Todavía seguimos bajo la influencia del número montado con el AQUARIUS para el marketing socialista y organizado por su nuevo Gobierno con muchos más tintes de interés partidista que de solidaridad humanitaria y de correcta aplicación de las normas europeas sobre emigración, ya que no transportaba náufragos, ni refugiados y mucho menos corrían un peligro extremo de salud. Pero seguirán con su espectáculo mientras les sea rentable.

Ahora bien, dado el corto recorrido que tienen este tipo de gestos de mera imagen, este Ejecutivo, una vez alcanzada la Moncloa, ha iniciado la siguiente actuación mediática, a falta de poner en marcha alguna medida que repercuta en el bienestar del conjunto de los ciudadanos.

Para ello ha elegido retomar la matraca sectaria de reincidir en la Ley de la Memoria Histórica,  que a pocos satisfaría  si no fuera por la insistencia del PSOE desde tiempos del Presidente“rojo” Rodriguez Zapatero, como se autodenominó, acompañado ahora por el comunismo radical y los secesionistas antiespañoles, tal como sucedió en los  tiempos más desastrosos de nuestra  Historia reciente, como fue el Frente Popular de 1936.   

Con esta consigna, hemos tenido que escuchar en un programa televisivo a un “taliban”, más que tertuliano, que el destino de la Basílica del Valle de los Caídos  no debía ser otro que su voladura. Y se quedó tan tranquilo.

Claro que una cosa es sacar a pasear la lengua en un programa de televisión y otra ponerse manos a la obra. Por eso los ayatólas,  dispuestos a mantener sus despropósitos, han empezado por querer descabalgar al Capitán para ver si con ello logran la retirada de sus fieles y así llevar a cabo sin gran esfuerzo los deseos del “taliban”.

El caso es que hay precedentes históricos de batallas que parecían perdidas  por la desproporción de fuerzas, pero el arrojo y valor de los Jefes de los presuntos perdedores pudieron vencer dicho desequilibrio mediante su acción personal al arrebatar  el estandarte al Jefe enemigo y ponerle en fuga o darle muerte. Así sucedió en “Las Navas de Tolosa” con la carga de los Reyes Cristianos sobre Miramamolín y en la “Batalla de Otumba” en la que Hernán Cortés y varios caballeros dieron muerte al “Cihuacóatl” (Jefe militar azteca), haciendo huir a las fuerzas enemigas en ambas ocasiones y logrando una victoria imposible de antemano por la gran diferencia de los medios enfrentados.

No obstante, no veo a conocedores de las lecciones aprendidas de estas gloriosas batallas en las mesnadas dispuestas volar el mayor monumento de la Reconciliación española cual talibanes furiosos.

Por el contrario, hay que reconocer el buen aprovechamiento que hacen de los medios tecnológicos y el relativismo de la sociedad globalizada para sus fines, utilizando y difundiendo la tergiversación de nuestra Historia reciente cual Leyenda Negra   e Imperiofobia del pasado.

Para ello  tiene importancia capital el uso del lenguaje, empleado siempre de forma peyorativa para etiquetar negativamente al rival como primera forma de lucha contra él. Así vemos a los de la orilla izquierda de nuestra España que cuando hablan  o escriben de Franco,  nombrándolo o no, utilizan sustantivos o calificativos como dictador, genocida  y hasta sanguinario, procurando expresarlo en fondo y forma de la manera más agresiva y despectiva posible. No voy a perder su tiempo comparando el significado de dichos conceptos y los comportamientos del Régimen del Generalísimo, denominación que no contiene otra motivación que denotar un rango militar del que tiene autoridad sobre todos los Generales.

Si se estudian los cuarenta años de Gobierno de Franco desapasionadamente, cosa difícil de lograr para algunos, se encontrarán sus luces y sus sombras como en cualquier otro. Pero si además se tiene la serenidad de situar su actuación en cada una de las diferentes situaciones en que se desarrolló, se deducirá con facilidad que el Régimen tuvo que ser autoritario en el grado que cada momento requería. Pese a que dicha actitud sea calificada peyorativamente por los que persiguen su condena sin paliativos, como dictatorial, desde el principio se propuso diferenciarse de ser una Dictadura con su deseo  de no darle continuidad, como expresa la Ley de sucesión en la Jefatura del Estado (26 de julio de 1947), materializada en 1969 con la designación de Don Juan Carlos a Título  de Rey, dejando así abierta la transición política posterior. Nada que ver con regímenes como el Castrismo, Chavismo y tantos otros “ismos” dictatoriales como el Comunismo, fascismo, nazismo... etc que, o continúan o han sido derrocados por la fuerza.

