Jose Papparelli - 5 junio 2022

Y el género humano vivirá tanto mejor cuanto más libre sea. Esto aparecerá evidente si se explica con claridad el principio de la libertad. Por eso hay que tener en cuenta que el primer principio de nuestra libertad es el libre albedrío, que muchos tienen en su boca, pero pocos en su entendimiento, pues llegan incluso a decir que el libre albedrío es un juicio libre de la voluntad. (…) Esta libertad o este principio es el mayor don hecho por Dios a la naturaleza humana, como he dicho ya en el Paraíso de la Comedia, ‘el mayor don que Dios, en su libertad, nos hizo al crearnos, el que está con la verdad más conforme y el que más estima, fue el del libre albedrío, del que las criaturas inteligentes todas, y sólo ellas, están dotadas’. Pues por ese don somos aquí felices como hombres y allá lo seremos como dioses. Y, siendo esto así, ¿quién se atreverá a decir que el género humano no vivirá tanto mejor cuanto más pueda gozar de este principio de la libertad? Ahora bien, el género humano es libre, sobre todo si vive bajo la autoridad de un Monarca. Por lo cual ha de comprenderse que la libertad consiste ‘en ser por sí mismo y no en virtud del otro’. (…) Por eso dice el Filósofo en su Política que ‘un hombre bueno en un régimen político malo es un mal ciudadano, pero en un régimen político recto se identifican el hombre bueno y el buen ciudadano’. Estos regímenes políticos rectos fomentan con rectitud la libertad, es decir, el que los hombres vivan por sí mismos”.

Estas palabras pertenecen a Dante Alighieri, il “sommo poeta”, el sumo poeta de Italia, y pertenecen a su obra De Monarchia, escrita entre 1312 y 1313, que trata sobre la forma de gobierno ideal. En ella plantea que la autoridad del Emperador no procede del Papa, aunque al mismo tiempo señala la sujeción del Emperador respecto al pontífice, ya que la felicidad terrena y temporal -responsabilidad del Emperador- está en función de la felicidad eterna cuya responsabilidad sí está en manos del Papa.

Para Dante Alighieri, el poder temporal y la autoridad religiosa son complementarios. Su posición política fue la de un güelfo moderado o “blanco” en ese conflicto entre el Papado y el Imperio Sacro Romano durante los siglos XII y XIV que dividió profundamente la política italiana. A grandes rasgos, los güelfos fueron partidarios de las libertades comunales y del Papa, mientras que los gibelinos lo eran del orden y el Emperador. De Monarchia es un largo comentario sobre el lema evangélico “Dad al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”. Su libertad política lo llevó a tender puentes entre esas dos facciones enfrentadas que le costó el exilio en Rávena.

Dante es el gran poeta, el escritor profeta y fundador de Italia. En él se cruzan el mundo clásico, el Imperio Romano y el cristianismo. Así tomó cuerpo la civilización italiana como paradigma de la civilización europea, occidental y universal.  En su Divina Comedia encontramos al Dante místico y metafísico que nos conduce en un viaje espiritual e iniciático hacia la salvación. Una obra única e incomparable que renueva el alma, un auténtico prodigio literario eterno y universal.

Dante amalgamó la antigüedad y el futuro, lo humano y lo divino. Si alguien mantuvo a Italia unida durante los años de divisiones y ocupaciones extranjeras, fue Alighieri, padre de la patria literaria y también política. Su obra está anclada en las tres virtudes teológicas de la fe cristiana uniendo en ellas a todas las vertientes de nuestra civilización.  Con Dante, Italia se reconoce como hija de la romanidad y la cristiandad, heredera de la civilitas romana y la filosofía griega repensada desde la fe de Tierra Santa. En definitiva, una civilización heredera del Imperium y la Iglesia católica.

El poeta florentino fue un hombre de Tradición que tuvo muy claro que esa raíz ancestral con los orígenes era necesaria para la construcción del futuro común de una nación fragmentada. Por ello sentó las bases de una lengua destinada a ser la unión de un pueblo desmembrado luego de la caída del Imperio Romano. Dante es el auténtico padre de la Patria y el custodio de la identidad italiana.

Alighieri nos habla de la libertad como el mayor don divino entregado a los hombres. Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, racional y con la facultad del libre albedrío, es decir, la auténtica libertad cuando finalmente encuentra la verdad y la belleza en su raíz trascendente y metafísica. “Ser por sí mismo y no en virtud del otro” y que los hombres vivan por sí bajo la autoridad de un monarca, aunque parezca paradójico no lo es. Esa monarquía dantesca anhelada, enlaza la autorictas que ordena el campo de lo social con una legitimidad sentada en lo espiritual, sin contraposición, sustentando y complementando ambos aspectos.

Alighieri reunió el Imperio y el Papado, iguales en dignidad, es decir la civilización romana y la civilización cristiana. Cuando todo parece desmoronarse, volver a las raíces fundacionales de la civilización es una necesidad para emprender nuevamente el auténtico camino hacia el futuro. Y allí en ese recorrido encontramos a Dante, que nos brinda una de las claves para recuperar la dignidad y la libertad perdida.

Seamos como Dante Alighieri, busquemos la verdad y la belleza uniendo el Cielo con la tierra, recuperemos el valor moral de la autoridad y el libre albedrío, seamos libres, pero de verdad.

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