En los últimos tiempos, como consecuencia de la nueva ley de la memoria histórica, se ha puesto de moda el Valle de los Caídos. En su origen un lugar para la reconciliación que, con el paso de los años y la nula visión histórica de algunos políticos, se ha convertido en un espacio para el enfrentamiento.

La Herzgruft, (cripta de corazones) está situada tras la capilla de Loreto de la Iglesia de los Agustinos de Viena. En ella se conservan 54 urnas con los corazones de varios miembros de la Casa de Habsburgo.

El nacionalismo catalán quedo influenciado por el Valle y los corazones, no en este orden. ¿Cómo? Cuando el día de Navidad de 1933, el conseller de cultura Bonaventura Gassol quiso seguir la tradición de los Habsburgo, la familia y varios políticos le hicieron caso. Por eso se decidió sacar el corazón del recién fallecido presidente Francesc Macià y conservarlo en una urna con formol.

La idea de Gassol era que, en la Iglesia Castrense de la Ciudadela, se conservaran los corazones de los presidentes de la Generalitat. Como que Macià era el primer presidente de esa institución, inauguraba la colección de corazones. Mientras preparaban la cripta donde se depositaría, para que no se perdiera, decidieron guardarlo en una caja fuerte existente en el Palacio de la Generalitat.

Cuando se dieron cuenta que perderían la guerra, Josep Tarradellas ante el temor que el “enemigo” saqueara la tumba de Macià, decidió trasladar el cadáver. Lo sacaron de su mausoleo, en secreto, y lo llevaron al panteón de los hermanos Callaso Gil. No tenían descendencia, con lo cual no sería utilizado y el cuerpo de Macià permanecería seguro. Por su parte, Tarradellas se marchó al exilio con la urna que conservaba el corazón en formol.

Pues bien, esto no ocurrió nunca. Fue una fantasía de Tarradellas o que no acataron las órdenes que dictó. Lo cierto es que todo el mundo pensaba que el cuerpo embalsamado de Macià estaba en el panteón de los hermanos Collaso Gil y que el mausoleo de los Macià estaba vacío. Se decidió trasladar el cadáver. Se abrió el panteón de los Collaso Gil y, sorpresa, ahí no estaba Macià. El 2 de octubre de 1979 se decidió abrir el mausoleo de la Macià. En el interior pudieron ver el ataúd con el cadáver, muy descompuesto, a pesar de haber sido embalsamado. Al lado del ataúd otra caja de en la que se conservaban las vísceras del difunto president. Teniendo en cuenta el alboroto, Tarradellas decidió devolver a la familia el corazón y olvidarse del Herzgruft catalanista.

La historia se puede ampliar y esta vez hablaremos del Valle. El mismo Tarradellas tenía la intención de construir un pequeño Valle de los Caídos. En la montaña del Montseny, en Santa María de Palautordera, en una finca llamada Font Martina, que es propiedad de la Diputación de Barcelona. Ahí Tarradellas quería construir un monumento funerario en el cual serían enterrados Francesc Macià, Lluís Companys, Pau Casals y quedaría una tumba libre que, en su momento, la ocuparía Tarradellas. El Valle de los Caídos catalán quedó en nada, en gran parte por el alboroto sobre el cuerpo de Macià y por lo surrealista del proyecto.