Julio Merino - 7 agosto 2022

Aunque al hablar de fiestas podíamos decir  lo que Larra dijo sobre los carnavales (“En España todo el año es carnaval”) es más cierto que son dos meses, julio y agosto, los que se llevan la palma. No hay pueblo, no hay aldea, no hay ciudad, incluso no hay urbanización o barrio que no tenga o no haga su Feria particular… y las hay de todos los colores, sobre todo, para festejar la festividad del Patrón o Patrona del pueblo (Vírgenes, Santas o Santos, Jesucristo o pasión y muerte en el calvario).

Hoy quiero recordar algunas de las que escribí para uno de mis libros y que tuve el valor de conocerlas y vivirlas “in situ” ” y soportando temperaturas de escándalo, porque de escándalo fue soportar los 38 grados en Pamplona el año 72 o los 49 de Córdoba el año 2014. Y sin más les recuerdo:

Comencemos por el mes de julio:

Pamplona se tiñe desde hoy de rojo y blanco para vivir la fiesta española más internacional

Lo dijo Mariano José de Larra muy claro: en España todo el año es fiesta (bueno, él dijo que era carnaval, pero ya se sabe, tanto monta monta tanto) y tenía razón, porque España es el país de las fiestas, o de las procesiones, o de los patronos o de las vírgenes. De Norte a Sur, de Este a Oeste, raro es el día que no hay un pueblo en fiestas. Pero, sobre todo, cuando llega el verano. Tal vez porque el clima demanda alegría y jolgorio. Tanto que hay un caso muy curioso en la Historia, el de San Fermín. La festividad que hasta el año 1591 celebraba la Iglesia el 10 de octubre pasó al 7 de julio como consecuencia de la presión que el pueblo navarro ejerció ante el obispo por la climatología de las fechas. Al final Roma, ante el ahínco de los pamplonicas, aprobó el traslado de la festividad al 7 de julio, fecha en la que desde entonces se celebran los «Sanfermines».

Algunas de estas fiestas son:

“La rapa da bestas”,

“las fiestas de la boda vaqueira y de la pandorga”,

“los moros y cristianos”,

“el toro embolao”,

“el tributo de las tres vacas”,

“las tamborradas y kalejiros”,

“el vall del Bos”,

“la fiesta del cántaro”,

“la danza de los zancos”,

“la bajada de la rama”,

“la romería del corpiño”,

“el baile del «tajaraste»”,

“el misterio de obamos”,

“el paloteao”,

“los farolillos de San Jaime”,

“la romería vikinga”,

“el ajedrez viviente”,

 

 

Y no hablemos de las fiestas en torno a los santos y patronos, que ahí cada uno celebra los suyos o de las vírgenes, con la Virgen del Carmen y la Virgen de las Nieves a la cabeza.

Los «Sanfermines» comienzan el día 6 de julio con el «chupinazo», que se lanza desde el balcón principal del ayuntamiento de Pamplona (si no hay política de por medio) en medio de un fervor popular absoluto. Es el principio de una semana increíble que transforma a los navarros y a los miles de ciudadanos de España y el mundo entero que llegan esos días a Pamplona. Es la fiesta popular por excelencia (sólo igualada en España por las Fallas, la Feria de Abril de Sevilla, la Feria de San Isidro, el Rocío o los Patios de Córdoba), aquella que Hemingway con «Fiesta» elevó a los altares del Nóbel, hasta el punto de que en los «Sanfermines» hay un antes y un después de la publicación de la novela del escritor americano. Como los personajes de la ficción, los participantes en los «Sanfermines» viven días grandes de pasión, de alegría, de diversión, de alcohol y hasta de amores y amoríos, una verdadera orgía de placeres mundanos. Porque desde primeras horas de la mañana, cuando se celebran los famosísimos encierros, hasta la salida de la plaza de toros, tras la corrida del día, y la noche-madrugada, Pamplona es un bullir y un hervidero de gentes que con su pañuelo rojo al cuello colorean las calles de la ciudad.

