El 6 de octubre de 1934 Lluís Companys proclamó el Estat Català. Hay una similitud entre Companys y Artur Mas. Ninguno ha sido nunca independentista. Cuando terminó su discurso desde el Palau de la Generalitat Companys dijo a los suyos: “Ahora ya no podréis decir que no soy independentista”. Esta frase se la podría haber dicho Mas a Junqueras. Aquello de hace 80 años fue una locura y que se ha vivido y se está viviendo en Cataluña se asemeja bastante. Buscando en la hemeroteca uno puedo encontrar una editorial del diario El Matí. Era una publicación católica, republicana y catalanista. De ella extraemos estos dos fragmentos que son actuales hoy en día…

“La revolución que acabamos de padecer tiene aspectos tan absurdos, tan horriblemente ilógicos que, a medida que el espíritu se va serenando, aquella noche del 6 de octubre se nos presenta como una pesadilla o como un ataque de fiebre o de locura colectiva de muchos sectores de la vida peninsular”.

“Hoy tenemos que bajar la cara con vergüenza delante de los demás países españoles, por incapacidad de gobierno de los dirigentes de Cataluña; pero si el hecho revolucionario no hubiese sido providencialmente contenido a tiempo, la vergüenza sería mucho más grande y el dolor nos habría ahogado como en Asturias. Es preciso no olvidar que en muchos ayuntamientos ondeó durante la noche la bandera roja, que con su resplandor siniestro ya había eclipsado la tenue luz de la estrella solitaria, bajo cuyo signo decían hacer la evolución los gobernantes de Cataluña”.

Joan Casanova i Maristany, cuñado de Carles Pi i Sunyer, fue consejero de la Mancomunidad de Cataluña y se opuso al régimen impuesto por el general Primo de Rivera. Como consecuencia de ello tuvo que exiliarse a Francia. En 1931 regresó a Cataluña siendo uno de los fundadores de Esquerra Republicana de Catalunya. Fue elegido concejal del ayuntamiento de Barcelona, consejero de gobernación y de fomento de la Generalidad de Cataluña. Durante un breve periodo de tiempo fue presidente del Parlamento de Cataluña.

El 26 de diciembre de 1933, como consecuencia del fallecimiento de Francisco Macià, ocupó interinamente la presidencia de la Generalidad y, al estallar la guerra, fue nombrado consejero primero y presidente del consejo Ejecutivo. Con motivo de los excesos de los anarcosindicalistas y del centralismo imperante, dimitió de todos sus cargos y se exilió a Francia. Regresó de nuevo a Cataluña en 1937, pero ante el temor de ser perseguido, decidió exiliarse de nuevo. El motivo de este temor es sencillo, estaba dispuesto a reconocer la victoria militar de Franco sobre el resto de España si éste, a su vez, se comprometía a respetar la autonomía de Cataluña. Casanovas falleció en Valrás, (Llenguadoc), en el año 1942.

Sobre Casanova y el tema catalán durante la II República y la guerra civil escribió Manuel Azaña a Carlos Esplá…

¿Ha visto usted el manifiesto de Casanova, proclamando la independencia de Cataluña? Me dirá usted que no debe tomarse en serio a Casanova. Según. Su descrédito personal no le quita significación al hecho. Sus eminentes compatriotas no lo han desautorizado, que yo sepa. Estos catalanes tienen muy merecido lo que les pasa. Lo malo es que su locura ha dañado a todos”.

Poco después de terminar la guerra civil, el 25 de abril de 1939, le escribía a Esplá…

“Si catalanes y vascos quieren continuar en la emigración los costosísimos dislates que han cometido durante la guerra, allá ellos; si piensan recobrar la República y la posibilidad de hacer la burra nuevamente, sobre las bases de las nacionalidades y de los pueblos ibéricos están lucidos”.

De esto hace más de ochenta años. Como antaño lo de ahora también nos está dañando a todos.