Vivimos momentos de profunda incertidumbre. Unos se preguntarán qué está pasando, y los más, qué pasará.

El Universo, el Planeta, la Madre Naturaleza y la Vida términos masculinos y femeninos, alertan al ser humano sin distinción de sexo.

En un mundo que acostumbra a vivir a la carrera, se nos pide que paremos de repente. ¿Por qué? Quizá porque somos incapaces de detenernos por voluntad propia, ni de ver qué tenemos al lado porque las prisas nos dominan, nos consumen, nos agobian y con frecuencia, nos ganan la carrera. Incapaces de sentarnos a reflexionar, a tomar decisiones serenas y responsables, llegan tiempos de aprendizaje forzoso que nos obligarán a dejar atrás el continuo bombardeo de mensajes que, ya incluso antes de nacer, nos indicaban cómo pensar, comportarnos y vivir, al más puro estilo de «1984» de George Orwell. ¿Lo han leído? Háganlo.

Y el ser humano en su profunda ignorancia, se apresura para ser el más rico, el más listo y en definitiva, el mejor. ¿Qué narices significa eso?

Una competición ridícula que en ocasiones entablamos incluso contra nosotros mismos. ¡El colmo!

Estamos rodeados de vida, pero adoptamos la fatídica costumbre de transformarlo todo en muerte. ¡Tranquilos! No es una venganza. Solo es la evolución de la especie, aunque algunos especímenes ―la mayoría de ellos ocupando cargos «importantes»―, decidieran hace tiempo dejar de evolucionar y anclarse en su Torre de Babel que, tarde o temprano, caerá.

Con sinceridad, no me gustaría estar en la piel de cierta… casta. Naturaleza y Universo nunca entendieron de sexos.

Podríamos achacar la expansión de esta pandemia al femenino gracias a sus manifestaciones irresponsables, incoherentes y superficiales que solo saben crear división. Aunque acaso debería escribir, «creaban», porque espero y deseo que después de esto, jamás volvamos a odiarnos.

Naturaleza y Universo unidos nos recuerdan que nacimos «seres humanos», porque todos tenemos una parte femenina y otra masculina. Si nos empeñamos en elegir «al más fuerte» y renegamos del otro, enfermaremos.

Solemos confundir el exterior, es decir, la carcasa con la que nacemos, unida a los gustos y preferencias que adoptamos, con el interior. Pero sucede que ese interior es individual y asexual, por más que nos empeñamos en ignorarlo.

Hace tiempo que comenzó una alocada carrera de la mujer contra el hombre. ¡Error! En el fondo, carrera contra nosotros mismos. Ahora, tenemos la oportunidad de recapacitar en soledad, la oportunidad de abrir los ojos para ver y aprender en lugar de hacerlo para criticar y maldecir. La vida está en nuestras manos. No la dejemos escapar.

Esta situación jamás entenderá de médicos o médicas, de enfermos o enfermas, sino de seres. Dejemos de jugar a ser dioses y tratar de empoderarnos unos por encima de otros, cuando ni siquiera hemos aprendido a ser personas.

Es momento de reflexión, de vaciar la mente de material desechable, sucio y contaminado, de darnos cuenta de que la vida solo es un instante que desperdiciamos en asuntos mundanos que nunca nos harán más grandes, porque grandes ya nacimos, aunque lo hayamos olvidado.

Es momento de observar nuestro interior, de vernos tal y como somos, de desnudar el alma y no el cuerpo con pintadas estúpidas que solo producen daño, y a veces, risa. Momento de preguntarnos quiénes somos, intentar conocernos, aceptarnos y respetarnos. ¿Cómo aprenderemos a respetar al otro haciéndonos daño a nosotros mismos? Simplemente, no se puede.

Temer a la muerte es temer a la vida. Quizá por eso, hace tiempo que nos olvidamos de vivir.

Pero ahora, la Naturaleza, el Planeta, el Universo y la Vida, nos ofrecen la oportunidad de recordarlo. Aquí no hay enemigos, solo personas que se necesitan unas a otras, y para entenderlo, tendremos que aprenderlo en soledad.