«Riau-riau» y «Pobre de mí»

Por tres caminos se han llegado a los “Sanfermines” actuales: El camino religioso, el comercial y el taurino. O sea, los actos religiosos que se realizaban desde el siglo IV en honor de San Fermín, el Santo Patrón de Navarra que murió decapitado siendo obispo de Amiens; las ferias comerciales que se celebraban a finales del verano y donde se vendían y se compraban toda clase de productos agrícolas y artesanales y las corridas de toros que se celebraban en la Plaza Mayor de Pamplona antes incluso de construirse la primera plaza de toros. En un principio aquella convocatoria de Navarra tenía lugar el 10 de octubre, festividad de San Fermín, pero por circunstancias climatológicas (siempre llovía o nevaba) el pueblo presionó al obispo hasta conseguir que Roma aceptase pasar la festividad del Santo al séptimo día del séptimo mes del año, es decir, el día 7. Pero, los “Sanfermines” no llegaron a ser lo que son hoy hasta que Hemingway publicó su famosa novela “Fiesta”, porque a partir de entonces la fiesta se internacionalizó y por ella Pamplona se conoce hoy en el mundo entero.

Los “Sanfermines” se sostienen sobre cinco pilares: “El chupinazo”, que es el cohete que se lanza el día 6 de julio de cada año desde el balcón de la casa consistorial para señalar el inicio de las fiestas. Después viene el polémico “riau-riau”, un cántico basado en un vals, compuesto por Miguel Astraín, que cantan y bailan, desde mediados del siglo XIX, los pamplonicas para impedir el paso de la Corporación Municipal cuando se encamina a participar en la misa de Vísperas, en la iglesia de San Lorenzo. Luego están “los encierros”, la columna vertebral de los “Sanfermines”. Cada mañana miles de personas acompañan o conducen a la manada de toros o cabestros que desde los corrales de Santo Domingo, son conducidos hasta la plaza de toros. Es un acto, que sólo dura unos minutos, sumamente peligroso y que en muchos casos hasta ha producido muertes violentas. El primer encierro de las fiestas es el día 7 de julio y el último el día 14. Durante el recorrido los asistentes cantan el himno del corredor: “A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición. Viva San Fermín. ¡Viva!”. Por la tarde se celebran las corridas de toros y con una plaza abarrotada y miles de personas en los alrededores, se canta, se baila, se come y se bebe hasta la extenuación. Pero, cuando se enciende la ciudad es llegada la noche, porque entonces se rompen todas las barreras sociales y se vive un aquelarre con Cupido, Venus y Baco presidiendo la orgía humana...

La Gran Fiesta termina a las 24 horas del 14 de julio con el emotivo “pobre de mí”, la canción de la despedida. “Pobre de mí, pobre de mí que se han acabado las fiestas de San Fermín”.

  

Si hay una fiesta típica en Galicia es la llamada “A rapa das bestas “, ya que a lo largo de la primavera y el verano se celebran en muchos pueblos de su geografía. Famosas son las de “ A Capelada”, ” As Canizadas ”, ” Campo da Areosa “, “ Candaoso “,   

“ Campo do oso “, “ San Tomé “, “ Mougás “, “ Morgadáns “, “ San Cibrán “, “ Monte Castelo”, “ Paradanta “, “O Galiñeiro”... y, sobre todo, las de Sabucedo, que se celebran en el territorio del municipio de la Estrada cada año durante tres días del mes de julio. El “ curro (que así se denominan también las “ rapas “ ) de Sabucedo es el más conocido de la región por los trazos que lo diferencian de los demás. En Sabucedo no se utilizan cuerdas, palos o aparatos para reducir al animal. Allí los “ aloitadores “, que son los que se encargan de sujetar a la besta mientras se procede a la rapa, usan tan sólo su destreza y su cuerpo para realizar su labor. También se diferencian por cómo se lleva a cabo la juntanza y conducción de las bestas desde el monte al lugar donde se hace la rapa.

El origen de éstas es tan antiguo como la propia Galicia. Se sabe que fueron los celtas los que introdujeron en el Noroeste de España los caballos de pura raza gallega, un animal de cabeza pequeña, orejas cortas, grupa fuerte y pelo castaño o negro ( no son admitidos cómo caballos de esta raza los que tengan otro color ). Son animales de temperamento dócil a pesar de criarse en libertad o semilibertad. Tienen una alzada a la cruz entre 120 y 140 centímetros y una cabeza de frente ancha y plana con abundante tupé, ojos expresivos y labios gruesos con bigotes largos. Tienen una crin y una cola muy poblados y una melena suelta de pelos fuertes y gruesos. Precisamente este pelo es el que se corta a los animales en la “ rapa “, entre el jolgorio y los gritos de aliento de los vecinos del pueblo o de la aldea.

