A primeros de Julio de 1991 me encontraba en la B.A de Incirlik (Turquía),  una vez finalizada la Operación PRPVIDE CONFORT de ayuda humanitaria en el norte de Irak. Dada la inestabilidad de la zona y para mantener la seguridad conseguida, el General Shalikashvili, Jefe de la Fuerza Combinada, solicitó a los Aliados participantes constituir una Unidad Multinacional estacionada en Turquía por un tiempo limitado. En consecuencia, los representantes nacionales informamos y propusimos a los Gobiernos el Plan del Mando americano. España respondió positivamente con gran rapidez y organizó la Unidad que relevaría a la Compañía desplegada todavía en zona cuando se ordenara.

 

          Iniciado el planeamiento de la nueva misión y sólo 48 horas después de la primera decisión, el entonces Jefe del Estado Mayor Conjunto me comunicó  que el Gobierno había anulado la misma y dado la orden de replegarnos a la mayor brevedad posible.

 

        No resultaba muy satisfactorio presentar el cambio de postura de España, máxime cuando influía negativamente el planeamiento de urgencia que realizaba el Cuartel General. Por ello consideré necesario expresar mis disculpas por la alteración ocasionada. La respuesta del General Jefe fue una lección aprendida para mi y que recuerdo literalmente. Me dijo: Teniente coronel, Vd. es un Oficial y su Gobierno democrático ha tomado una decisión de la que  no tiene Vd. que disculparse”

 

     Varios años más tarde, en Marzo de 2004, como General Jefe de la División Brunete y Jefe Interino de la Fuerza de Maniobra se me ordenó coordinar la retirada, decidida por el nuevo Gobierno Socialista, de la Brigada española desplegada en Irak . Cuando me entrevisté en Babil con el General polaco Bieniek, Jefe de la División que encuadraba a nuestra Brigada y ser preguntado por las razones de nuestra salida de Irak, le contesté con la misma expresión del General Shalikashvili, no habiendo más comentarios.

 

      Sirvan estas experiencias personales para dejar claro el respeto ejemplar de las Fuerzas Armadas a los cambios impuestos a los Ejércitos y a las decisiones adoptadas por todos los Gobiernos en los 40 años de Monarquía Parlamentaria, aún en los momentos más difíciles y confusos como el 23 de Febrero de 1981 y pese a la desatención a la política de Defensa de la que han hecho gala todos los Partidos políticos; desde la educación primaria hasta la cicatería material, pero sin escatimar esfuerzos en su intromisión en los principios morales y espirituales intrínsecos de nuestros Ejércitos.

 

       Después de muchos años de servicio y contactos con Unidades de todos nuestros Aliados, puedo asegurar que las limitaciones que soportan las Fuerzas Armadas españolas es un caso  particular en comparación con Ejércitos de otras Naciones, ya que ellos tienen la suerte de no sentir que sus responsables políticos puedan poner en duda la realidad nacional de sus países, ni la consideren como concepto discutido y discutible o que incluso pretendan la disolución de la Patria por la que ellos mueren.

 

    Lo normal en una Democracia auténtica es que cada opción política defienda y proponga la manera de alcanzar los mejores horizontes para su país y sus ciudadanos y éstos deciden la que consideran mejor y la varían según los resultados alcanzados.

 

       El conocimiento de sus respectivas Fuerzas Armadas y el amor a la Patria y sus símbolos se imparten a los compatriotas de nuestros aliados desde la infancia, enseñando comportamientos positivos hacia sus soldados, independientemente de las opciones políticas que se alternan de forma democrática en los Gobiernos. Confieso que es una sana envidia la que se siente al tratar de estos temas con amigos de Unidades extranjeras, sin dejar de reconocer que siempre hay problemas que resolver. 

 

      Sirvan estas experiencias personales y de otros muchos compañeros que se encontraron en situaciones similares, para que quede claro que el soldado español ha demostrado que por la Disciplina asumida no cuestiona las decisiones que corresponden a la Política y ello pese a actitudes y comportamientos inexplicables adoptados por distintos Gobiernos en política de Defensa. Por el contrario, los soldados han suplido sus carencias a base de mayor entrega y sacrificio y cuando las decisiones  y órdenes, condicionadas por razones extra castrenses, complicaban el cumplimiento de su misión, los soldados las mejoraban en su ejecución, sin escatimar esfuerzos y explotando al máximo su profesionalidad a todos los niveles.

