Julio Merino - 25 mayo 2022

El vicepresidente Marín se rinde y traiciona al Cs (el sillón que tiene vale un tesoro)

Señores, no ha comenzado la Campaña oficial y ya han surgido los primeros cañonazos. Primero el PSOE y el PP montando el numerito de Salobreña para decapitar a la Macarena Olona, la voz del pueblo, que como la dejen se los come con sopas. El segundo, hoy, con el puñetazo en la mesa que ha dado la inefable Inés Arrimadas, quién como española que es, ha gritado a los cuatro vientos aquello de la Historia: “Más vale morir con honra que vivir con vilipendio”.

Pero, muchas más cosas van a salir, porque los dos cerebros que están en la sombra, todavía, quieren lo mismo, uno seguir en la Moncloa (el señor Sánchez) y otro entrar en la Moncloa (el señor Feijóo). Y como los dos no caben, naturalmente, habrá que ir a la guerra.

Y en esa guerra puede pasar de todo, porque los dos parecen dignos herederos de aquel Rey de Tebas que por conquistar la Corona sacrificó a su madre, a sus hermanos, a sus hijos y a su pueblo. “A cualquier precio, el Poder jamás es caro”. De lo del señor Feijóo hablaré después.

Ahora lean ustedes la información que hace referencia al disgusto y al puñetazo en la mesa de doña Inés Arrimadas. Pobre mujer. Ser buena persona trae esas cosas.

La líder de Cs, Inés Arrimadas, ha irrumpido en la campaña de las andaluzas con una propuesta: reformar en la Constitución el artículo 2 que se refiere a “nacionalidades y regiones”. El partido defenderá una proposición de ley en el Congreso para evitar hablar de regiones “de primera y de segunda”.

Arrimadas llevó esa propuesta este lunes a Sevilla a un desayuno de su candidato Juan Marín en un foro de Europa Press. Su mensaje busca diferenciarse del Partido Popular, después de que el consejero de Presidencia del Gobierno andaluz y número tres nacional, Elías Bendodo, avalara el Estado plurinacional y tuviera que retractarse. El PP salió rápidamente a decir que había sido “un error” y que el partido defiende la Constitución y las nacionalidades históricas en los términos recogidos en la Constitución. La cúpula nacional de Cs ha visto una grieta para marcar su posición y diferenciarse del PP en el asunto del Estado autonómico.

Lo que no se sabe si había calculado Arrimadas es que su postulado la acerca a Vox. El portavoz del Comité Ejecutivo de Vox, el eurodiputado Jorge Buxadé, expresó su respaldo a la supresión del término nacionalidades que recoge la Constitución de 1978, como propuso Cs, y de hecho aseguró que está en su agenda, al igual que "dar una vuelta" a todo el título octavo que regula las comunidades autónomas.

Cs vuelve a su origen en Cataluña, con una cruzada contra los nacionalismos, pero lo hace en una comunidad, Andalucía, donde precisamente hay una pelea de todos los partidos, excepto Vox, por subirse al carro del andalucismo y reivindicar el Estado autonómico.

El líder andaluz de Cs y vicepresidente de la Junta, Juan Marín, precisamente presentó su proyecto para las autonómicas con un mensaje muy distinto al de Arrimadas. Lejos del centralismo que definió al partido de Albert Rivera, Marín se ubicó en “el centro andalucista liberal”.

 

Los bandazos de Cs en su discurso y las fallas en sus mensajes a la opinión pública ha sido uno de los grandes problemas del partido en Andalucía, según diagnostican los propios dirigentes del partido. Marín venía defendiendo un discurso autonomista en contra de los postulados de Vox, un partido que no cree en el Estado de las Autonomías y que exige la devolución de competencias en sanidad o educación.

"Aviso a navegantes", sostuvo el candidato de Cs hace solo una semana, "no vamos a permitir que en ningún área se cedan competencias al Gobierno que han costado 40 años de lucha para que los servicios públicos estén cerca de los andaluces". Ese era el eje de su discurso hasta que Arrimadas lo ha dinamitado: “Con Vox ni a misa”, repite Marín, enfrascado en diferenciarse todo lo posible del partido de la extrema derecha.

 

El 'abrazo del oso' del PP

La gestión de Cs, en cinco consejerías y una vicepresidencia, no ha tenido un mal balance en el Gobierno andaluz. Ha ocupado carteras clave como Turismo, Educación, Economía, Empleo o Igualdad, pero todo el rédito lo ha capitalizado el PP. La legislatura ha sido un auténtico ejemplo de abrazo del oso, con los naranjas engullidos por sus socios, con quienes han tenido una coalición de paz y sin sobresaltos.

Tanto que muchos dirigentes de Cs, un partido que ha vivido una legislatura llena de guerras internas entre familias, reprochan a Marín que se haya entregado al PP. El vicepresidente andaluz copió también el mensaje del presidente Juan Manuel Moreno, que lleva ya tiempo reivindicando un “andalucismo moderno y constitucional” para labrarse una marca propia ante las autonómicas.

El ascenso de Alberto Núñez Feijóo como dirigente nacional del PP refuerza ese mensaje. Feijóo, recién salido de la presidencia de la Xunta de Galicia, siempre ha defendido un mensaje político propio, alejado del centralismo de otras ramas del PP, a favor del ‘galleguismo’ de asuntos tan importantes como el lingüístico, donde el líder gallego reivindica “un bilingüismo cordial”.

Las listas de Cs dejan claro que en Andalucía tienen ya asumido que van a caer en picado. En las últimas autonómicas el partido obtuvo 21 escaños. Ahora los sondeos más favorables señalan una horquilla entre dos y cuatro escaños. Si hubiera un desplome en votos, pasando a uno o dos parlamentarios, Marín aseguró que pondrá su cargo a disposición del partido, aunque confió en remontar las encuestas.

Cs ha situado a Marín y la presidenta del Parlamento, Marta Bosquet, como candidatos por Sevilla y a la consejera de Igualdad, Rocío Ruiz, encabezando la lista de Cádiz, pese a que ninguno de ellos tiene en esas provincias sus residencias. El reparto se ha hecho buscando, con proyecciones de encuestas, donde tienen más posibilidades de sobrevivir. La situación del partido es límite. La descomposición afloró cuando tras la convocatoria electoral comenzaron las dimisiones de parlamentarios y la huida de cargos públicos. Los últimos golpes de timón para salvar la nave no se sabe si ayudarán o terminarán de escribir su epitafio.

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