Pero las “ Festas das rapas “ son ya mucho más que fueron en sus orígenes, las “Festas” son en la actualidad las fiestas más populares de Galicia, ya que durante los dos o tres días que duran los asistentes se divierten bailando, comiendo, cantando y bebiendo sin límite. Aunque tampoco hay que olvidar la emotiva misa que se dice al inicio de las fiestas para pedir a San Lorenzo, patrón de Sabucedo, que no ocurra ningún accidente ni desgracia durante las mismas.

Cuenta Dión Casio que cuando Julio Cesar  llegó a las costas galáicas con un ejército de 15.000 hombres para sofocar la rebelión de los nativos contra Roma y en busca de oro se quedó sorprendido por la fiereza de aquellos hombres y la raza de sus caballos. Cesar que llegaba sin caballería se hizo inmediatamente con todos aquellos caballos que se criaban semisalvajes en los montes de la región... y se dice que fueron los soldados romanos los primeros en “ raparlos “. Eso sucedía el año 61 antes de Cristo y durante su segunda estancia en Hispania.      

 

Decía el Insigne Doctor e historiador Gregorio Marañón que si en la sangre de los actuales españoles se pudiesen detectar sus orígenes genéticos raciales el tipo medio sería como un cóctel explosivo. Porque los españoles son el resultado de 8 siglos de dominación árabe; 9, romana y 4 de godos y visigodos, a los que habría que añadir la sangre fenicia, griega, celta, íbera, indo-europea y judía (que estos siempre estuvieron y siguen estando presentes en España). Lo cual quiere decir que esta España del siglo XXI, por sus orígenes, es una mescolanza de razas, de culturas, de costumbres, de hábitos y de pasiones. De ahí que no deba sorprender que las Fiestas Populares sean un cúmulo variopinto y dispar, ya que a los genes habría que sumar las influencias religiosas. España fue una de las primeras Naciones occidentales a las que llegó el Cristianismo primero y el Catolicismo de Roma después. Pero siempre hubo también otras creencias. Y en este marco hay que encuadrar las fiestas de “Moros y Cristianos” que se celebran en media España (pueblos de Cuenca, Albacete, Alicante, Almería, Cádiz, Castellón, Ciudad Real, Granada, Jaén, Lérida, Málaga, Murcia, Toledo, Valencia y Canarias y Baleares). Es el recuerdo innato de los 8 siglos de la Reconquista y aquellas guerras que enfrentaron durante tantísimos años a moros y cristianos. Aunque con una circunstancia curiosa, que fue el Levante español, o sea la costa mediterránea, donde aquellas luchas dieron lugar a una conquista y pérdida repetida de muchas de las ciudades.

Hoy nos centramos en las fiestas de Orihuela (Alicante) que se celebran desde el viernes anterior al 17 de julio hasta el domingo siguiente. No son las más antiguas, pues ese honor le corresponde a las que se celebran en Elche. Las fiestas, resumiendo, reproducen la lucha entre los dos bandos, el moro y el cristiano, por la conquista de la ciudad. Por tanto en cada lugar se forman dos grupos que simbólicamente se enfrentan en la calle con toda la aparatosidad de las vestimentas y las armas que se utilizaron en tiempos pasados. Cada bando reúne un grupo de comparsas que rememoran las compañías de los distintos ejércitos. En el cristiano de Orihuela figuran, entre otros la de los cruzados, los cristianos, los caballeros del Cid, los templarios, los montañeses, los aragoneses, etc. y entre los moros las de los Almogávares, los moros viejos, los moros nuevos, los nazeríes, los almohades, los sauditas, los beduinos, los bereberes y la de los abencerrajes. Los desfiles son ciertamente espectaculares y no sólo por los trajes, sino también por la participación de carrozas y animales montados, como caballos, elefantes y dromedarios, todo acompañado por grupos de dulzaina y percusión que le dan un aire musical increíble. En Orihuela tampoco falta la pólvora abundante y los juegos de artificio de todo el Levante. “Moros y cristianos”       

En la localidad cordobesa de Obejo, a escasos 50 km de Córdoba capital, se celebra hoy la Romería a la ermita de San Benito, la fiesta no sólo del pueblo y de la Sierra sino de gran parte de la Andalucía Bética. Porque al igual que al Rocío cientos de fieles acuden a vivir y participar en la famosa y tradicional Romería del Santo Patrón de Europa. Es un festejo típico andaluz, donde se canta, se baila, se come y se bebe a raudales.

