El Gobierno parece haber decidido definitivamente apostar por la implantación en el Código Penal del delito de apología del franquismo, idea de aplicación que resulta cuestionable en la medida en que la actual sistemática penal reduce los castigos por apología a casos muy concretos que, además, se analizan de forma benevolente para no castigar actos como los homenajes de terroristas, que, siendo sancionables conforme a la normativa, no se persiguen debidamente por restarle importancia a la antijuridicidad de los mismos.

Si se va a establecer un castigo en el Código Penal para la apología del franquismo mediante una norma que se opondría a la libertad de pensamiento y a la libertad de expresión de los artículos 16 y 20 de la Constitución, también habría que incluir sanciones en la misma norma para la apología del comunismo, pues, de ese modo, se adecuaría la legislación española de una forma más idónea a la Resolución del Parlamento Europeo sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa, en la que se afirma que “tras la derrota del régimen nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, a veces bajo la ocupación o la influencia directa de la Unión Soviética, durante medio siglo, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico”. Además, en esa resolución se señala que “los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”, pidiendo por ello “a todos los Estados miembros de la Unión que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas totalitarios y el régimen nazi”.

Castigar la apología del franquismo es muy discutible, pero, si se va a sancionar, resulta idóneo, necesario y proporcional castigar también cualquier manifestación que sirva para defender o para ensalzar los regímenes comunistas, que, lamentablemente, no han sido dirigidos por santos a lo largo de la historia.