Así de sencilla es la consigna, fácil de comprender y difundir por los no muy ilustrados voceros a la orden de los autores de la misma. No hay que pensar, solo repetir. No es necesario argumentar, no hay argumentos para torcer la verdad histórica. Una vez más el fin justifica los medios. Hay que demoler hechos y personas que alcanzaron grandes logros en beneficio del conjunto de España. Ante la incapacidad de igualar lo realizado con sacrificio y trabajo, la consigna es desmerecer todo lo hecho y a quienes lo han hecho. La formula es la de siempre, la utilizada durante más de un siglo por el comunismo: negar la verdad por contrastada que esté y enfangar trayectorias personales de quienes hicieron posible la prosperidad que se encontraron los que hoy son incapaces de mejorar la obra y solo aspiran a falsear la Historia con intención de engañar con la sencilla y vulgar práctica del “calumnia que algo queda”.

            

 

    Con esta dinámica me encontré en el programa de Antena 3 Espejo Público al que acudí invitado para tratar el tema de la Declaración que ochocientos veteranos militares habíamos firmado en defensa de la calumniada imagen del General Franco. 

  

   Nuestros  argumentos, puramente castrenses, desmienten con hechos probados la calumnia que aspira a descalificar su entrega a España, dirigiendo a gran parte de los españoles en una terrible guerra fratricida provocada por los partidos de izquierda y secesionistas que en dos ocasiones se alzaron contra el poder legal de la República por la fuerza   para facilitar el desmoronamiento de nuestra Nación centenaria.

 

      Para desmontar esta falsedad y la que se pretendía dejar en el aire sobre la post guerra y los años posteriores del Régimen de Franco, pude argumentar con dificultad razones con suficientes argumentos, aunque como era de esperar se daban por no escuchadas y se mantenía a toda costa la consigna: “calumnia que algo queda”.

 

      Sin embargo, ante la imposibilidad de rebatir citas y referencias que descabalgaban su empeño en mantener y no enmendar su acusación descalificadora, el ataque de la encargada de expandir la consigna se dirigió contra el mensajero que intentaba que no quedara nada de la calumnia.

 

    De esta forma este veterano soldado con cuarenta y ocho años de Servicio activo de Educando de Banda hasta el empleo de Teniente General, tuvo que escuchar de su indocumentada interlocutora la frase que quedó grabada: “¡En manos de quienes hemos estado!”   De nuevo el “calumnia que algo queda”.

 

     Por supuesto, allí no era el momento, ni la razón de mi presencia en el programa y por ello no hubo respuesta a tan pérfida aseveración, pero no quiero que se quede con la duda que seguro no es tal, sino la forma de expresar su obsesión de mantener por encima de todo el mensaje a transmitir: “¡Qué malos son ellos y que buenos nosotros!”.

 

       Pues bien, sin extenderme ni dar mayor importancia a sus intenciones, les diré lo siguiente:

 

      La inmensa mayoría de los ochocientos firmantes de la Declaración en cuestión  eramos en 1975 jóvenes Oficiales y Suboficiales, los más antiguos tenían la graduación de Comandante y habían estado en  Servicio activo entre veinte y diez años durante el Gobierno del General Franco, manteniendo dicha actividad a las órdenes de S.M. El Rey de veinte a treinta  años más.

 

    A lo largo de este tiempo, las enseñanzas recibidas en su formación, su profesionalidad y sobre todo su Amor a la Patria, les permitió continuar su entrega a las misiones encomendadas en cada momento y superar siempre las carencias y limitaciones impuestas a los Ejércitos por razones políticas y económicas.

 

     Con este espíritu se puede asegurar y ha sido reconocido, que las Fuerzas Armadas son la Institución que con mayor lealtad ha aceptado y se ha adaptado a los cambios resultantes de la Transición y de la promulgación de la Constitución de 1978, asumiendo con la disciplina aprendida en la lección que sobre la misma dejó grabada al clausurar la Academia General Militar  su Director el General Franco. Lealtad a la Misión constitucional de Defensa de España, su Unidad, Soberanía e Integridad territorial. Basta ponerse la mano en el pecho y comparar dicha actitud con las de las Autonomías, Partidos Políticos, Sindicatos....etc y valorar a cada una para contestar a la pregunta capciosa que pone en duda a nuestros Ejércitos

 

