Arnaldo Otegui, el” hombre de paz” para Zapatero y Pedro Sánchez, blanqueado por la TVE del gobierno socialista comunista, tiene un largo historial, como terrorista en “comandos” de ETA, aunque cual un Rodrigo Lanza adelantado a su época, siempre tuvo mucha suerte con la Justicia. La Justicia y los medios, así como las propias víctimas siempre han relacionado a Otegui con tres secuestros, cuando era joven, a finales de los 70; El del famoso empresario de la galletas Javier Artiach, en 1978, el del director de la fábrica Michelín en Vitoria, Luis Abaitua, en 1979 y el del dirigente de la UCD Javier Rupérez. El único de sus delitos como activista etarra por el que cumplió cárcel, 4 años, entre 1985 y 1987 y entre 1991 y 1993 fue el secuestro de Abaitua. Nunca pagó la indemnización a su víctima a la que fue condenado por la Audiencia Nacional.

Pero se le asocia también con un atentado muy importante, el que sufrió el diputado de la UCD y negociador de la Constitución Gabriel Cisneros, el 3 de julio de 1979, en Madrid que recibió un disparo de ametralladora en el estómago que le tuvo al borde de la muerte, aunque afortunadamente se recuperó. También se asocia a Otegui con otro secuestro terrorista de gran calado político, el del entonces secretario general de la UCD Javier Rupérez, también en Madrid, el 11 de noviembre de 1979. Rupérez permaneció secuestrado en un chalet de Hoyo de Pinares (Ávila), durante 15 días. Aunque sus compañeros de comando como la etarra Begoña Aurteneche, dueña del chalet de Hoyo de Pinares e incluso el dirigente etarra José Antonio Alcocer Gabaldón “Zapatones” le delataron en sus declaraciones ante la Policía, Otegui tuvo la suerte de ser absuelto de este secuestro como del atentado de Cisneros, por “falta de pruebas”.

Al menos fue condenado por el secuestro del empresario Luis Abaitua. El 19 de febrero de 1979 (se cumplen ahora 41 años), Arnaldo Otegui alias “Gordo” y su compañero etarra Luis Maria Alcorta Maguregui “Bigotes” secuestraron a Luis Abaitua, le obligaron a entrar en un coche que previamente habían robado y le trasladaron con los ojos vendados a un monte cerca de Elgoibar, Guipúzcoa, (la localidad natal de Otegui). Allí le introdujeron en un miserable zulo o agujero excavado en la tierra, de 2, 50 metros de largo por 1, 50 de ancho y 1,80 de altura, con entrada dismulada por arbustos y ramajes. Allí le mantuvieron 10 días hasta el 1 de marzo en el que fue liberado en Vitoria.

Abaitua sobrevivió pero siempre recordó con horror el trato recibido por sus dos secuestradores que llegaron a obligarle a jugar a la “ruleta rusa”, un macabro juego con un revólver en el que la víctima se ve obligado a dispararse a sí mismo, arriesgándose a que la única bala del arma pueda salir. Abaitua recordó también posteriormente el trato humillante y vejatorio que recibió en todo momento a cargo de Otegui y el “bigotes”. Otegui pertenecía a la facción terrorista conocida como “ETA Político- militar”, que en aquella época atentaba para intentar conseguir objetivos concretos. Por eso parece que a Abaitua no le pidieron ningún rescate económico pero sí le obligaron a aceptar las condiciones sindicales que pedía el comité de empresa de su fábrica, Michelín, que estaba en plena negociación laboral.

De la misma forma el atentado de Cisneros y el secuestro de Rupérez se hicieron para obligar al Gobierno a que hiciese más concesiones en la negociación del Estatuto vasco que tenía lugar entonces en las Cortes y para obligarle a conceder una nueva amnistía a los presos etarras. Años más tarde, en 1984 Otegui se pasó a la rama entonces mayoritaria del terrorismo vasco, “ETA militar” al no estar de acuerdo con que ETA PM hubiese dejado las armas. Por cierto Otegui protagonizó entonces, como veremos en otro artículo, una humillante retractación de su trayectoria anterior para poder ingresar en ETA “militar”, tal como le exigieron sus cabecillas.

El canalla Otegui nunca ha pedido perdón, por supuesto, a las víctimas de los secuestros y atentados que protagonizó y nunca pagó la indemnización de 100.000 pesetas a Luis Abaitua y su familia, pese a que lleva años cobrando generosos sueldos públicos de diputado y político.

Abaitua, lógicamente quedó marcado por aquella terrible experiencia, según su familia. Poco después se trasladó a trabajar a Brasil. Volvió a España a la fábrica de Michelín, pero en Valladolid a finales de los 80. Murió de cáncer en Vitoria en 1992. Afortunadamente para él no llegó a ver el momento en que su secuestrador y torturador se convertiría en un político famoso cortejado por los gobiernos del PSOE, que le han calificado como “hombre de paz” para que el sarcasmo sea más completo.