Gane quien gane en las próximas elecciones autonómicas gallegas, lo único que tenemos claro es que es España quien pierde. El separatismo tiene garantizada su victoria. En Galicia no es necesario votar a la izquierda para que triunfe el nacionalismo. El Partido Popular gallego lleva años blanqueando al separatismo, años siendo la coartada que necesita el independentismo para lavar su imagen y asumiendo como propias las tesis del nacionalismo.

Las políticas lingüísticas puestas en práctica y la persecución a los castellano parlantes, nada tienen que envidiar a las impuestas por la Generalidad catalana, cuestión distinta es que el gallego, lengua a la que adoro profundamente, sea fácilmente entendible. El problema es cuando utilizamos el idioma para generar discrepancias y tensiones y no para unir, cuando lo utilizamos como herramienta política, como símbolo de superioridad y diferenciación sobre el resto de los españoles. En este sentido, el actual presidente del Gobierno autonómico, Alberto Núñez Feijóo, es continuista con las políticas lingüísticas ya iniciadas por Manuel Fraga. Hasta tal punto llega la locura por intentar manipular y tergiversar el lenguaje, que la lengua gallega, al contrario de lo que pudiera parecer, ha sufrido una paulatina degradación al "lusificar" el idioma en esa absurda idea de marcar diferencias con el español. Los académicos gallegos no quieren que su idioma se parezca al castellano y, como solución, lo que hacen es sustituir las palabras similares por vocablos en portugués.

Núñez Feijóo ha conseguido lo que parecía imposible, ser más nacionalista que los nacionalistas y confundir a gran parte de la sociedad española pensando que, al votar al Partido Popular en Galicia, la unidad de España no corre peligro, por lo menos no por culpa de esa comunidad. Núñez Feijóo es el caballo de Troya del separatismo en Galicia, al igual que lo era Alfonso Alonso en la comunidad autónoma vasca. Son los cooperadores necesarios que necesitan los enemigos de la unidad de España para normalizar sus mensajes. Esta es la apuesta de Pablo Casado y su organización en una errática estrategia que solo le traerá éxitos fugaces y momentáneos y que serán tremendamente perjudiciales para el resto de la nación española.

Pablo Casado demuestra con su actitud lo poco que le importa la unidad de este país. Solo piensa en revalidar una nueva mayoría absoluta con un individuo que ha dejado bien claro que no le debe fidelidad ni a España y mucho menos a su propio partido. Núñez Feijóo habla de diálogo y moderación.  Políticamente se sitúa en el centro. Todos sabemos que ser de centro en España,¡ es dar por buenas las políticas socialistas. Es la mejor garantía de que nada cambie. No desea pactar con Ciudadanos, cosa en la que no se equivoca. El partido de Inés Arrimadas no pasa por su mejor momento y es más que posible que desaparezca más pronto que tarde. Solo tienen una oportunidad: acudir en coalición con los populares, cosa que no disgusta a Feijóo, siempre y cuando no sea en su comunidad. Inés Arrimadas hace un llamamiento desesperado para evitar el hundimiento total, desea abrir sus futuras alianzas a los socialdemócratas, como si todavía quedaran socialdemócratas que no estuvieran en el Partido Popular desde hace años.

Con este panorama, nadie duda de la cuarta mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo y de sus políticas continuistas. Si deseamos que algo cambie en Galicia, se debe romper la dicotomía Izquierda/centro en Galicia y apostar por alternativas que, aun no teniendo representación en el parlamento autonómico gallego, serian la única posibilidad real de cambio, el auténtico dique de contención a las políticas nacionalistas de populares y socialistas, obligando a Núñez Feijóo a tomar partido: o pacta con España o se abraza, como hasta ahora, a la anti España.

No me gusta Alberto Núñez Feijóo, no me gusta ni su talante ni su manera de hacer política y, menos aún, me gusta el que no explique de una forma convincente lo que le impidió venir a Madrid a disputarle la presidencia del partido a Pablo Casado, sobre todo, después de conocerse esas míticas fotografías, de hace ya algunos años, en las que aparece en un yate junto a un conocido narcotraficante gallego.