Como uno más de los militares retirados firmantes de la declaración de  respeto y en desagravio al General Franco, soldado de España, resumo en estas líneas mi análisis personal de su repercusión y consecuencias.

 

En primer lugar ha tenido la difusión que era de esperar, incluso en medios extranjeros y con la natural controversia entre la satisfacción de quienes esperaban una contestación a la campaña desatada contra la persona del General y los empeñados en “sostenella y no enmendalla “ para conseguir el objetivo inmediato en avance a fines posteriores.

 

 Dada la premura en darle contestación, los encargados de hacerlo han hecho una lectura demasiado rápida y por su obsesión por sacar los restos de Franco de su tumba, han limitado sus críticas a la declaración como si de un alegato a la no exhumación se tratara en lugar de entender toda la profundidad de su contenido en defensa de un soldado cuya conducta como tal debe ser motivo de estímulo para los miembros de las Fuerzas Armadas (Art. 21 RR.OO). Incluso algunos, ante la dificultad de rebatir los hechos recogidos en su Hoja de servicios, han pretendido separar su faceta de soldado de la posterior de estadista, como si fuera el doctor Jekyll y el señor Hyde. Por ello, en la Declaración desaprobamos las acusaciones que se hacen a Franco como Jefe del Estado por incompatibles con su actitud vital recogida en su Historial militar.

 

También se ha podido observar la falta de argumentos contrastados para descalificar  al General. El hecho de reiterar con mayor frecuencia e intensidad su propósito de agraviar sin más y tener que debatir su postura con alguno de los firmantes de la declaración, ha puesto de manifiesto la ausencia de pruebas documentadas, limitándose a repetir y repetir falsedades y medias verdades junto a insultos, desde “tipejo” a exterminador genocida, pasando por otros muchos que pueden encontrarse en las grabaciones correspondientes. Todos ellos sin pruebas basadas en datos de investigación, ni estudio de la realidad histórica del momento. En resumen, la Declaración ha provocado un exacerbado comportamiento en los medios contra Franco superior al mostrado anteriormente, lo que podría interpretarse como un temor a que se les escape la presa.

 

Otra observación a considerar es la repercusión que dentro del propio ámbito castrense haya podido tener la publicación de la Declaración de soldados veteranos que no viejos. “No se llega a viejo por haber vivido un cierto número de años, uno llega a viejo porque ha abandonado su ideal”  (General McArthur). Como era lógico y de esperar no ha habido ninguna oficial. Sin embargo el representante de la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), no sé si de motu propio o animado a participar por los medios, poco convincentes como hemos dicho, ha hecho unas declaraciones que, sin darle mayor importancia, dan lugar a algún comentario para aclararle que, por supuesto, los soldados que firmamos la Declaración no pretendemos representar a los socios de AUME, bastante tiene con  representar al escaso porcentaje de miembros asociados de todas las Fuerzas Armadas. Ya he expresado que somos soldados veteranos pero no viejos ni añorantes de nada. Es normal que los uniformados de la asociación no entiendan que los soldados no tienen ninguna ideología, solo sienten un ideal sin fisuras, que no es otro que la defensa de su Patria a la que han ofrecido su propia vida. Por otro lado, AUME insta a buscar alguna falta entre la relación de adheridos a la Declaración y su posterior corrección y al mismo tiempo se permite dejar clara y públicamente su opción política estando en activo. ¿Es posible que tenga un Status especial? No cabe duda que la réplica a su nota podría ser más extensa pero no ahora.

 Por último hay que reconocer que en el marco puramente político la Declaración no ha pasado de la oficina de Registro de los partidos u organismos que dirigen. Seguramente por aquello de que “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”.

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No obstante,  toda esta peripecia que vivimos sin ninguna razón que la justifique,  es consecuencia de decisiones políticas inexplicables y traídas de la mano de  esta tercera generación empeñada en resucitar el triste pasado que vivieron sus abuelos y los grandes sacrificios que debieron hacer sus padres para que ellos se encontraran fuera de la zozobra del pasado siglo.

 

Efectivamente, son los cuarentañeros/as y algún cincuentón/a los que han vuelto a resucitar una Historia pasada, queriendo reescribirla con grandes errores y falta de rigor y también con exceso de adoctrinamiento. Son los nacidos en la década de 1970, nuestros hijos, los que de Franco solo saben lo que se les ha contado; poco y mal. 

 

     Porque ellos no han hecho más que disfrutar de los avances socio económicos  que se encontraron al nacer en una España que había renacido de sus cenizas, no por arte de magia, sino por el máximo sacrificio de sus abuelos a los que muchos no conocieron por haber muerto en una guerra fratricida que ni se imaginan, provocada por esa ideología comunista que no cesa de abducir y con cantos de sirena busca destruir, no mejorar el futuro.

 

      El cambio de Régimen tras la muerte de Franco se realizó superando las heridas pasadas, incluso por protagonistas coetáneos del General. La generación siguiente, la nuestra, llevó a cabo una transición sin traumas, con la voluntad de pasar página y no repetir errores pasados. ¿Por qué el relevo generacional se empeña  en deshacer lo logrado,  desoyendo también a sus predecesores políticos? Esta incógnita es desde luego muy preocupante, sobre todo contemplando la deriva que en todos los aspectos conduce a España a una situación no deseada y a un temeroso destino

 

     En consecuencia: Ante los datos de la actualidad española que preocupados observamos, los soldados veteranos pero ni viejos, ni añorantes, alejados de todos los “ismos” que signifiquen ideologías y  sin apartar de nuestra mente y nuestro corazón el juramento dado de defender  España de todo enemigo, al firmar lo manifestado  hemos cumplido sin más el Espíritu de Compañerismo del Credo Legionario “Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos” Ese y no otro es el contenido más profundo de la Declaración.