Alba Lobera - 17 diciembre 2020

La creación de una súper raza ha sido una quimera para la Humanidad. A lo largo de los años han aparecido remedios excéntricos de la rama del vampirismo, la brujería o incluso la supuesta mezcla genética con alienígenas para alcanzar mayor longevidad o potenciar los cinco sentidos. Paralelo a estos apetitos, nos topamos con una fuerte dosis de tecnología; mientras hay quien discute si un alma es capaz de reencarnarse en un cuerpo genéticamente modificado, lo cibernético -en su significado más estricto- se ha convertido en el protagonista del siguiente paso del Gigante asiático. 

La ambición de China ha destacado desde el principio de los tiempos: la búsqueda de la perfección y la superación personal se ven reflejados en su cultura hasta el más mínimo detalle. Es más, podría decirse que siempre ha sido un referente tecnológico y un sinónimo de auto superación: de cara a un desarrollo educativo, la pequeña ciudad de Yiwu ofrece la posibilidad de graduarse como ‘influencer’ -la profesión soñada por muchos nativos digitales, funcionando así como un referente para las nuevas generaciones- y a lo largo de los meses ha sido considerado un ejemplo a seguir por haber prescindido de una vacuna para erradicar oficialmente el COVID19.

El periodista Óscar Herradón confeccionó hace algunos años un reportaje que trataba sin ningún complejo cómo el transhumanismo ya había llegado al Ejército en silencio, con la intención de convertir a los soldados en ‘bestias cibernéticas’. Si bien en aquella publicación se hablaba del uso de drogas sintéticas para una mayor efectividad, imposición de trajes sobrenaturales, la creación de dispositivos digitales enlazados a Internet e incluso del codicioso proyecto de desarrollar telepatía asistida, las futuras tropas mutantes se declararían abiertamente un objetivo en las amenazas militares a corto y largo plazo.

 

POLÉMICAS IMPOSICIONES Y UNA NUEVA REESTRUCTURACIÓN

De esta forma, mientras desde marzo la prensa española silencia apuradamente los lazos entre Pedro Sánchez y Xi Jinping, el estallido entre Trump y el presidente de China ha inundado cientos de titulares protagonizando las polémicas elecciones (para las cuales se habría pedido ayuda al presidente asiático)  y el reconocimiento oficial de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental

Remontándonos a 2016, el Partido Comunista reformó las fuerzas armadas del país consolidando así su control sobre el ejército, anunciando ese mismo año la creación de hasta tres nuevas unidades militares (una encargada de la vigilancia del arsenal de misiles estratégicos, un mando general para el Ejército de Tierra y una unidad de apoyo a las tropas de combate) y la modernización de sus equipamientos y estructuras de mando: "una gran decisión estratégica para realizar el sueño chino de contar con un poderoso ejército", según dijo su presidente Xi Jinping citado por medios estatales. De esta forma, y pese a los ingentes recortes de personal que se han generado en esos ámbitos con la excusa de que se pretende dar más protagonismo al desarrollo de nuevas armas, China está empezando a forjarse una Marina así como Fuerzas Aéreas para afrontar las disputas territoriales que el país mantiene en los mares con diferentes naciones, sobre todo con el sur y el este.

El ejército de Marruecos también estaría creciendo considerablemente para desconsuelo de España -país que no sólo se encontraría desprovisto de protección sino que también “le cuida a sus menores como resultado final de estos últimos años”-  y por obra de EEUU: “El Mesías Donald Trump [continúa] vendiendo armas en masa a Marruecos siguiendo órdenes de sus amos israelíes. Todo con el aval y el silencio de la derecha española, incluida la derechita valiente” comenta ALVDE.

 

MANIPULACIÓN CLIMÁTICA: LA CONSPIRACIÓN HECHA NEGOCIO

Las miras de China van más allá de potenciar sus fuerzas militares, y también aboga por explotar lo máximo posible el control climático. Aquello que siempre se ha calificado de ‘teorías conspirativas’ no sólo ha mantenido una incesante continuidad, sino que cada vez se naturaliza con mayor eficacia: entre 2012 y 2017 el gobierno chino invirtió cantidades exorbitantes destinadas al desarrollo de programas para provocar lluvia artificial y paliar la sequía, fijando el 2025 como una fecha máxima para conseguirlo al menos en la mitad del país.

Supuestamente no habría otra intención que la de favorecer la industria de la agricultura de la región, ya que tanto la agresividad de las lluvias como la carencia de éstas provocarían serios daños en los cultivos, pero por otro lado se argumenta que tal proyecto podría convertirse en “una respuesta más eficiente para apagar incendios forestales, contrarrestar sequías o para contener otros desastres naturales”. Otros países tampoco han pasado por alto su interés por la geoingeniería, siendo 2018 un año predilecto y bendecido por la presencia de Donald Trump entre otros, impartiendo un total de tres experimentos y trayendo consigo suculentos negocios.  De hecho, y siguiendo en la línea de EEUU, este 2020 se calificaría como “el primer gran año de la geoingeniería” recibiendo tales proyectos 1’25 billones de euros del presupuesto nacional.

Aun con las altas expectativas y el voto a favor de gente de renombre, no se ha podido evitar el temor por los posibles efectos secundarios que acarrearía esas prácticas: “McNerney ya había presentado una ley que obligaba a la Academia Nacional de Ciencias de EEUU a proponer una agenda de investigación de geoingeniería y pautas de supervisión. A su vez, se creó un comité que publicará sus recomendaciones a lo largo de este año”. Otro de los debates surgidos a raíz de la manipulación climática es cómo afectará esta medida al cambio climático, el cual fue considerado como un núcleo de intereses elitistas debido a lo paradójico de la geoingeniería y de acuerdo a una red global de 500 científicos y profesionales pertenecientes a más de 20 países de todo el mundo que hicieron llegar un manifiesto urgente al secretario general de la ONU  -Antonio Guterres- con un único mensaje: “No hay ninguna emergencia climática”.

Teniendo en cuenta los últimos movimientos políticos a nivel mundial veríamos un escalofriante alineamiento entre países, ¿se estaría gestando una pelea por consolidar cuál de todos ellos se posiciona en primer lugar? 

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