El pernicioso bodrio de Patria ha sido despellejado genialmente en una excelente crítica de María Fidalgo Casares en Mundiario. La escritora, crítica de arte y literatura, se muestra inmisericorde con la que pareciera la novela de la historia, por encima de El Quijote, para el matrix progre. Y lo peor de todo es que esa novela se está convirtiendo para mucha gente en una referencia, en un mito, probablemente mucho más acorde a sus intereses que la verdad de la historia.

Además el título es de una ambigüedad que resulta cuando menos molesta. Tomar un término tan sagrado como patria para contar la historia de una banda terrorista es ya la primera gota del veneno.

El gigante HBO ha presentado a bombo y platillo su serie Patria basada en la novela homónima de Aramburu que se emitirá a partir de mayo y probablemente sea un éxito como fue la novela, pero ¿a qué precio?

Sin duda al precio de blanquear a ETA y presentar todo el dolor y la barbarie como algo superado y que hay que olvidar en favor de la paz, la concordia y la democracia. La serie, como el libro, que puede hacer mucho daño de manera sutil, ahora que los herederos de la banda terroristas están en las instituciones y, como afirma el historiador Rafael María Molina, pronto serán considerados de forma unánime como héroes antifranquistas, algo que están empezando a hacer ahora.

La serie es para echarse a temblar, pues la novela ha hecho mucho daño, ya que sirve para edulcorar fofamente a la banda criminal ETA y es muy hiriente para los familiares de las víctimas que están hartos de los halagos empalagosos a un libro que no cuenta más que una visión muy sesgada de la verdad y es por lo tanto muy perniciosa para un público poco formado.

Hay que reconocer su gran impacto mediático, llegando incluso a ocupar muchos minutos en prime time en Sálvame ante una emocionada Belén Esteban, emocionada por el relato buenista de la novela. Pues nada si le gusta a la princesa del pueblo es que está bien seguro. Además el pensamiento políticamente correcto así lo ha establecido hay que leer Patria, para conocer la historia de ETA. Los verdaderos libros que cuentan la verdad de la historia son fascistas.

Lo que era una simple novela de ficción el matriz progre lo ha transformado en una especie de historia cuasi oficial. En la novela la versión de la historia de ETA es superficial y sesgada, algo que ve a kilómetros un historiador que conozca mínimamente los hechos. Omite datos cruciales de la realidad histórica, difuminándose los verdaderos responsables del conflicto y sin ir a la raíz y al fondo de la cuestión. Y lo que es muy grave, es que presentan a los cuerpos de seguridad del estado como torturadores, tergiversando por completo la realidad, según el falso relato batasuno.

Me podrán decir que es una novela, pero es muy peligroso y malicioso novelar en un tema tan delicado, pues mucha gente no distingue la realidad de la ficción y hay que tener en cuenta el dolor que produjeron las muertes y el miedo con el que vivió gran parte de la población vasca muchos años. Con eso no se juega.

La equidistancia de la novela es repugnante, como si fuese un conflicto entre dos bandos equilibrados, en los que tenía cada uno su parte de razón. Equiparar a los criminales con las víctimas es un insulto a la inteligencia. También lo es omitir el apoyo intelectual e institucional que tuvo la banda armada, suprimiendo los detalles más dolorosos y comprometidos, saliendo de rositas el clero vasco y la sibilina actitud del PNV ante la banda criminal.

Una ficción que manipula y más cuando la consideran historia y encima la ensalzan como una obra en favor de la paz, engatusando a mentes cándidas.

Es un gran agravio a las víctimas narrar así los “años de plomo”. Es una temeridad contarlos a través de ese relato tan sensiblero y manipulado. Cuando se presenta una parte por el todo, y se convence a la gente de ello, es un fraude en toda regla.

Estadísticas oficiales de los crímenes de ETA

Como datos históricos se contabilizaron 3.517 atentados y 860 víctimas mortales de ETA. La Guardia Civil fue masacrada con 230 muertos, seguida de la Policía Nacional con 183 asesinados, 109 militares de todas las graduaciones y 30 policías locales. Junto a ellos 9 jueces, 3 periodistas, 10 funcionarios penitenciarios, 40 políticos. Tampoco hay que olvidar el gran número de empresarios que pagó el impuesto revolucionario y los vascos que vivieron con miedo y se vieron obligados a tener que abandonar Vascongadas.