Han derribado la fama y el prestigio de Plácido Domingo. A sus 79 años, uno de los más geniales artistas del arte sacro musical que vieron los tiempos, no ha tenido más remedio que doblegarse ante ese perro de presa del feminismo izquierdista que es el movimiento “me too” y sus lobbys izquierdistas afines.

En el verano del pasado año, Plácido Domingo fue acusado por el “Sindicato de músicos de Opera de EEUU” y por la agencia periodística “Associated Press” de abusos a mujeres que habría cometido hace décadas aprovechando su “poder musical” y su enorme influencia (el tenor fue alto cargo de la ópera de Washington y de la de los Ángeles que llegó a dirigir durante más de una década). La agencia Associated Press protagonizó la cruzada difamadora contra el tenor español para destruirlo. De los “nueve testimonios “ de mujeres presuntamente abusadas y acosadas que este medio destapó en agosto de 2019, ocho eran anónimos. Pero ello sirvió para abrir la espita del derribo contra el tenor español.
La única acusación que no fue anónima fue la de Virginia Wulf, consistente en hechos ocurridos hace 21 años. ¿Por qué denunció en 2019 y no entonces? ¿De qué acusaba esta mezzosoprano a Domingo? Pues afirmaba que cuando salía del escenario, el tenor español le preguntaba si tenía que irse a casa. Ella le decía que tenía que irse y se iba. Añadió que se lo decía “para ligar con ella” También dijo que en una fiesta –donde iba acompañada por su marido- Domingo se le acercó y literalmente (reproduzco sus palabras):  “me tomó la mano, me besó ambas mejillas y me susurró al oído, ‘me gustaría conocer a mi rival’”. Wulf dijo que Domingo jamás la tocó físicamente pero que “sus intenciones eran claras  y absoluta y ciertamente, eso era acoso sexual”. Suponiendo que las imputaciones de Wulf al tenor fueran ciertas, ¿toda su acusación consiste en exponer que cree que Plácido Domingo quería ligar con ella y por tanto la acosaba delictivamente? Que se lance contra una persona una acusación de acoso sexual con un testimonio como éste es absurdo. Pero se admitió y se radió en todos los medios de comunicación mundiales.

En los meses siguientes hubo más declaraciones aportadas por denunciantes anónimas – ANÓNIMAS- y que hoy ya suman 27. Algunas de estas declaraciones fueron: “siempre te estaba tocando de alguna forma, besándote”; “perseguía a mujeres jóvenes”; “la regla entre nosotras –afirma una de las anónimas denunciantes- era evitar la relación a toda costa con él, pero si nos invitaba a comer debía ser en un lugar público, sin alcohol y nunca a cenar”; “había que evitar usar el baño cercano a su despacho”; “pedir a otras compañeras que las acompañaran al baño”; “ y no contestar llamadas en casa”.

Semejantes narrativas, rayanas en lo esperpéntico, resultaron inverosímiles para el entorno profesional español y europeo que rodea a Plácido Domingo, y que le hicieron obtener el afecto público, entre otros, de su compañera Ainhoa Arteta que declaró la falacia de semejantes acusaciones. El casi octogenaria tenor declaró en agosto de 2019 cuando comenzó el escándalo:
“Es doloroso oír que he podido molestar a alguien”, dijo, y calificó los relatos de “inexactos”. “Las reglas y valores por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado”, añadió. Luego señaló que él ha piropeado a mujeres y ha sido educado siempre, pero jamás se ha sobrepasado. A través de sus abogados respondió que la campaña contra él era equivocada e inmoral.

De los 27 casos de supuesto acoso que el informe de la agencia “Associates Press” y el sindicato de músicos de la opera recogen contra el tenor español son anónimos todos salvo el inverosímil de Virgnia Wulf antes mencionado y el de Angela Turner Wilson que dijo –sin aportar tampoco ninguna prueba- que en la ópera de Washington Placido Domingo le manoseó los pechos mientras se maquillaban… 27 casos de los cuales sólo dos han roto el anonimato y sin aportar prueba material ni verosímil alguna contra el tenor, salvo el mero testimonio de la denunciante.

La carrera de Domingo, uno de los cantantes más laureados de la historia, quedó detenida en Estados Unidos casi inmediatamente. La presión y el matonismo de la Agencia Associated Press en manos del izquierdismo feminista de EEUU y tutelada desde “me too”, había conseguido su objetivo.

Varias instituciones de ópera estadounidenses cancelaron sus conciertos previstos para otoño de 2019 y 2020. El tenor anunció su retirada del cartel del Metropolitan de Nueva York dos días antes de una actuación prevista para el 24 de septiembre. Domingo, que actuó durante 51 años en Nueva York, no ha vuelto a actuar en Estados Unidos. En Europa no se tragan las mentiras y acusaciones del movimiento feminista norteamericano y Domingo fue recibido con una ovación en el festival de Salzburgo poco después de surgir las acusaciones. En diciembre pasado recibió otra ovación en Milán y realizó dos actuaciones con el teatro lleno en Berlín. La semana pasada, la Ópera de Israel confirmó que planeaba seguir adelante con el concurso anual Operalia, que patrocina el tenor, previsto para octubre en Tel Aviv.