La Romería alcanza su cenit con la “ Danza de las Espadas “, que simula una danza bárbara de la Edad Media. La “ Danza de las Espadas “, también llamada “ Baile de Machimachía “ simboliza el arte guerrero de los pueblos bárbaros y es la tradición más arraigada de Obejo, en la cual interviene un número variable de danzantes, vestidos con un uniforme llamativo, y el maestro, los cuales acompañan, sin parar de bailar, a San Benito en la procesión hacia la ermita. El momento más esperado del baile es conocido como “ el patatús “, en el cual los danzantes simulan ahorcar al maestro de danza utilizando para ello sus espadas de hierro, entrelazando unas con otras, quedando la cabeza del maestro apresada entre todas ellas.

Pero, la festividad de San Benito no sólo se celebra en este pueblo cordobés, porque también en Allariz (Orense) se celebran grandes fiestas durante la segunda semana de julio y en ellas son muy populares los combates navales que se montan en el río Arnoya. En Cambados (Pontevedra) miles de romeros acuden también al santuario de San Benito con ofrendas típicas gallegas y en Pontevedra capital festejan a San Benito de Lérez, donde además de las misas llama la atención el paso de cientos de barcas engalanadas para cruzar las aguas del río Lérez y alcanzar la otra orilla.

Según podemos leer en la “ Guía de fiestas populares de España”, de María Jesús Sánchez, en honor de San Benito se celebran también fiestas, entre otras localidades en Carballino (Orense), con pólvora, gaitas, cabezudos y empanada; Padrón (La Coruña), típica romería en el convento de Herbón, a orillas del río Ulla, a la que concurren muchos devotos de todo el valle, Porriño (Pontevedra), subasta de toda clase de animales y frutos, que han sido ofrecidos al santo, y actuación de grupos folklóricos; Tossa de Mar (Gerona), romería a la ermita de San Benet, el domingo siguiente, con sardanas, “ ball a l´era “ y rifa de un cordero. Y no es de extrañar que San Benito tenga tantos devotos, no en vano es el Patrón de Europa y además de los archiveros, agricultores, ingenieros, curtidores, moribundos, granjeros, escolares, criados y espeleólogos... y por si faltara algo es el Patrón de las enfermedades inflamatorias, de los enfermos de riñón, de los religiosos y de los monjes de la villa de Nursia, su ciudad natal. San Benito fue el iniciador de la vida monástica en Occidente y fundó la orden de los benedictinos. Fue canonizado por el Papa Honorio III el año 1220.  

 

Los marineros de España y América muestran hoy devoción a su patraña sacándola en procesión por el mar en sus barcos

Si hubiera que hacer un ranking de las advocaciones de la Virgen  María, está claro que se llevaría la palma la Virgen del Carmen, porque es inaudito el número de pueblos y ciudades del mundo que se acogieron a su amparo. Sólo en España es Patrona de más de 300 pueblos, tantos que para citarlos hay que ponerlos por orden alfabético desde Almodóvar del Campo (Ciudad Real) hasta Yuncler (Toledo). Pero mucho más extendida está su veneración en la América de habla hispana: Argentina (228 pueblos), Chile (122), Costa Rica (87), Colombia (176), Ecuador (104), Guatemala (95), Nicaragua (68),Panamá (56), Perú (190), Puerto Rico (64), Venezuela (120), etc.

Pero, la Virgen del Carmen es por encima de todo la “Virgen del mar” y por ello casi todos los pueblos y ciudades de la costa española celebran hoy, 16 de julio, la Festividad del Carmen con emotivos actos marinos y fiestas de gran raigambre popular. La Virgen del Carmen es Patrona de la Armada Española, del ejército de los Andes, Reina y Patrona de Chile y de sus fuerzas armadas, Patrona de la policia Nacional y de los transportistas de Colombia, Alcaldesa de la ciudad de Lima y así mismo Patrona de Bolivia y de Venezuela. En Costa Rica se celebran con miles de visitantes las Fiestas de “El Galileo”, aquel barco de concha perla que se hundió cerca de la isla del Caño con toda su tripulación y cuando se daban por muertos a los marineros aparecieron sanos y salvos en tierra firme. Según ellos mismos una hermosa mujer los alimentó y acompañó en medio de la tempestad y la tragedia hasta llevarlos a las playas más cercanas. El pueblo católico identificó a aquella mujer como la Virgen del Carmen por el escapulario que llevaba colgado al cuello. Desde entonces (1913) a la ciudad de Puentearenas acuden marineros de toda América para pedirle a la Virgen su protección.

