Vamos a pasar muy brevemente por algunos detalles técnicos recurrentes en el cine de Kubrick que se repiten con pleno sentido dentro de la película: simetrías en la composición de todos los encuadres, zooms de acercamiento y de alejamiento como forma de acercar y alejar al espectador al estado emocional de los personajes y travellings constantes en distintas variantes: de seguimiento, laterales o en retroceso, casi siempre para acompañar a Cruise en su viaje a través de planos-secuencia. Al uso del plano y contraplano clásicos para el diálogo le sigue un uso del plano corto cuando Cruise escucha las fantasías de Kidman, sea abrazado a ella, sea de pie. Asimismo, el uso de la steadycam —con un uso pionero en films tempranos del director como Senderos de Gloria (1957)—, el recurso favorito de Kubrick. Por último hay que destacar las duplicidades, el uso recurrente de elementos fuera de contexto o con mensajes subliminales para crear una sensación de ensueño, los fundidos a negro encadenados para crear transiciones soporíferas —como en duermevela— entre escenas y cierto ritmo mortecino que contrasta con un desasosiego como de thriller para generar confusión en el espectador. Otro elemento clásico del director es la mezcla entre agorafobia y claustrofobia, como bien identifica el crítico de cine Alejandro G. Calvo al analizar El resplandor (1980). De esta forma, el espectador se proyecta en un William Hartford que no puede regresar a su hogar porque se siente impulsado a buscar; y que quiere detener su busca pero se siente angustiado en el hogar. Solo el sacrificio de la mujer enmascarada permitirá conciliar los opuestos y restaurará el sosiego en el matrimonio a punto de ser quebrado.

La película está basada, como se ha apuntado ya, en el libro Relato soñado de Arthur Schnitzler, cuyo título original es Traumnovelle (Novela de ensueño) y está publicada en los años 20 del siglo XX: una época de liberación sexual, música de swing y consumo extendido de alcohol y droga en contraste con un ambiente sociológico pre-fascista y puritano en Centroeuropa (recordemos, a este respecto, La cinta blanca de Haneke). Kubrick siempre adaptaba libros en sus películas, de hecho su guionista de cabecera era el escritor de novela negra Jim Thompson. La novela de Schnitzler llevaba décadas detenida —al igual que otros proyectos que nunca encontraron financiación como la inexistente cinta Napoleón o la película Inteligencia Artificial que retomaría Spielberg—. Kubrick realizó Eyes Wide Shut 12 años después de su anterior proyecto y moriría días antes de entregar la versión final a los productores. La película batió un récord de meses en proceso de rodaje, primero, y montaje, después, y los actores acabaron exasperados por las repeticiones incesantes —Tom Cruise abrió una puerta casi 100 veces y acabó el rodaje con una úlcera generada por el estrés—, al punto de que Harvey Keitel y Jennifer Jason Leight quedaron fuera del proyecto después de iniciar el rodaje.

La pareja protagonista lo era también en la vida real y se barajó a Kim Basinger y Alec Baldwin como dupla protagonista. De hecho, Kubrick les hizo mantener en secreto notas privadas a cada uno para generar una cierta hostilidad y competencia entre ambos. Por su parte, la película está grabada en un set porque Nueva York solo simboliza la capital mundial del mundo de entonces, no pretende hacer un relato realista. Además, Kubrick no viajaba y los actores tuvieron que desplazarse en helicóptero en varias ocasiones a su finca para poder hablar con él. El propio Stanley Kubrick hace un cameo en el bar donde se toca el piano. Las últimas palabras que aparecen en la película de Kubrick son: “follar” (fuck). Después solo hay un fundido a negro final, como en la propia muerte de cada hombre.

Hay una gran cantidad de coincidencias en la película relativas a nombres de actores, fechas de nacimiento, datos biográficos y experiencias personales de los actores y técnicos que espejean con acontecimientos mostrados o sugeridos en la película. A ello se suman los constantes datos subliminales ofrecidos por letreros, escaparates, detalles, elementos repetitivos o duplicados. La perfección de Kubrick, además, brilla en las supuestas incongruencias que aparecen en la película pero que, dada la obsesión neurótica del director, hacen que los carteles que cambian de lugar, los objetos que aparecen y desaparecen, los cambios de sentido y cualquier mínimo detalle no estén en la pantalla por azar sino para presentar una información que el espectador puede investigar si es capaz de descubrirla o que no hace falta que sea explorada para hablar directamente con el inconsciente de los personajes y del propio espectador de la misma forma en que ocurre en un sueño. Un ejemplo de ello es la escena en la que Cruise habla por teléfono con Kidman y la miente mientras se mira al espejo al tiempo que ella está viendo en la televisión Blume Enamorado (1973), película escrita y dirigida por un antiguo colaborador de Kubrick, Paul Mazursky, y cuyo argumento gira en torno al matrimonio y la infidelidad.

El Castillo de Highclere, llamada mansión Somerset en la película, es donde se graba la orgía y perteneció a la familia Rothschild en Mentmore Towers. El billar rojo en torno al que dialogan Pollack y Cruise —una escena que tardó en ser grabada lo mismo que películas enteras de Woody Allen o de José Luis Garci—, es una réplica de uno que se encuentra en la misma localización. Este detalle reforzaría la idea de que el Sumo Sacerdote —cuyo trono tiene un águila bicéfala: referencia al máximo grado de la Francmasonería— engalanado en una larga capa roja es el jefe de Cruise, a lo que habría que añadir el extraño color —rojo— del propio billar, que suelen ser verdes. También el actor da pábulo a la especulación al golpear el tapete rojo con dos golpes secos seguidos sosteniendo en su mano una pequeña bola de billar como antes golpeó el Sumo Sacerdote el círculo rojo con un cetro de poder. Pero de eso ya hablaremos.