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Prácticamente todos los expertos virólogos del mundo coinciden en afirmar que cualquier año, más pronto que tarde, nos asolará una pandemia vírica mundial, de consecuencias desastrosas. Pero lo que también admiten es no saber cuándo se producirá, lo cual introduce un elemento de incertidumbre que hace que todo brote vírico que se lleve por delante a unos cuantos muy rápido se convierta en el centro de atención del mundo entero y dispare todas las alarmas. El Coronavirus es ahora el protagonista. 

En realidad los Coronavirus son un tipo de virus, de los que hay gran variedad, que adquieren su nombre de la forma en que se coloca su ARN. Nada original el asunto. Y un miembro de la familia se ha destacado y le han puesto el nombre de todo su clan, como si se tratase de un único agente independiente de todos los demás y recién aparecido en escena como el malo de la tragedia, cuando es sólo un miembro de una familia extensa. 
 
Dada la alta mutabilidad de esas particulares moléculas orgánicas llamadas "virus" -que se encuentran entre los seres vivos y las moléculas inertes, y según quién lo juzgue entran o no en la categoría de seres vivos, puesto que precisan de un hospedador celular en el que reproducirse, haciendo uso de su maquinaria interna- todos los años hay virus nuevos, de los cuales los más conocidos son la Gripe y el Rhinovirus o virus del catarro común.  Y los laboratorios médicos preparan vacunas a partir de predicciones de qué estructura tendrá el siguiente virus reconocible. 
 
A diferencia de las bacterias, estas sí seres vivos de pleno derecho, los virus no pueden combatirse con ninguna medicación específica. Las bacterias y demás organismos celulares pueden ser paradas en seco con los antibióticos. Aunque como evolucionan muy rápido, ahora surgen bacterias que resisten a estos medicamentos, a las que llaman multirresistentes o superbacterias. 
 
La inmunización por vacunación, ya descubierta a finales del siglo XVIII por Edward Jenner parece ser el único método efectivo de impedir que los virus nos invadan y, potencialmente, nos maten. 
 
Sin comprender bien los mecanismos a través de los cuales funcionaba la vacunación, este Doctor inglés la descubrió, al inocular extracto de pústulas de las ordeñadoras de vacas a un niño y luego inocularle la viruela.
 
Las ordeñadoras cuyas pústulas se usaban se habían contagiado de un virus similar al de la Viruela del ganado que no causaba mayores consecuencias en el ser humano y que, curiosamente, hacía de algún modo que no contrajeran después la Viruela humana, por muy expuestas que estuvieran, siendo esta una enfermedad muy contagiosa que entonces estaba causando gran mortandad.
 
Se tardaría mucho en comprender algo mejor cómo opera el organismo humano para neutralizar la amenaza de los patógenos en general y los virus en particular. Y ahora sabemos que tenemos varias barreras a la infección. Primero la piel, que no cede el paso a los microorganismos, salvo a través de heridas. Después las reacciones corporales como la naúsea y el vómito, la diarrea, o la tos y el estornudo, y los recubrimientos mucosos que atrapan partículas y son expulsados con el resto de cosas. Así se "devuelve en caliente" a los inmigrantes ilegales sospechosos de ser tóxicos o nocivos. Y a nivel celular y molecular está el ejército o policía inmunológicos, unos de los más disciplinados y eficientes defendiendo las fronteras externas e internas del organismo. Estos se divide en dos tipos: el sistema inmunológico innato y el sistema inmunológico adaptativo
 
