El fanatismo separatista tenía que trasladarse hasta las esquelas mortuorias. Y, como era de esperar, lo han hecho. La dedicada a Mercedes Elizalde Bertrand se la dedicó su marido en 2013. Época en la cual aún no había estallado el procés. A saber lo que hubiera puesto en 2017.

El marido, Oriol Domènec Llavallol es un otorrinolaringólogo y activista. Gran parte de su vida la ha vivido en Argentina y Alemania pues, como afirmó “soy un preso del franquismo”. En el año 1952 el periódico La Vanguardia, publicó el siguiente titular: “Oriol Domènec, el primer español en pisar la Antártida”. No le debió sentar muy bien”.

Por su parte, su mujer formaba parte de la burguesía catalana. Su abuelo, Arturo Elizalde, creó una marca de automóviles con su apellido y fabricó motores de aviación. Los Elizalde pertenecían a una de las principales familias de la industria textil catalana. Hermanos de Mercedes fueron los pilotos de motos Arturo, José Antonio y Juan. La familia tuvo gran influencia durante el franquismo.

La esquela que le dedicó su esposo decía: “Mercedes, ¡hemos estado a tocarlo! Pero el dictado de sus “principios” y el personalismo de su mediocridad ha pasado por encima del interés de Casa Nostra (Nuestra Casa) arrastrando nuestros deseos y nuestras ilusiones. Otros vendrán y ganarán. Esperando volver pronto a tu lado, Oriol”.

La otra está dedicada, en el 25 aniversario de su fallecimiento, a Juan Armengol i Valls, de Cal Mestret, de Guissona (Lérida). Desconocemos si el finado tenía ideas separatistas. Lo cierto es que la familia si y, tal vez esta evolución los ha llevado a impregnar todo con la estelada. En algunas ocasiones han sustituido la cruz por la estelada. Esto nos demuestra que para alguno de ellos el independentismo se ha convertido en una religión.