Ayer 15 de marzo, instaurado el estado de alarma en España, por este gobierno que hace unos días, en lugar de tomar decisiones transcendentes para la salud de los españoles, dedicaba el tiempo a discutir sobre qué sanciones imponer a los piropeadores, y animaba a la gente a salir a la calle alegremente el día de la mujer, la Casa Real acaba de comunicar que suspende las atribuciones dinerarias a "Campechano I", y que el actual rey renuncia en el futuro a su herencia. Creo que se hace raro llamar ya "Don" Juan Carlos a esta persona, que dejó hace tiempo de ser públicamente un referente y ejemplo en muchas cosas.

 

Tal cual está el panorama político y social, y viendo a los componentes de este gobierno de extrema izquierda, al actual monarca no le ha quedado más remedio que hacer pública esta decisión. Decisión que seguramente, de no ser por el coronavirus, tema que es titular en todas las noticias, lo hubiera hecho hace unos días, cuando en algunos medios se publicaba que algún monarca -de los que reza en dirección a La Meca- le había transferido, no sabemos en concepto de qué, algo así como 100 millones de dólares.

 

Cantidad significativa, y de la que algunos medios informaron que en parte luego había sido transferida a la que parece ser fue su querida Corinna, y a su hijo, que parece ser le llamaba "papá" de manera enternecedora. La posible receptora de estas cantidades informaba de mensajes intercambiados, a medios nacionales y extranjeros, así como el uso de medidas de presión como servicios secretos nacionales y mercenarios contratados para la ocasión. Mientras, por otra parte, otros medios asignaban la supuesta titularidad, en un futuro, como beneficiario de un fondo, al actual rey. Parece ser que le llegó constancia de ello en 2019 a través de un despacho de abogados. Y se entiende que recibiría esto cuando su padre fuera llamado a rendir cuentas ante al Altísimo.

 

Tras unos días con la nación en jaque por temas de salud, y tras la consiguiente socarronería con los chistes sobre el corona y corinna virus, la Casa Real, ha interrumpido la tranquilidad de la reclusión en nuestros hogares  para, entre otras cosas, dejar claro que el actual jefe del estado y su heredera, renuncian a cualquier activo, inversión o estructura financiera cuyo origen, características o finalidad puedan no estar en consonancia con la legalidad o con los criterios de rectitud e integridad que rigen la actividad institucional y privada de la Corona.

 

Como ciudadano, puede sernos indiferentes o no, el que tenga querida, que tenga hijos fuera de su matrimonio, o que permita que le llamen papá aun no siéndolo. Pero no puede ser indiferente que una persona que no se ha bajado del coche oficial desde su infancia y que ha ocupado la Jefatura del Estado desde 1975, se haya dedicado a hacer negocio con España, que cuente una fortuna, estimada en 2.000 millones de dólares, según Forbes, la revista norteamericana dedicada a los negocios y finanzas. Y si en videos y fotos oficiales, hemos visto a Juan Carlos, Corinna (trabajando para España en calidad de no sabemos aún qué) y a Urdangarin juntos, pues vaya usted a saber si éste último está pagando los platos rotos de su suegro, que es lo que gran parte de la opinión pública ha pensado a pie de calle.

 

Si todos los hechos anteriores fueran ciertos, dejarían a Juan Carlos I, el cazador de elefantes, a la altura del betún. En algunos libros de escasa distribución hace años, ya se le atribuía el empezar a hacer negocios estando Franco aún con vida. No estaría mal que los historiadores empezaran a ver con otros ojos su responsabilidad en la toma de decisiones en la llamada "marcha verde". La vida es así, tan pronto te dejas tomar el Sáhara (provincia número 53 de España) por Marruecos de manera ignominiosa, como tan pronto llamas "hermano mayor" a Hassan II y vas de cacería con él al poco tiempo. O su papel en el 23F, donde la versión oficial deja bastante que desear, y en el que las incógnitas de la organización, y de quién era el elefante blanco han quedado muy poco despejadas. Ya saben los espectadores de televisión que cada vez que se hablaba de Juan Carlos, había que repetir como mantra lo de su papel como salvador de la democracia y su papel en la "ejemplar" transición.

 

En un país donde en las circunstancias actuales, con la pandemia del coronavirus, los servicios sanitarios, de transporte, de limpieza y minoristas de alimentos trabajan de manera ejemplar, el que debería de haber sido el primer ejemplo de los españoles, al final ha acabado de dejar claro que su nombramiento como sucesor a título de rey fue el gran error de Franco.

Jose María Mateos