Chicago. Tercera ocasión que se celebra, en la capital del Estado yanqui de Illinois, el All Star Game de la NBA. Durante este fin de semana, todavía, seguiremos conmemorando el mágico fin de semana del 8 de febrero de 1988.

Pucherazo contra Wilkins

Mates y triples, el sábado. Partido Este contra Oeste, el domingo. Los mates, sencillamente indelebles. Michael Jordan venciendo en la final a Dominique Wilkins. Mates de molinillo, tomahawks, con rectificado, de 360 grados. Toda la panoplia posible. Los machos alfa de los Bulls y Hawks no entraron solos en la leyenda. Aportaciones mágicas de Spud Webb, con su escaso 1,70 de estatura, corona dos años antes. O del inolvidable Clyde Drexler. Y qué decir de Jerome Kersey, finalista en la edición anterior. Tipos insuperables.

El problema, no menor, fue que Jordan nunca debió ganar ese concurso. Sin duda, el mejor concurso de mates del All Star jamás habido. Y también el mejor atraco de la historia. Le mangaron el campeonato a Wilkins por la puta jeta.

Larry Bird, amén

Larry Bird, grande entre los grandes, llegó a su tercer campeonato de triples. Lo hacía como triunfador tras vencer a Craig Hodges en 1986 bautismo del evento y a Detlef Schrempf, un año más tarde. Sin ni siquiera quitarse la chaqueta de entrenamiento de los Celtics, 17-15 ante Dale Ellis de los Supersonics de Seattle. Pura agonía.

Tras un desastroso comienzo del alero del equipo de la capital de Massachusetts, un memorable epílogo en los dos carros postreros, con la bola final tricolor desempatando. Larry Bird se calzó el money ball una canasta con esta pelota vale dos puntos y cinceló una parábola perita. Al instante, levantó su dedo índice al cielo y se alejó de la línea de tiro. Antes de ejecutar el lanzamiento, Larry poseía la absoluta certeza de que ese balón entraría a través del aro. Almodovarianamente, dolor y gloria. Sobre todo, gloria.

Jordan, olimpo

Tras el imborrable sábado, el inmortal domingo. El partido Este vs. Oeste. Intuyéndose injustamente vencedor en su enfrentamiento contra Wilkins, Jordan forjó definitivamente su leyenda. Frente a su hinchada, el escolta de los Bulls se cascó 40 puntos y 8 rebotes, liderando al Este en la victoria por 138-133. Jordan, obvio, se alzó con el MVP (Most Valious Player). Tras ese momento, germinó la leyenda. Y uno de nuestros mejores recuerdos infantiles. En fin.