Es francamente sorprendente que nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, siga ciego, sordo y sobre todo mudo en lo que se refiere al GLOBAL COMPACT ON MIGRATION (Pacto Global sobre Migración) que se espera sea firmado en Marrakesh los próximos días 10 y 11. Su firma comprometería a España a una larga serie de deberes y obligaciones en beneficio de una inmigración descontrolada. Porque pese a que los países que lo impulsan, bajo el paraguas de la Asamblea General de la ONU, se empeñen en decir que el Pacto no es vinculante, todo indica que acabará siéndolo cuando el mal ya esté hecho. Y es que este solapado Pacto, oficiosamente impulsado por una internacional de políticos, financieros e industrialistas globalistas - a la búsqueda de abundante mano de obra de bajos salarios - pretende legalizar la migración ilegal, ordenarla, regularla y canalizarla hacia países como los europeos, con supuesta capacidad presupuestaria para absorber esa marabunta de inmigrantes y darles subsidios, alojamiento, escuelas, bonos, seguridad social y un sinfin de prebendas que sería exhaustivo enumerar. Y todo ello como si se tratara de una obligación pactada y por ello ineludible.

Lo denunciamos días atrás en “EL CORREO DE MADRID”, lo dijeron algunos digitales y ayer lo decía “EL MUNDO” cuando su corresponsal en Bruselas advertía que el gobierno de coalición belga estaría al borde de la ruptura precisamente porque su primer ministro, Charles Michel - liberal globalista - se empeña en firmar el Pacto a pesar de la dura oposición de los tres partidos-socio de la coalición. En otros países - incluso en la Alemania de la globalista Frau Merkel - el tema ha sido debatido y combatido en el parlamento. En Holanda y Austria los parlamentos han estado a punto de estallar, con una clara tendencia a no firmar lo que consideran un grave peligro para los países europeos. Italia se dispone a debatirlo y es más que probable que no lo firme. Y son legión los países que ya decidieron - algunos por referendum - que firmar el Pacto no les beneficia: Austria, Australia, Bulgaria, República Checa, Israel, Hungría y Polonia no asistirán a la cumbre de Marrakesh. Estonia y Eslovaquia probablemente tampoco lo harán. EEUU ya ha dicho que no irá, por decisión personal del presidente Trump que intuyó a tiempo que la ONU pretendía tomarle por imbécil.  

Mientras tanto, se estima que entre 1 y 2 millones de supuestos “refugiados” están acampados en la estrecha frontera de Irán con Turquía, junto con otros 300.000-500.000 en las de Siria e Irak, a la espera de que el turco Erdogán vuelva a intentar chantajear a Europa dejándoles transitar hacia Grecia y otros países europeos. En total, se calcula que unos 27 millones de supuestos “refugiados” están a las puertas de Europa desde distintas fronteras orientales o africanas esperando noticias sobre el Pacto. Tan sólo en Marruecos, más de 20.000 están a la espera al otro lado de las vallas y pronto podrían ser 100.000, o 200.000, o lo que le de la real gana a las mafias y a los políticos (¿de ambos lados?) que podrían estar enriqueciéndose con el tráfico de personas.   

Cuando tantos países europeos rechazan de plano el Pacto es porque han visto en él un peligro próximo y real. Por ello, incluso en los que se inclinan a favor, los políticos responsables han decidido someter el texto a sus respectivos parlamentos, a la búsqueda de un consenso que blinde sus responsabilidades si la cosa sale mal - porque saben que saldrá muy mal. Por ello extraña - o quizás no - que ni Pedro Sánchez ni su ministro de Exteriores, Borrell, hayan dicho ni pío sobre el Pacto, ni si van o no van a asistir a la cumbre de Marrakesh, ni si España finalmente firmará tan peligroso documento. Sánchez sabe lo que España se juega - muy probablemente lo negoció con George Soros cuando le recibió en Moncloa una noche oscura y en el mayor secreto. Sánchez sabe que, con Pacto o sin él, España con el tiempo será inundada por una horda de millones de supuestos “refugiados” y que el Reino de Marruecos no hará nada por impedirlo. La ceguera, sordera y mudez de Pedro Sánchez sobre este tema, sumadas a su conocida querencia globalista y merkeliana, y lo que haya podido negociar secretamente con Soros, nos hace temer lo peor. Pobre España en manos de semejante irresponsable.