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Entrevista a Carlos Martínez-Cava sobre su libro Refundación soberana

- 20 enero 2020

El próximo 30 de enero a las 19:00 horas en la librería Tercios Viejos de Madrid, el abogado, ensayista y colaborador de El Correo de Madrid Carlos Martínez-Cava presentará su último libro titulado Refundación soberana y publicado por la editorial Letras Inquietas. La obra está prologada por Javier García Isac, director de RadioYa y también colaborador de nuestro diario digital.

¿Por qué es necesario refundar España?

La identidad española se ha ido disolviendo desde la creación del Estado de las autonomías. Seguramente, muchos de los que votaron afirmativamente aquella constitución del 78 estaban muy lejos de pensar que se convertiría en un instrumento de desigualdad y de fomento del secesionismo como lo ha sido con el devenir de los años.

El fortalecimiento de esa identidad, la apelación a la nación histórica vuelve hoy a ser más necesaria que nunca porque España no es una constitución. Ya hemos visito fracasar todas las formas posibles de patriotismo constitucional, llamadas a la Marca España y demás efectos de marketing que nada movilizan o devuelven ese sentimiento de pertenencia a un pasado común.

¿Sobre qué pilares debe construirse esa refundación?

Sobre la continua evocación de nuestra historia y la participación de todos sus pueblos en lo que nos unió. Nunca debemos olvidar desde cuando existe España (que está mucho más allá de la fecha de 1812 que dicen los liberales refiriéndose a la primera Constitución): sabemos que debemos remontarnos a aquella Hispania Romana y al Reino Visigodo para sentir de nuevo aquel sentimiento de pérdida que supuso la invasión musulmana y que la Reconquista puso en marcha hasta culminar en Granada en 1492.

Y sobre esa historia y tomando pie en el siglo XXI recuperando parcelas de soberanía que la Unión Europea nos ha tomado y las comunidades autónomas nos han vaciado. Es por tanto una refundación en dos sentidos: el exterior y el interior. Para con todo ello, darle sentido político a un Estado que, hoy por hoy, sólo es un ente gestor disfrazado de democracia de partidos.

¿Nos sirve algo del andamiaje político, económico y social creado tras el fin del franquismo? ¿O es mejor derribarlo por completo y empezar de cero?

Ahora mismo sería imposible empezar de cero. Hemos de tomar el ordenamiento vigente para dar todos los pasos y pasar -como se hizo tras 1975- de la Ley a la Ley. Pero es indudable que se han de redefinir las relaciones en el mundo del trabajo, la participación política (que no tiene por qué ser exclusivamente a través de los partidos políticos), las competencias regionales y municipales. La forma de elección del presidente del Gobierno o –llegado el caso- del Jefe del Estado.

En un mundo globalizado y dentro de la Unión Europea, ¿todavía es posible que España recupere su soberanía?

Lo es. Pero sólo si formamos parte del conjunto de movimientos identitarios que, en clave social y nacional, en Europa están dando esos pasos. Es imposible volver a los Estados Nación, a la propia moneda… Hemos de unirnos a direcciones como la de Salvini, Marine Le Pen, Orban y el resto de países del Pacto de Visegrado para conformar un nuevo eje geopolítico que plante cara tanto a Estados Unidos como a China.

A lo largo del libro, abogas por refundar el proyecto europeo. ¿Son viables los actuales Estados-nación o hay que buscar nuevas alternativas? ¿Cómo debería ser esa nueva Europa superadora de la configuración actual?

Una Europa soberana debe romper lazos atlánticos y tener su propia defensa, su propia diplomacia y, por supuesto, su propia dirección económica. No hay más que mirar el mapa de las naciones actuales -tras 1945- y seguir viendo el numero de bases militares norteamericanas que hay repartidas por toda Europa occidental en muchas ocasiones implicadas en maniobras de entrenamiento para intimidar a Rusia en sus mismas fronteras. No tiene sentido.

Es por ello que las naciones que he mencionado anteriormente deben ser el motor de una -igualmente- refundación del proyecto europeo para transformar la actual Unión Europea que tiene de positivo ya su moneda común, en una potencia de más de 400 millones de personas unidas por una identidad histórica que nos dan nuestras raíces griegas, romanas y cristianas.

¿Es compatible la defensa de la identidad española con un proyecto europeo?

Esa identidad española se construyó -no lo olvidemos- con todos nuestros Tercios desplegándose por tierra Europea defendiendo una Fe y un modo de ser y estar en el mundo. España, con la vanguardia que entonces edificó (no olvidemos el numero de universidades levantadas en Hispanoamérica en pocos años tras el descubrimiento) aportó y debe aportar un sentido humanista que hoy, en esta americanoesfera globalizada se ha perdido.

A cada día que pasa, parece que el porvenir de España y de los españoles es más negro. ¿Podemos permitirnos el lujo de ser optimistas ante la que está cayendo?

No puedo evitar una sonrisa cuando observo pesimismo a nuestro alrededor y pienso en momentos de nuestra Historia como Covadonga, las Navas de Tolosa o la invasión napoleónica. Quizá sea precisamente el lujo lo que nos hace ser tan miopes de las enormes posibilidades que España tiene y puede aportar a esa refundación europea. Pero para ello debemos sacudirnos todo el lastre y esa carcasa vacía que es la herencia del 78 en su peor versión para defender que otra forma de entender la democracia no sólo es posible, es que es urgente implantar para romper con la corrección política y con las imposiciones de un orden mundial que nos asfixia.

 
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