De las manifestaciones del movimiento independentista se pueden extraer diferentes conclusiones, aunque hay algunas que resultan esenciales para entender las motivaciones de los secesionistas catalanes. Concretamente, se puede afirmar que el nacionalsocialismo catalán ha comenzado a consolidarse claramente como una doctrina defendida por los independentistas catalanes que, en muchos casos, defienden doctrinas propias de la ideología generada por Adolf Hitler y aplicada a partir de la frustración acumulada en Alemania cuando los problemas sociales y económicos empezaron a ahogar a su ciudadanía. Precisamente, el dirigente político recogió en su obra diversos planteamientos que pueden resultar familiares, como el relativo a que “el Estado es un medio para un fin”, ya que “su finalidad consiste en la conservación y en el progreso de una colectividad bajo el punto de vista físico y espiritual”, destacando que “esta conservación abarca en primer lugar todo lo que se refiere a la defensa de la raza, permitiendo, por ese medio, la expansión de todas las fuerzas latentes de la misma” de una manera que ayude a “promover la defensa de la vida física y, por otro lado, el desarrollo intelectual”. También afirmó que “el fin supremo de un Estado Racista consiste en velar por la conservación de aquellos elementos raciales de origen que, como factores de cultura, fueron capaces de crear lo bello y lo digno inherente a una sociedad humana superior”, pues “nosotros entendemos el Estado como el organismo viviente de un pueblo que no sólo garantiza la conservación de éste, sino que lo conduce al goce de una máxima libertad, impulsando el desarrollo de sus facultades morales e intelectuales” y, por tanto, “tiene que comenzar por hacer de la cuestión de la raza el punto central de la vida general; tiene que velar por la conservación de su pureza y tiene también que consagrar al niño como el bien más preciado de su pueblo”, añadiendo que “la culminación de toda la labor educacional del Estado Racista consistirá en infiltrar instintiva y racionalmente en los corazones y los cerebros de la juventud que le está confiada, la noción y el sentimiento de Raza” y que “ningún adolescente, sea varón o mujer, deberá dejar la escuela antes de hallarse plenamente convencido de lo. que significa la pureza de la sangre y su necesidad”.

Conociendo las afirmaciones de Adolf Hitler, se puede ver de una forma mucho más precisa cuál es el contenido de los pensamientos de aquellos autores que son conocidos como primeros impulsores del nacionalismo catalán.

En primer lugar, habría que hablar del escritor Pompeu Gener, que, en un ensayo publicado a finales del siglo XIX, afirma sobre los catalanes que “creemos que nuestro pueblo es de una raza superior a la de la mayoría de los que forman España”, destacando que “sabemos por la ciencia que somos arios”, desarrollando su razonamiento de un modo claro al indica que “en España, la población puede dividirse en dos razas”, entre las que diferencia “la aria (celta, grecolatina, goda), o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica”, pues “Nosotros [los catalanes], que somos indogermánicos, de origen y corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores”. Además, este autor señaló que “soñamos con un imperio intelectual y moral mediterráneo, por nuestra influencia sobre las restantes naciones latinas, sin ser desviados por las durezas e ignorancias castellanas”, ya que “nuestro patriotismo es de Patria superior”, y “los demás pueblos de España ya nos seguirán, si quieren o si pueden, y si no, peor para ellos. tal es nuestro cometido”.

En segundo lugar, habría que resaltar la figura de Enric Prat de la Riba, que llegó a decir en un texto que “los castellanos, que los extranjeros designan en general con la denominación de españoles, son un pueblo en el que el carácter semítico es predominante; la sangre árabe y africana que las frecuentes invasiones del sur le han inoculado se revela en su modo de ser, de pensar, de sentir y en todas las manifestaciones de su vida pública y privada”, frente a la que se encuentra la “fuerza de la prosperidad económica, de energías intelectuales, morales y artísticas” de Cataluña, que él consideraba “la principal representante de la civilización europea en ese fajo mal atado de kabilas africanos que el Estado español encarna”.

En tercer lugar, habría que destacar a Josep Genovès Moles, que, segúnafirmó en un texto publicado en 1931 que “ningún catalán ni ninguna catalana dignos de tal nombre admitirán unión matrimonial con individuo español o hijo de españoles”, añadiendo que “consideramos anticatalanas tales uniones y, como tales, las combatiremos” y que “declaramos mal catalán al que, después de habérsele hecho tales reflexiones, efectúe el matrimonio”.

A estos autores habría que añadir a Quim Torra, que en “L’últim Nadal (sense papers de Salamanca) de Teresa Rovira, afirma que “el catalanismo ha de basarse en una defensa encarnizada de nuestra identidad y nuestra cultura y del orgullo de ser catalanes”, siendo cierto que en su artículo “Joan Solà, Ciudadanos i el PP” señala que los españoles "son ciudadanos transplantados, impermeables al latir de la tierra milenaria donde respiran" y que “un catalán que aspire a ser español no es nada”.

Las ideas de los autores citados, que coinciden en demasiadas cosas con Adolf Hitler, se están materializando en Cataluña de una forma muy desagradable, pues no son pocos los que están sufriendo discriminación por pensar lo contrario de lo que dicta una imperante corriente social independentista que, sin estar constituida por una mayoría ciudadana, ha logrado hacer el suficiente ruido como para ser considerada como muy relevante. La última declaración llamativa ha sido la de la alcaldesa de Vic, Anna Erra, que pidió a los catalanes “autóctonos” que hablen en catalán a personas que “por su aspecto físico o nombre no parezcan catalanes”, algo que le arrebata el sentido a cualquier llamamiento de los secesionistas catalanes a la defensa de derechos humanos cuya vulneración lleva años perpetrándose por los independentistas de Cataluña.

Hay gente que se preocupa mucho por Vox y por Francisco Franco, que lleva muerto y enterrado varias décadas, pero habría que preocuparse por sujetos que son potencialmente más peligrosos para la igualdad y la libertad de los ciudadanos.