 

        Es mi deseo, con este amplio preámbulo, dejar claro que en estos 40 años, como en los anteriores, los Ejércitos de España solo han tenido como único horizonte el cumplimiento del juramento hecho a la Patria  de defenderla frente a los enemigos  que amenacen su soberanía, unidad e integridad o incumplan  el ordenamiento legal.

 

         Sin embargo los hechos que se suceden desde hace más tiempo de lo admisible en nuestra piel de toro, nos han llevado a un indeseable clima de enfrentamiento social, que en algunas Regiones han alcanzado tintes de crispación inaceptable, por el riesgo que la situación supone para la convivencia.

 

      Todo ello sucede con una actitud política de pasividad y tolerancia cundo no de connivencia. Ante tal circunstancia, el soldado debe tener clara su actitud y opción inequívoca de con quien está y si llegara el caso cual sería su  apuesta, que no puede ser otra que el cumplimiento de su compromiso sellado con el beso a la Bandera.

 

     Sin circunloquios; la conducta legal de objetividad sin reservas a las decisiones, acertadas o no, del Poder político  ha quedado más que demostrada y estoy seguro que así seguirá siendo. Pero esa actitud no tiene por qué imponer neutralidad a los soldados ante los hechos que ocurren en el día de hoy, como consecuencia de la acción anti española de una extrema izquierda radical del arco parlamentario  unido a los movimientos secesionistas, ambos minoritarios pero envalentonados por la inacción de los partidos calificados de constitucionalistas, pendientes más de  sus propios intereses que de el grave problema que nos acosa.

 

    Dicho sin complejos, esta es la triste realidad que vivimos y la amenaza que se cierne sobre España y por tanto los soldados, indistintamente de su situación,  deben descartar, personal e institucionalmente, el argumentario políticamente correcto de tener que manifestarse neutrales porque, como las partes interesadas insisten, son problemas   puramente políticos y el  militar debe mantenerse como “el gran mudo”.

 

   Sin embargo dicho intento de limitación no ha lugar: Primero: porque  los enfrentamientos que se están produciendo entre españoles  son consecuencia de la mala praxis de los políticos pero  ello no es motivo para imponer legalmente el silencio total a los soldados con argumentos distintos a los hechos. Y segundo: porque las actuaciones que se llevan a cabo tienen el claro objetivo de deshacer el Estado surgido de la transición de los años 70 mediante la Reforma Política aprobada por plebiscito y regresar a una situación que ya arruinó España hace tres cuartos de siglo.

 

     Frente a tales desmanes, la masa ciudadana que sabe en el año que vive y lo que acarrearía el salto atrás, se ha despertado y defiende con ardor lo que además es puro sentido común en el siglo XXI. Pese a ello, los Partidos políticos que deberían ponerse al frente de tantos españoles que lo demandan, están agazapados e inanes por razones conocidas pero que no son objeto de esta reflexión. Esos españoles huérfanos de liderazgo político son los que miran y preguntan a los soldados garantes de la Patria. La respuesta no puede ser la de “es un asunto político y soy neutral”.

 

     El soldado está con los que portan la Roja y Gualda, con los que quitan las cruces y lazos amarillos y no con aquellos que insultan a España y a los españoles, queman nuestra Bandera y la foto del Rey a la vez que incumplen sistemáticamente leyes y sentencias. El soldado está con la familia del Guardia Civil Pardines y no con los que homenajean a su asesino. Entonces,  si el soldado está con los que debe no argumentemos una neutralidad que ni sentimos ni aceptamos.

 

      Los soldados asumimos que entre nosotros puede haber más de un Rodriguez, pero son gotas en el océano. Los soldados sabemos, por encima de todo, lo que comprometimos en nuestra jura de Bandera, por mucho que su formula haya sido modificada y aceptada con disciplina militar por tres veces, en un afán de  quitarle dramatismo a la  promesa de derramar hasta la última gota de su sangre.   

 

     Pero lo más importante es que ese juramento o promesa anida en tantos españoles que sin ser soldados demuestran su valor día a día y sienten en su corazón  el significado más profundo del recitado de la  canción del soldado del maestro Serrano:

 

 

                              Soldados:

                             La Patria entera para vosotros sagrada

                             Palpita en esa Bandera

                             Que os entrega la Nación

                             Traidor es quien la abandona

                             O la vuelve mancillada

                             Que la Patria no perdona

                              El crimen de la traición.

 

      Por ello los soldados siempre estarán con ellos.

      Porque no puede haber neutralidad cuando se trata de España.