Luys Coleto - 21 enero 2022

Reforma laboral, 2022, tan semejante a la de Rajoy de 2012. Ésta, a su vez, tan similar a la de 2010 de Zetapé. Vueltas de tuerca: no solo desde hace 12 años, varios decenios, pues: derechos laborales por los suelos, virando definitivamente a lo subterráneo. Pura esclavitud.

A las mariscadas, a las putas, a la farlopa rica…

¿A quién beneficia esta “reforma”, puro marketing, capitaneada por la hija secreta de Doña Rogelia, vulgo Yolanda Díaz Pérez? ¿Han derogado los "aspectos más lesivos"? Pues depende de para quién. Para los currelas del común, NO. Eso sí, para el mafioso sindicalismo chapero de ugeté y ce, ce, o, o (glorioso Urdaci), que con la ley de El Barbas de la caja B habían perdido cierto poder de mangonear (en los convenios, por ejemplo), la "reforma" de La Yoli, perfecta.

Ugeté y ce, ce, o, o: lastimosas empresas de servicios jurídicos, pues. A veces ni eso. De laboral, nada. Ya no hay barricadas, qué pena. Mariscadas. Y putas. Y mucha nieve correteando. No solo en Andalucía, en todo el orbe occidental.

Despido (muy) libre y (muy) barato

Nueva "reforma" laboral, otra más (¿y van?) destrozo a los derechos de los trabajadores. Otro más. Las protecciones contra arbitrarios e injustificados despidos (los colectivos, ídem), con la  actual “reforma”, igual de difuminadas que siempre. Y la PLANDEMIA empeorado, aún más, todo. Condiciones laborales y salarios, mierda sobre mierda.

Despido absolutamente libre, libérrimo. Y barato, muy barato. Los efectos del incumplimiento empresarial devienen prácticamente nulas puesto que a la empresa le da lo mismo dejar de firmar contratos temporales si puede despedir a los indefinidos por cuatro perras mal contadas. Tan obvio.

Trabajar como burros, consumir como cerdos, morir como perros

Los trabajadores molestos e indóciles (negándose a hacer, por ejemplo, horas extras o a currar los festivos…), fuera, a la puta calle, sin más. Las indemnizaciones por despidos, cada vez más mermadas. Brutalísimo abaratamiento y facilitación del despido, pues.

Y este currito orgulloso de serlo, sustituido por chavalería sumisa y comepollas. De sus jefes y de lo que toque. Tanto lameanos suelto. En el curro. Y fuera de él. Y con el orto siempre presto para el siguiente abuso. Laboral. O no. O sustituido por un robot, claro.

Las escasísimas indemnizaciones pagadas, apresuradamente amortizadas gracias al ahorro en salarios de las nuevas y dóciles y pastueñas contrataciones. Jugando con extrema crueldad y saña con el miedo del trabajador. Del antiguo. Y del nuevo. Pánico en un mundo precario. Pánico ante repugnantes sueldos que no dan ni para pagar el alquiler.

De trabajar como burros para consumir como cerdos, feneciendo como perros, pues, todo ello en una infernal rueda de la que pareciese que no se puede salir. Mucho menos con las leyes del “gobierno más progresista de la historia”. Ains, cuántas chorradas se pueden llegar a decir. En fin.

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