Los hermanos Lumière son mundialmente conocidos por ser los inventores del cine. Si bien concurrían otras tecnologías antecesoras - como las de Edison – del cine, ellos fueron los pioneros tal y como lo conocemos, tanto técnica como formalmente. Luego, el apabullante talento de otro gabacho, Méliès, les superó.

Entre esqueletos

Obras como la celebérrima llegada del tren a la ciudad, de 1896, devienen jalones de los inicios del mal denominado séptimo arte. Es el primero, natural. Pero no es tan popular otra cara de los dos hermanos Lumière, en la que efectuaron cortometrajes humorísticos e incluso algo tétricos, como aquella animación, apenas un minuto de duración, en la que podemos ver a un gozoso esqueleto bailar perdiendo sus “piezas”, para ir colocándolas paulatinamente en su “sitio”. Le squelette joyeux. El esqueleto alegre.

Y Tim Burton quedó hechizado de tamaña genialidad. Como el que estas líneas emborrona. Una efímera secuencia que nos trae inevitablemente el fausto recuerdo de la magistral Pesadilla antes de Navidad. Aunque dirigida por Henry Selick, todo en ella es Burton.

Santa Clavos, jaque mate

El esqueleto de los Lumière, un remoto antepasado de mi reverenciado Jack Skellington, Sally y el resto de sus colegas, que poseyeron la más feliz idea que los tiempos vieron: raptar al impresentable Santa Clavos. En fin.