     Dicho ésto y  para ahorrar a nuestros acosadores el seguro interrogatorio sobre el 23 de Febrero de 1981, les  adelanto que, si bien por nuestra edad y graduación no teníamos puestos de gran responsabilidad, si ocupábamos destinos donde se vivió muy de cerca la situación. Destinos como secciones de Estado Mayor en Cuarteles Generales y Unidades Operativas, incluso de Ayudantes de S.M, el Rey. Por ello y pese a lo poco que se sabe de la gestación de aquel desgraciado episodio, tal como dijo S.M Don Juan Carlos I a las víctimas del Terrorismo en Audiencia, dicho día los Ejércitos, salvo unas pocas Unidades implicadas por los autores intelectuales de lo acontecido, no cayeron en ninguna tentación de salirse del marco constitucional y sin disimular su contrariedad por ver a compañeros involucrados en el movimiento no gestionado por ellos, el conjunto de las Fuerzas Armadas alertadas, concentradas y preparadas para actuar según órdenes superiores,  mantuvieron serenamente su lealtad a su Mando Supremo. Tal actitud, por encima de otras acciones, permitió regresar a la normalidad en pocas horas. A pesar de lo cual, a nadie se le escapa las consecuencias que posteriormente tuvo que sufrir injustamente  la Institución Castrense. 

 

     Independientemente de este capítulo, siempre fácil de manipular, los Ejércitos han tenido que aceptar por disciplina reducciones, reorganizaciones y cambios puramente militares que han impuesto intereses políticos desoyendo los asesoramientos de los profesionales de la milicia, como la forma en que se realizó la supresión del Servicio Militar Obligatorio y la normativa para la Tropa Profesional, que ahora pasa factura.

 

     Por supuesto, se lo dice quien participó en la primera misión en el exterior, las Unidades de los tres Ejércitos y de la Guardia Civil, han realizado todas las Misiones  comprometidas por los Gobiernos de turno. Todas finalizadas con éxito y reconocimiento internacional, pese a la cicatería en medios adecuados y a la limitación obligada de las estructuras operativas para cada Misión. A pesar de todo, la totalidad de los cometidos asignados se cumplieron, supliendo las carencias con espíritu de sacrificio, entrega y en algunas ocasiones con bajas irrecuperables.

 

    Finalmente y para no alargar la respuesta, los militares colectiva e individualmente han sentido en bastantes ocasiones actitudes por parte de los poderes políticos que suponían una desconfianza inmerecida así como la permanente  desatención a la cultura de Defensa que involucrara al conjunto social con sus soldados. Sin necesidad de más datos, pueden consultar  la obra de Narciso Serra “La transición militar”, vademecum de todos los Ministros de Defensa sin excepción.

 

    Espero que, al menos los mejor intencionados comprendan y acepten que estas muestras de la actitud y aptitud de los miembros de las Fuerzas Armadas son las propias de  soldados profesionales de los que nada han de temer. Herederos de tantos otros que a lo largo de los siglos han participado activamente en la construcción de nuestra Historia. Estos soldados no obedecen a ideologías concretas y su único ideal es servir a España en sus Ejércitos. A la España de los Reyes Católicos y a la de nuestro siglo XXI. Por ello no tienen ni principio ni fin. Su sentimiento y compromiso son eternos porque eterna es su Misión: La Defensa de la Patria frente a toda amenaza o ataque que haga peligrar su Soberanía, Unidad e Integridad territorial. No trato de magnificar como romántico el alma del soldado, pues aunque ahora, como siempre, existan algunos uniformados que no respondan a ese modelo de soldado, también es cierto que hay muchos españoles que sin ningún contacto con la milicia  tienen alma del auiéntico soldado que como dice el  Infante Calderón de la Barca forman parte de:

 

             “Este Ejército que ves....vago al yelo y al calor ... la república mejor es

               del mundo.”

                 Porque:

                “En buena o mala fortuna---la milicia no es más que una

                 religión de hombres honrados”.

 

          Hombres honrados a los que Amós Escalante tres siglos más tarde, también dedico estos versos a nuestro soldado:

                   “Ni el bien le asombra ni el desdén le hiere

                      Sumiso, valeroso, resignado

                      Obedece, pelea, triunfa y muere “ 

 

      Es mi deseo que con esta explicación haya quedado claro en manos de quien hemos estado, estamos y estaremos, gracias a Dios

 

        Solo los enemigos que amenacen o ataquen a España no deben olvidar el mensaje que el Centurión  Marcus Flavinius hizo llegar a su primo Tertullus en Roma  

     

                  “CUIDADO CON LA IRA DE LAS LEGIONES” 

                                    Madrid 30 de Agosto de 2018