Julio Merino - 27 enero 2022

Hace unos días, concretamente el día 17 de enero, ha hecho ya 20 años que murió el Premio Nobel Camilo José Cela. Naturalmente, como recordatorio, muchos de sus admiradores volvimos a releer algunas de sus páginas. Yo reconozco que me pasé esa noche releyendo páginas de “La familia de Pascual Duarte” (para mí, sin duda, la mejor de todas sus novelas) y una vez más reconocí que como novelista no tiene nada que envidiar a los grandes novelistas españoles ni europeos.

Sé que también se hizo famoso por sus excentricidades sociales y políticas. Sus famosas salidas de tono, con sus pedos y sus palabrotas todavía no se han olvidado. La anécdota de “El cipote de Archidona” fue la comidilla de propios y extraños, durante muchos meses… pero hubo algo en su vida que muchos, y en primer lugar los más “Celistas”, ocultaron, incluso en las obras completas, fue la carta que en 1938 escribió, de su puño y letra, al “Excelentísimo señor Comisario General e Investigación y Vigilancia” y que por su interés reproduzco hoy.

El que suscribe, Camilo José Cela Trulock, de 21 años de edad, natural de Padrón (La Coruña) y con domicilio en esta capital, Avenida de la Habana 23 y 24, Bachiller Universitario (Sección de Ciencias) y estudiante del Cuerpo Pericial de Aduanas, declarado Inútil Total para el Servicio Militar por el Tribunal Médico Militar de Logroño en cuya Plaza estuvo prestando servicio como soldado del Regimiento de Infantería de Bailén (nº 24), a V.E. respetuosamente expone:

Que queriendo prestar un servicio a la Patria adecuado a su estado físico, a sus conocimientos y a su buen deseo y voluntad, solicita el ingreso en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia.

Que habiendo vivido en Madrid y sin interrupción durante los últimos 13 años, cree poder prestar datos sobre personas y conductas, que pudieran ser de utilidad.

Que el Glorioso Movimiento Nacional se produjo estando el solicitante en Madrid, de donde se pasó con fecha 5 de octubre de 1937, y que por lo mismo cree conocer la actuación de determinados individuos.

Que no tiene carácter de definitiva esta petición, y que se entiende solamente por el tiempo que dure la campaña o incluso para los primeros meses de la paz si en opinión de mis superiores son de utilidad mis servicios.

Que por todo lo expuesto solicita ser destinado a Madrid que es donde cree poder prestar servicios de mayor eficacia, bien entendido que si a juicio de V.E. soy más necesario en cualquier otro lugar, acato con todo entusiasmo y con toda disciplina su decisión.

Dios guarde a V.E. muchos años.

La Coruña a 30 de marzo de 1938. II Año Triunfal.

Fdo. Camilo José Cela

¿Y qué era la Comisaria General de Investigación y Vigilancia?

Pues, en términos más sencillos, la Oficina del Ministerio donde se asentaba la Censura de Prensa, Radio y Libros y sede también de los “delatores”. Pues, en esa oficina permaneció don Camilo hasta que pudo escapar y vivir de sus colaboraciones en la Prensa.

Que queriendo prestar un servicio a la Patria adecuado a su estado físico, a sus conocimientos y a su buen deseo y voluntad, solicita el ingreso en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia.

Que habiendo vivido en Madrid y sin interrupción durante los últimos 13 años, cree poder prestar datos sobre personas y conductas, que pudieran ser de utilidad.

Señores, está visto que en la vida de los grandes hombres hay también páginas negras… y en la de Cela hubo de todo.

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