Irene Montero en el cenáculo de los gallifantes, Carrera de San Jerónimo. Opulencia de leyes, planes, consejos de participación. Y una biblioteca de mujeres. Sic. Pulverizar definitivamente libertades básicas. Y la igualdad ante la ley. Crear (más) odio. Y, sobre todo, autoodio. Humillar a los hombres, descuajeringar Europa.

Feminismo o barbarie, valga la redundancia

El feminismo es una ideología de (mucho) odio. El feminismo es la guerra. Destruye, literalmente, a las personas que se le aproximan. Además del odio, el autoodio. Produce perplejidad el elevado número de hombres que se desprecian a sí mismo por el hecho de ser hombres. El autoodio, esencialmente, identificación con el grupo dominante, en este caso la tiranía feminista.

El hombre, sabiéndose parte de un grupo social oprimido, de estatus legal y moral inferior, como mecanismo de supervivencia, se arroga los criterios y prioridades de los grupos (o grupúsculos) hegemónicos, actuando de manera opuesta a sus propios intereses y los de su grupo. Su ancestral, ontológica y telúrica culpa como varón, aliviada.

Sometidos a las mujeres

Mangina, acrónimo fusionado de man y vagina, hombre y vagina. Ingeniosa sinonimia, lametampones, planchabragas, pitopadentro. El mangina es un hombre parcial o totalmente desmasculinizado que se subyuga a las mujeres. Deconstruido y adoctrinado por los repulsivos mantras feministas, se siente/sabe culpable de su sexualidad y, con harta frecuencia, censura a otros hombres en nombre de las mujeres. Es el (sub)producto más logrado del ginocentrismo, el hombre dominado por La Vagina.

Manginas y feministas, tontos útiles

Los manginas, tontos útiles de las tontas útiles de una criminal trama que les trasciende ampliamente. Progresía nacional y europea, de derechas e izquierdas, fatua e hipocritona verborragia tras ella, aliada esencial del hipercapitalismo estatal de rasgos imperialistas.

En su (bio)política genocida con respecto de su propia población, combate con todos los medios de que los que dispone, casi todos, a favor de la metamorfosis y sustitución de población oriunda por mano de obra esclava inmigrante para superar la caída de la natalidad de los pueblos occidentales, previamente anhelada, inducida y obtenida por todo el Sistema.

Mutación demográfica

Tras la bellaca estrategia feminista y pro-inmigración, brota un neocolonialismo militarista que desencadenará, cual rodillo implacable, una (bio)política de ribetes genocidas y esclavistas, Agenda 2030 mediante. Lo disfrazarán de hermosas palabras. Tras el embozo, limpieza poblacional autóctona y neoesclavismo laboral. En fin.