compartir sus vivencias para escribir una novela. La novela fue publicada en el año 1979 con el título de “Los renglones torcidos de Dios”. Para el autor los locos son los renglones que Dios torció al escribir el libro de la creación del hombre. Pero uno se pregunta si esas pobres criaturas son los renglones torcidos y no los impecablemente escritos, rectilíneos; es decir los hombres y mujeres que en esta sociedad están catalogados como normales.

Puede que los afectados por enfermedades mentales sean los renglones que quieren escapar de lo que conocemos como escritura normal. Puede que los que llamamos locos se refugien en su locura para escapar de la locura de esta sociedad, una sociedad escrita con renglones mucho más torcidos, aunque a nuestros ojos aparezcan perfectamente alineados. ¿No será que los renglones que Dios torció al escribir el libro de la creación del hombre no son los que aparecen ondulantes, formando dientes de sierra o zigzagueando, sino los que aparecen rectilíneos? En su libro titulado “Concierto para instrumentos desafinados” publicado en 1997, el insigne psiquiatra Juan Antonio Vallejo Nágera habla así de los enfermos mentales con los que compartió una parte muy importante de su vida: “…aún con la mente deteriorada y en las condiciones más adversas pueden dar lecciones de talento, ingenio, generosidad, sublimación y grandeza”.

De Higinio, uno de sus enfermos afectado de esquizofrenia catatónica, escribe lo siguiente: “Esa mirada tuya transparente y limpia, de hombre sin doblez e ilusionado…” “¿Cómo podíamos sospechar que ese corpachón tosco, deformado por el duro trabajo inclemente desde la niñez, escondía el tesoro de la belleza interior?” ¡Hoy la belleza interior ha sido desplazada por los fuegos de artificio de la belleza exterior! Hoy el continente se valora más que el contenido.

¿Son las personas afectadas por una enfermedad mental los renglones torcidos de Dios o lo son las afectadas por una mente retorcida y perversa? Aquí hemos de recordar que la maldad no nace de la pasión, sino de la inteligencia; una inteligencia aplicada al mal.

Madres que asesinan a sus hijos, hombres que matan a sus mujeres, políticos sin escrúpulos corruptos hasta el tétanos y que chapotean en el légamo pútrido de la codicia y la ambición, financieros que arruinan a personas, pueblos y naciones con solo apretar un botón, jueces prevaricadores, sociópatas que destruyen inocentes física, moral y mentalmente, traficantes de armas, policías vendidos por un puñado de euros, ciudadanos enfangados hasta la médula en asuntos sucios, asesinos en serie, violadores, pederastas, vividores de la prostitución obligada y esclavizada, empresarios que someten a sus empleados a horarios interminables por sueldos de miseria, maltratadores y maltratadoras de niños, sacerdotes pringados de lascivia, ladrones, usureros, sicarios que matan por dinero, codiciosos, periodistas e intelectuales que han devenido en mercenarios de la información…todos los que tienen su corazón sucio y su alma – si es que tienen alma – podrida marchan plácidamente por las calles de nuestras ciudades.

Ellos y ellas son, bajo la apariencia de normalidad, esa normalidad pervertida que esta sociedad tapa, los verdaderos renglones torcidos de Dios, aunque los escribiera impecablemente rectilíneos a los ojos de los hombres.

Relacionados