Con el fin de no resultar exhaustivo,  por lo expuesto en el párrafo anterior se puede deducir, sin tener que explicarlo, que el término franquismo y franquista no es más que peyorativo contra los que no arremeten contra Franco, ya que su Régimen no pasó de ese carácter personal sin afán de crear una ideología propia puesto que buscaba principalmente el levantamiento del caos  producido en España desde principios de los años treinta y la tragedia de la posterior guerra fratricida  a que dio lugar.

 Desgraciadamente cualquier guerra tiene extraordinarias y terribles consecuencias ya que las situaciones extremas en que pone al ser humano hace que en ella se sucedan los hechos más heroicos pero también las aberraciones más detestables.

Sin embargo, a pesar de las medidas condenatorias que se aplicaron al terminar la guerra y de acuerdo con la Ley entonces vigente, contra los delitos probados y juzgados, resultan peyorativos en exceso los calificativos  de genocida y sanguinario que algunos atribuyen a Franco en su intento, no solo de borrar de nuestra Historia su trabajo por España, sino de demonizar a la totalidad de su Régimen personal. Todo ello para justificar la demolición de lo que supuso para el desarrollo de  la Nación y para el   estado de bienestar alcanzado por los españoles  los años que siguieron a los desastres del primer tercio del siglo XX, hasta llegar al reconocimiento internacional del Régimen. 

Otro de los argumentos manidos contra el Régimen de Franco es la inexistencia en el mismo de Partidos políticos. Frente a dichos argumentos, basta responder que entre la Democracia representativa y la Dictadura hay una amplia gama de sistemas de Estado  en los que se puede incluir el que los españoles tuvieron  desde 1939 a 1975.

Ahora bien, si después la experiencia vivida en la España Democrática de las Autonomías, cerramos los ojos y nos ponemos la mano en el corazón: ¿Podemos imaginar que hubiera pasado en 1940 si se hubiera establecido el actual Sistema de Estado? La respuesta justa sería agradecer lo que nos encontramos los españoles en 1975, en lugar de querer demoler tan beneficiosa herencia.

Sin embargo, existe entre nosotros una fracción social que en lugar de aprovechar la oportunidad que se encontraron, por edad no la consiguieron ellos, están empeñados en retrotraernos a la situación que ellos no vivieron pero les han contado torticeramente aquellos que desde dentro y fuera mantienen su punto de mira sobre España.

Dada su inferioridad, tanto numérica como de argumentos razonados y razonables, al igual que los Reyes Cristianos en las Navas de Tolosa y Hernan Cortés en Otumba, cabalgan contra el Generalísimo y su Estandarte, la Cruz de Cuelgamuros.Pero olvidan que a ellos les salió bien por saber que la costumbre de almohades y aztecas era huir cuando perdían a su Jefe, pero no estamos ni en ALANDALUS ni en  TENOCHTITLAN.

En consecuencia no es de esperar que se imponga la nueva y más represiva Ley de la Memoria Histórica, por el contrario, a pesar de todo y de todos, alguien se enterará que estamos en el año 18 del siglo XXI y no se pasará de estos escarceos de marketing y que el Gobierno sea del partido que sea, se ponga a la tarea de sacarnos del pozo, no solo económico y empiece a creer en España como Nación que tanto ha dado al Mundo y tanto se debe a Ella.

Si me equivoco en el alto concepto que tengo de todos los españoles que he conocido a lo largo de mis ya abundantes años y los que marchan junto a su Capitán con su Estandarte se retiran ante el asalto que preparan  sus enemigos, éstos no se pararán buscarán bastante más: El Régimen Monárquico restituido por Franco, la Unidad de España como Nación, La Religión Católica mayoritaria y secular en nuestra Patria...... y más.

Compartamos la Fe y la presencia de ánimo y evitaremos el asalto al Valle de los Caídos por España desde el lado que fuera pero creyendo en ella y su futuro .