La fotografía que encabeza este artículo puede resumirse con un titular: “de la alegría a la frustración”. Esta euforia y su posterior decepción se debe a Carles Puigdemont. El fue el culpable de todo.

El hecho ocurrió el 10 de octubre de 2017 en el Parlament de Cataluña. El acto estaba vinculado al referéndum que se había organizado el 1 de octubre. Con unos resultados falsos y conflictivos, se sintieron con la responsabilidad de dar testimonio de lo ocurrido.

Decimos falsos y conflictivos porque lo fueron. Muchas urnas ya tenían votos antes de iniciarse la consulta y la policía no tenía que haber actuado. Marano Rajoy dijo que ese referéndum era ilegal. Si lo era, ¿por qué darle importancia llevando a la policía? Que hubieran votado y al día siguiente todo olvidado. Tampoco los independentistas estaban muy convencidos no del resultado, sino que fuera legal hacer lo que pensaban.

Aquella tarde del 10 de octubre de 2017 el president Carles Puigdemont, en el Parlament pronunció estas palabras:

Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo al presentarles los resultados del referéndum ante todos ustedes y ante nuestros conciudadanos, el mandato de que el pueblo de Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república”.

 

En este punto deben mirar la imagen de la izquierda.

Esto es lo que hoy hacemos con toda solemnidad, por responsabilidad y por respecto. Y con la misma solemnidad, el Govern y yo mismo proponemos que el Parlament suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada”.

 

Aquí deben mirar la imagen de la derecha.

Entre la una y la otra habían pasado 8 segundos. Acto seguido twitter se llenó de mensajes llamando a Puigdemont traidor. Muchos pensaron que se estaba haciendo el ridículo. Esta imagen, la de la frustración, vale más que mil palabras.