El primero nos viene de serie con los genes y detecta moléculas asociadas a patógenos comunes, produciendo de inmediato reacciones de inflamación, detección de marcadores y exterminio. El segundo es llamado adaptativo porque está adaptado para descubrir a las moléculas específicas que el sistema inmunitario innato no reconoce (esas que han variado en el virus, que lo hacen único "en su especie" y lo hacen pasar desapercibido, al principio). Hay cientos de millones de llaves moleculares para cientos de millones de posibles "cerraduras", esto es, se generan de continuo de forma aleatoria células inmunitarias que reconocen moléculas diversas (y, salvo raras enfermedades, nunca las del propio cuerpo humano). En el momento en que una de ellas se encuentra con su cerradura, se engancha a ella y emite un aviso molecular para que se reproduzca por cientos de millones las suyas y se generen también aún más anticuerpos, que son, digamos, las "llaves sueltas", que marcan las moléculas víricas o las células ya infectadas como objetivo para el ataque de los fagocitos, que se las zampan o las células asesinas que inoculan un veneno que destruye toda célula infectada.
 
Cuando Jenner inoculaba extracto de pústulas producidos por la viruela de la vaca en humanos, el sistema inmunitario de estos reconocía las moléculas de los virus, que eran en alto grado coincidientes con los de la viruela humana, y el sistema adaptativo creaba anticuerpos y células adaptadas a dichas moléculas,de forma tal que cualquier invasión de viruela sería rápidamente aniquilada por un ejército muy poderoso que estaba esperándola.
 
Durante el ciclo vital humano el sistema inmunológico va debilitándose. También si uno está enfermo de alguna patología puede tener comprometido el sistema inmunitario, y eso por no hablar de si tiene inmunodeficiencia.  
 
Así que los datos que arroja la actual pandemia del llamado, tomando la parte por el todo, "Coronavirus" son datos que encajan, de momento, con los de cualquier pandemia que deriva finalmente en fenómeno endémica. Mayor mortalidad en ancianos y enfermos de patologías previas. El Italia el último dato al redactarse este artículo era que había habido 7 muertos. Todos ellos mayores de 70 años, excepción hecha de una paciente que falleció con 68, que tenía cáncer. 
 
Datos de China, pónganlos en cuarentena como a los pacientes infectados si así lo desean, y tengamos presente la fecha del informe (11 de Febrero), se señalan una mortalidad tanto más elevada cuanto mayor era la edad del infectado y cuanto peor fuera su estado de salud general. 
 
Lo que quizás sorprenda más es la nula mortalidad infantil. De los niños de 0 a 9 años infectados no ha muerto ninguno. Esto es extraño porque el sistema inmunitario es inmaduro en los bebés. Pero quizás el Coronavirus sea benigno, en el sentido de que más que esquivarlo, lo educa.  Los últimos estudios en inmunología demuestran que la relación entre los potenciales invasores y los defensores a veces son diplomáticas. 
 
De los infectados de 10 a 20 años solamente ha muerto uno. Y, en general, la mortalidad de los infectados, a todas las edades, es baja. Así, parece que nos encontramos con un virus altamente contagioso y que puede mantenerse latente fuera de un organismo, sobre superficies, ropas etc, durante semanas, pero que no acaba con la vida de casi nadie. Los que más deben preocuparse y tomar medidas excepcionales son los ancianos de 70 años en adelante. Si se contagian pueden morir entre un 8 y un 15 %. 
 
Pero no parece que sea esta la gran pandemia que esperan los virólogos, salvo que mute el virus nuevamente y se haga más.....virulento. 
     
Lecciones a extraer del Coronavirus, al menos por ahora, y si no nos llevamos ninguna sorpresa desagradable en forma de giro inesperado, son que deben reforzarse las medidas de control en lugares de entrada a los países desde lugares con un foco infeccioso, a semejanza de las medidas de control del organismo en los lugares de entrada por los que puedan colarse los virus y otros patógenos.  
 
No hay que tomárselo a la ligera, como hace el Bolchevique Pablo Echenique diciendo que aquí está todo controlado porque tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del universo universal. Pero tampoco hay que entrar en pánico. La evolución de la enfermedad, y de los pacientes, parece alentadora.
 
Creemos protocolos de actuación eficaces y preparémonos para la pandemia que vendrá. Porque casi sin ninguna duda vendrá.