Álvaro Romero - 23 septiembre 2021

Nuestro colaborador Antonio Casado Mena ha sido llamado a la Mesa redonda, Peregrinos y experiencias ya que es uno de los expertos conocedores de la zona, tal y como ha quedado demostrado con su última publicación con SND Editores: Cuentos de un camino donde como en un pequeño tesoro que trata de la motivación se recogen numerosas lecciones cargadas de sabiduría para manejar nuestras vidas, a modo de píldoras recomendadas por el autor, convertido en peregrino, capaz de entregar su sufrimiento no como una desdicha en sí misma sino como un instrumento de luz y color para dibujar estrellas de esperanza, afrontar dificultades, superarnos, perdonarnos, conquistar, alcanzar el verdadero triunfo, descubrirnos y al mismo tiempo hallar el camino que nos conduce a la felicidad y nos hace estar en paz con nosotros mismos.

Hemos querido preguntarle a nuestro amigo y colaborador Antonio Casado Mena:

–Señor Casado, ¿por qué ha titulado a su ponencia el camino como metáfora de la vida??
 
–D. Álvaro Romero, he titulado a esta exposición, el camino como metáfora de la vida, porque el camino es como una vida dentro de la vida, es ese paréntesis que nos atrapa a un mundo desconocido. Se cumple a la perfección esa máxima sufí de vivir en este mundo sin ser de este mundo. Lo importante es el camino, no el destino (aunque el destino nos una) porque en el destino siempre hay algo de muerte en él, al igual que en todo final. Es un gozo finalizarlo, no tengo la menor duda de ello, sobre todo cuando has caminado con conciencia, pero también sabes que esa vida dentro de la vida se termina y ahora toca salir a la calle y tratar de vivir con la lección aprendida. Cuando acaba el camino, se siente no sólo la muerte de algo, sino la llegada al destino que buscamos, o sea es el nacimiento a una nueva vida, a un hombre nuevo, a un cuerpo nuevo. 
Es así: en el camino está la verdad y tras el camino y la verdad, está la vida.
Caravaca me regaló un viaje. Es el viaje a Itaca del poeta griego de Alejandría Cavafis. Y, efectivamente, uno comienza a saber qué significa Caravaca sólo cuando termina el viaje, cuando llega al destino, como el que viaja a Ítaca. Y sabes que Caravaca no te ha engañado y que sabio como ella te ha vuelto, y que ya con tanta experiencia, entiendes, por fin, qué significaban las Caravacas de este mundo, y las del otro porque es verdad, muy verdad que: cuando morimos, descansamos, y es verdad también que no creo hallar mejor lugar para descansar que la Caravaca celestial.

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