Redacción - 21 enero 2014
Si no sabes de qué estamos hablando, estás de enhorabuena: los ataques de pánico o de ansiedad son una de las sensaciones más agobiantes que experimentan algunas personas. Cuando hablamos de un ataque de ansiedad, no estamos refiriéndonos a esos momentos que todos hemos vivido en los que nos enfrentamos a algo (una reunión con el jefe, un examen…) y nos ponemos nerviosos, sino a algo más. A veces es difícil saber qué lo desencadena, aunque es común que ocurra en sitios con mucha gente o transportes en los que la persona se siente encerrada. En un ataque de pánico, la persona suele tener la sensación de que le está ocurriendo algo grave y está en peligro de muerte. Por lo común hay una sensación de ahogo que se intenta compensar respirando más y más deprisa, lo cual empeora las sensaciones: el respirar tanto y tan rápido puede provocar mareo, náuseas y confusión, además de dejar a la persona sin aliento. Si esto pasa, la persona se sentirá más angustiada. Otro de los síntomas comunes dentro de un ataque de pánico que suele asustar a la gente que lo sufre es la despersonalización. Con esta palabra se describe una sensación que es un síntoma más de la ansiedad, y que consiste en que se percibe la situación y a uno mismo como si no fuera real, como si fuera un sueño o se estuviera aislado de alguna manera. Esta sensación también puede contribuir a la angustia, sobre todo si no se sabe lo que es o no se ha experimentado nunca. ¿Cómo funciona un ataque de ansiedad? El pánico sigue un proceso que se alimenta a sí mismo. Primero, hay algo que desencadena síntomas de ansiedad “normales”: alteración del ritmo cardiaco, presión sanguínea, sudor… a veces detectaremos qué lo ha provocado y a veces no. Lo siguiente que pasa es que la persona se da cuenta de estos cambios fisiológicos, y los identifica como la confirmación de que existe algún tipo de amenaza. En el momento en que esto ocurre, la persona se pone más nerviosa de lo que estaba, aumentando así los cambios fisiológicos y por lo tanto la valoración de que está en peligro, y así hasta llegar al ataque de pánico. El episodio suele acabar por sí solo en pocos minutos, incluso aunque no se haga nada para cortarlo, aunque las personas que lo sufren pueden tener la sensación de que ha durado más tiempo. ¿Qué podemos hacer? Hay tres cosas importantes a tener en cuenta: -        El ataque de pánico no es peligroso, nadie sufre ningún daño ni mucho menos se muere por ello. Solo es una sensación muy desagradable. -        Respirar más rápido no te ayudará, intenta mantener la respiración a un ritmo normal o más tranquilo. -        El ataque de pánico se pasa solo. Siempre. Lo único que hay que hacer es esperar y aceptar las sensaciones que vengan, centrándose en ellas en vez de en “lo que podría ocurrir”. Esto son pautas generales. Si se tiene dificultad para aplicarlas a algún caso en particular, lo mejor es pedir ayuda profesional, ya que a veces un “remedio” mal puesto puede hacer más mal que bien.   Alejandro Garrido Psicólogo especialista en ansiedad y depresión en adultos Maribel Gámez Psicóloga infanto-juvenil Contáctanos en: www.contactapsicologos.es

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