Sin embargo, España, la cuna del actor, inmersa en la ola de femiloquismo generalizada, ya ha doblado el brazo a Plácido Domingo: tanto el Teatro Real como el de la Zarzuela, el Liceo de Barcelona o el Palau de les Arts de Valencia han anunciado que ponen en duda su futura contratación.

Presionado, zarandeado, agotado, y a sus 79 años, Plácido Domingo envió hace unos días a la agencia Associated Press que lo había perseguido en una cacería inclemente un comunicado donde dice: “En los últimos meses he tenido tiempo para reflexionar sobre las acusaciones que han hecho contra mí varias de mis colegas. Respeto el hecho de que estas mujeres finalmente hayan tenido el valor de denunciar y quiero que sepan que estoy verdaderamente arrepentido del daño causado. Asumo completamente la responsabilidad por mis actos y he crecido a partir de esta experiencia”.

¿A que les suena esto a ustedes, lectores? Es evidente: a un “aceptar lo inaceptable” por agotamiento, por cansancio y por hartazgo. Un cuasi anciano de 79 años, abatido por la turba totalitaria, quiere seguir viviendo la vida de octogenario de la forma más cómoda posible y desligada del gentucismo femiloco que durante un año le ha martirizado y amenazado.

Plácido Domingo no ha sido condenado por ningún Tribunal. Domingo no ha sido objeto de investigación procesal probatoria que determine la veracidad de los testimonios incriminatorios aportados, que además son anónimos, y que le acusan de acosar y abusar de mujeres. Plácido Domingo ha sido condenado por los medios de comunicación progres de EEUU a través de un “informe”. Repito: no de una sentencia judicial, sino de un informe elaborado por una agencia informativa llamada Associated Press ligada al movimiento “me too”.

En un Estado de derecho quien acusa tiene que probar sus acusaciones y las denuncias no pueden ser anónimas. En el caso del tenor español las denunciantes son anónimas y ninguna acusación está probada. Que el mero informe elaborado por una agencia informativa de ideología feminista que actúa en comandita con un sindicato subvencionado por demócratas sea considerado de valor veraz e irrefutable es una charlotada y un insulto a la inteligencia y al Estado de derecho. Es un claro ejemplo de totalitarismo feminista. De hecho, Associated Press, tras admitir que los testimonios anónimos de las mujeres supuestamente acosadas no se basaban en pruebas materiales sino en terceras personas que afirmaron hacer coincidido con ellas en los lugares donde dijeron estar, llegó a afirmar que las mismas “
se sintieron animadas por el movimiento #MeToo y decidieron que la manera más efectiva de atacar la conducta sexual inapropiada arraigada en su industria era denunciando el comportamiento de la figura más prominente de la ópera“. En román paladín: utilizaron a Plácido Domingo como cabeza de turco o pieza de caza mayor para implantar la dictadura feminista e instaurar su designio totalitario.

Si los acosos y abusos perpetrados por el español hace décadas fueran ciertos, ¿por qué las damnificadas –anónimas- no lo denunciaron entonces? ¿Por qué lo hacen 20 o 30 años después aprovechando la oleada del feminismo subvencionado y matonista del “me too”? ¿Por qué las damnificadas mantienen el anonimato?

Hace 20 o 30 años, como ahora, el acoso sexual y el abuso estaban tipificados y castigados en EEUU; en EEUU con penas de 10 y 15 años en algunos Estados y en otros casos con cadena perpetua. Pero a estas mujeres les era muy cómodo entonces enseñar la entrepierna y tratar de tentar a un gigante artístico como Plácido Domingo para intentar trepar a su costa. Estoy seguro que Plácido daría la espalda a más de una. Una o varias de estas aspirantes a escalar “por derecho de entrepierna” serían rechazadas por Plácido Domingo y ahora después de 20 o 30 años, han aprovechado la resonancia subvencionada del movimiento feminista actual para ciscarse con el tenor español que les cerró la puerta porque no valían un comino o, simplemente, porque era más feas e infollables que el culo de un elefante.

Los seguidores, los admiradores de Plácido Domingo, y los honestos que no comulgamos con las ruedas de molino de la dictadura progre apoyamos y apoyaremos a Plácido Domingo. Un artista de 80 años que ya ha ganado sobradamente su derecho al descanso, a la gloria merecida por su excelsa carrera y al que el feminismo rancio y déspota ha tratado de destruir del modo más inhumano no contando con que la sombra del genio español es más grande que la de la inquina de un puñado de perturbadas y miserables.