¡Como lo oyen! Si pensábamos que lo habíamos visto todo, las feministas vuelven a sorprendernos. Esta vez en forma de protesta contra San Valentín, y es que cualquier excusa es buena para sacar los pechos a pasear y gritar consignas contra los hombres en la calle. Me pregunto por qué no lo harán contra los fabricantes de sujetadores que tanto parecen aborrecer.

Sí, sí. Lo sé. Soy machista. Al menos me tacharon de serlo hace unos días cuando a través de un artículo, pedí a Irene Montero que metiera las narices en su casa y dejara en paz las alcobas de los demás, al menos la mía. Y es que siempre hay gente dispuesta a defender a sus líderes políticos por muchas tonterías que digan.

Sin embargo, que las feministas metan también las narices en una fiesta que, personalmente, ni me va ni me viene porque soy de las que creen que todos los días son buenos para amarse, decirlo y demostrarlo, es estar ya muy aburridas y desesperadas por llamar la atención. ¡De alguna manera han de destacar! Supongo que a ellas, ningún hombre les regalaría nada… ¡Qué miedito! No quiero ni pensar en la reacción que tendrían si recibieran el inocente regalo de un macho, aunque ahora que lo pienso… esa es una idea absurda.

El día de San Valentín, las femis lo celebraron en la calle al grito de: «hoy estamos vivas, mañana bajo tierra». Cada uno lo celebra como puede.

Sospecho que verán el mismo peligro en recibir un ramo de flores o una invitación a cenar a que te maten. Tranquilas, femis: estáis a salvo. Dudo que ningún hombre quiera mandaros bombones.

Si bien es verdad que cada uno de nosotros puede salir a la calle como le venga en gana, también lo es que ciertas imágenes dañan a la vista. O a ver si creen estas señoras que su espectáculo resulta atractivo o respetuoso para los tranquilos paseantes que sin comerlo ni beberlo, se encuentran con la cantinela habitual ya cansina y recurrente.

Si los dirigentes están ya en el poder, tendrán cosas más importantes que ocuparse que las proclamas de estas pocas despistadas que pensando que alguien las va a hacer caso, salen a gritar con los pechos pintarrajeados y al descubierto, a punto de pillar un catarro por tirarse al suelo. ¡Mira! ¡El regalo de San Valentín! Hay para todas.

Por mí, se hubieran podido ahorrar el teatro, pues de nuevo vuelven a colocar a la mujer en una posición altamente denigrante.

También aseguran que «el amor romántico, mata». ¡Claro! De todos es sabido que es menos peligroso el odio que ellas parecen desprender.

A ver si se enteran ya de una vez estas feministas radicales, que lo que mata es el odio, el resentimiento, la crueldad, el desequilibrio mental, la maldad, la venganza y un sinfín de razones más, razones inherentes a la naturaleza humana por cierto, esa en la que también están incluidas las mujeres, es decir, ellas mismas. Quizá les gustaría formar parte de una especie diferente, pero mucho me temo que en eso, van a tener que aguantarse.

¿Por qué no se plantean vivir lejos del resto de humanos? Serían más felices sin tanto hombre malvado suelto por ahí. ¿Cuánto aguantarían? Yo diría que unos añitos, justo hasta su extinción por falta de machos; es evidente.

A ver si vamos asimilando ya de una vez que NO matan los hombres. Matan los asesinos y estos, pueden ser hombres y mujeres. ¿O estoy mintiendo?

¿Protestan por San Valentín y son incapaces de hacerlo porque a los chavales del IES Cura Valera de Huércal-Overa, Almería, les han obligado a simular felaciones en clase? Aunque quizá no se hayan enterado y de ahí su falta de reacciones. ¿Estaré siendo mal pensada?

Señoras feministas, ¿creen que las chicas se librarán de la obligación de realizar esas prácticas?

Pasamos del ridículo al esperpento. Si quieren luchar por una causa noble, primero deberían definir bien la causa, y después explicar qué les lleva a posicionarse con tanto odio en contra de la mitad de la sociedad. Huele a odio, lo enmascaren como lo enmascaren, y definir el odio es muy desagradable.

Estos personajes no me representan, y como mujer tengo derecho a protestar también, que es justo lo que hago ahora.

Protesto por la patética imagen que ofrecen de la mujer, por los bochornosos espectáculos que acostumbran a protagonizar, por la negatividad que transmiten, por el odio que desprenden, por la forma tan desvariada de comunicarse y que con tanto ahínco fomentan, porque hay políticos que están de su lado demonizando a una parte de la sociedad de la que después necesitarán sus votos para gobernar, y protesto también por toda esta enfermiza feminidad. Por suerte, la población empieza a despertar y a darse cuenta de lo que son, porque la gente, no es tonta.

Yo prefiero dar gracias por la existencia de hombres y mujeres, honestos, amables, decentes, adorables, respetuosos y bien nacidos. También porque existen hombres y mujeres capaces de separar la sinrazón de una lucha, que podría ser noble, pero que se ha convertido en demencial, y también doy gracias a la vida porque existen hombres y mujeres que conservan la capacidad de amarse y respetarse entre sí. Gracias, gracias, gracias a todos ellos, repito: hombres y mujeres. Gracias por existir, al menos en mi vida.