Javier Navascués - 22 junio 2021

Alexis fue uno de los muchos jóvenes que cayó en el abismo de las drogadicción, viviendo al límite y teniendo la vida totalmente destrozada en un abismo de desesperación. Dios lo rescató de las mismas puertas del infierno. Con la ayuda de su familia pudo conocer la Comunidad Cenáculo y salir de ese pozo tan oscuro. Hoy, Alexis, es un padre de familia ejemplar y un gran apóstol, que con su ejemplo ayuda a otras almas a superar cualquier tribulación.

¿Siente que ha experimentado en su vida la parábola del hijo pródigo?

Me siento muy identificado con la Palabra de Dios (Lucas 15:11-32.). Mi familia siempre ha estado ahí y han hecho todo lo mejor que han podido en un cierto momento de mi vida. A los 14-15 empecé a rechazar su amor o a no saber verlo y así decidí vivir una vida sin leyes, de pura diversión, dinero sexo, drogas y rock roll, como suelen decir. Todo el día estaba acompañado de gente que cuando había droga estaban de buen rollo y cuando no había, me dejaban más solo que la una. Gracias a Dios, al final de mi mala experiencia, tras 6 o 7 años de infierno, sentí el amor de padre y madre en un abrazo y un recibimiento sin reproches, pero con dolor a la vez, de tener a este hijo pródigo de vuelta a casa y además por primera vez estaba dispuesto a dar un paso para cambiar el estilo de vida.

¿Qué se siente al tocar fondo como persona y no ver ninguna salida en un túnel muy profundo y oscuro?

Sentí muchísima soledad tristeza y angustia y a pesar de que sabía de que lo que estaba haciendo no estaba bien, ya no podía volver atrás. Era mas fuerte que yo el ansia (mono de la droga) para volver a evadirme de todo este marrón en el que ya estaba metido.

Pero Dios le dio fuerza para no desesperarse...

Pues a pesar de no conocer a Dios en mi vida, Él iba trabajando y ejecutando su plan sobre mí al final me dio fuerzas y muchas porque más de una vez podría haber fallecido en cualquier lugar y siempre me daba Dios la fuerza, sin saberlo yo en ese momento, para salir de cualquier situación.

¿Cuál fue el momento en el que empezó a vislumbrar cierta esperanza de cambiar de vida?

Un día estaba tirado en la calle muy desesperado, podría decir que era el momento de la muerte o reaccionar y allí fue la primera vez que Dios me puso en el corazón las ganas y la voluntad que me hacían falta para llamar a mi madre, que gracias a Dios siempre a estado ahí y pedirle ayuda de verdad. Reconocía que había tocado más que fondo, pero quería levantarme.

¿Dios salió a su encuentro cuando mas lo necesitaba?

Así es, en el momento mas fuerte de desesperanza. De algún modo clamaba ayuda en mi interior ese día. Él ya me estaba esperando con los brazos bien abiertos y aquí es el primer momento en el que viví sin saberlo en mi propia vida la Palabra de Dios sobre el hijo prodigo.

¿El proceso de conversión no fue fácil….¿pero mereció la pena pasarlo?

Fue muy difícil y a veces, todavía hoy, abandonar completamente la vieja persona que sale fuera no es fácil, pero con voluntad y paciencia pedí a Dios el don de la fe porque este don hay que pedirlo. Él no nos obliga. Cada día Dios me va moldeando el corazón para saber amar mejor y dar lo mejor de mí cada día, así que ha merecido mucho la pena.

Explíquenos como el sentirse rescatado del mismo infierno le da fuerzas para rescatar a otros...

Tengo muy claro que nada de esto es posible sin la ayuda de Dios. Al verme reflejado en tantos jóvenes desesperados, como yo lo estuve y haber pasado ese sufrimiento, puedo entender bien lo que se vive y ahí es donde a esas personas en la oración se las ofrecemos a Dios. Y si tengo la oportunidad de tener un encuentro con alguno de ellos intento transmitir, no tanto con palabras, sino con la vida misma que hay salida y que es posible salir de ahí.

¿Por qué la vida plena solo puede estar en la virtud y nunca en el vicio?

Siento que la virtud es un don que todos tenemos y que hay cultivarlo y trabajarlo cada día. La virtud tiene que formar parte de mi vida y luchar por vivir el bien y la verdad conmigo mismo y hacia los demás. Ser justo y honrado a mí me ayuda a ser verdaderamente feliz y el vicio, al final, es un evadirte completamente y vas llenando el vacío del corazon con estas sustancias que lo único que haces es engañarte con falsas sensaciones y cada vez que pasa el colocón estas peor que antes y el vacío de tu corazón cada vez es mas grande.

¿Qué diría a aquellas personas inmersas en una adicción que se ven radicalmente impotentes para dejarlo?

Que tengan mucho ánimo sobre todo. De ese circulo vicioso se puede salir, basta querer y pedir ayuda a familia y amigos o en las puertas de Caritas e iglesias. Hay familias que están dispuestas a ayudar, basta querer que te ayuden. La droga, y su estilo de vida, al final son la consecuencia de todas las heridas o cosas que en un momento u otro nos han marcado y hemos cargado en la mochila una detrás de otra. Hay que aceptar el pasado de la vida en general y dejar a Dios que actué en nuestras vidas.

Creo ciegamente en que Jesús esta vivo y es presente en la Eucaristía. Él verdaderamente ha resucitado y es capaz de resucitarnos también a nosotros cuando acudimos a Él con fe y esperanza. Dios hace nuevas en nuestras vidas todas las cosas, Él es mi escudo y sustento. En cuanto dejo de rezar e ir a Misa y vivir los sacramentos enseguida puedo volver hacia atrás. Es como una planta que hay que seguir rezando para que crezca y de frutos. Así siento que es mi vida y la de mi familia porque el Señor cuando viene y se hace presente lo hace con fuerza y con todo el amor del mundo a mis padres también les a transformado razones y mas razones para alabar a Dios.

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