Fiestas famosas en España son- según la guía de María Ángeles Sánchez-: Amorebieta, Baracaldo, Camariñas, Corcubión, Fuengirola, Grazalema, llanca, Mieres, Molina de Aragón, Olot, Santa Cruz de Tenerife y Santurce. Aunque las más conocidas son las de Málaga y la Costa del Sol, donde además de la típica procesión de la Virgen se celebran toda clase de festejos y los malagueños todos se echan a la calle para cantar a su Virgen. A horas muy tempranas la imagen de Nuestra Señora del Carmen se porta a hombros de pescadores y marinos hasta el puerto donde es embarcada en una jábega adornada de flores para hacer un pequeño recorrido por el mar acompañada por cientos o miles de barquitas. Los portadores que llevan la imagen visten el traje típico marengo, que consta de camisa blanca, pantalón negro, fajín rojo y alpargatas. A la hora  indicada los marinos se despojan de sus alpargatas y se introducen en el mar para embarcar a la imagen sin que esta se moje ni se deteriore. Naturalmente, la procesión se acompaña de fuegos artificiales y en muchos casos de gigantes y cabezudos.      

Mercadal es un pueblecito de Menorca situado en el centro de la isla y a los pies del Monte Toro, que cuenta con una población fija de 2.500 habitantes, que se multiplica hasta por diez cuando  llega el verano. Su clima es, al igual que en el resto de las Baleares, eminentemente mediterráneo y muchas de sus playas son todavía vírgenes, por lo que sólo se puede llegar a ellas a pie o por mar. La historia de Mercadal se remonta al siglo XIII cuando tras la reconquista de la isla por Alfonso III de Aragón un grupo de gerundenses se instaló al pie de la montaña de Toro y edificó una ermita sobre la que hoy se levanta el Santuario de la Virgen del Toro, patrona de la isla de Menorca. Mercadal estuvo inicialmente bajo la advocación de San Narciso, patrón de Gerona, hasta que en 1431 pasó a dedicarse a San Martín, en torno al cual se celebran las fiestas patronales el tercer domingo del mes de julio.

La fiesta se inicia de acuerdo con unos protocolos que sirven para que la celebración se mantenga fiel a la tradición. Los caballos salen engalanados con las crines trenzadas, adornados con ornamentos diversos y bandas de colores. El Fabioler, montado en un asno, abre paso a la comitiva. Forman ésta un representante del poder civil, el cajero Alcalde, provisto con la simbólica vara de alcalde, un representante de la Iglesia, el cajero cura, y otro, los agricultores, el cajero campesino. Los acompaña el cajero soltero, el cajero casado y sobrepuesto, que lleva la bandera de las fiestas. Durante los primeros sonidos de tambor y flauta, la multitud guarda un silencio respetuoso. Al llegar a la plaza, los caballos saltan y danzan al ritmo de la música típica del “jaleo”. Este acto, seguido de una ceremonia religiosa en honor de San Martín, se hace al atardecer de la víspera de la fiesta y la mañana del domingo.

El origen de esta “danza de los caballos” se remonta a las colonias que los griegos crearon en las costas mediterráneas, especialmente aquella de Sybaris que ocupó el sur de Italia. Según la leyenda los sibaritas domaban a sus caballos con músicas muy singulares, una para el trote, otra para el galope y otra para el baile o la danza. Así los caballos actuaban al son de la música que les pusiese el domador. Y este es uno de los atractivos más interesantes y aplaudidos de las fiestas de Mercadal. La plaza mayor se  llena de turistas para festejar el baile de los caballos. Pero las fiestas de Mercadal son también una cita obligada para degustar los productos de la tierra, aunque la verdadera riqueza gastronómica la tienen en el mar, pues esa parte de la isla de Menorca está llena de acantilados que han hecho que se mantenga una gran fauna marina. De ahí que la pesca sea una de las actividades más importantes de sus habitantes. Mercadal posee además un puerto comercial y pesquero, con capacidad para 121 amarres, un club náutico y un puerto deportivo. En las bahías de Fornells y Adaia llegan a fondear los días de mal tiempo más de 500 embarcaciones de menos de 10 metros de eslora y un centenar de yates.  

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