La película más vista en los cines españoles, por segunda semana consecutiva y recaudando el doble que la siguiente, ha sido Zapatos Rojos y los siete trolls, proposición dizque familiar de Flins y Piniculas que ha amasado 103.513 euros. Ha disminuido tan solo un 5% con respecto al fin de semana de su estreno, incrementando un total de 318.429 euros, lo que viene a señalar que, incluso en la situación actual – absurda e inaceptable con los bozales por doquier- muchas familias se hallaban ávidas de cualquier excusa para llevar a sus críos al cine. Al menos otros que jamás no encasquetaremos un puto bozal, vemos la peli online, gracias a la gentil cortesía de los distribuidores.

 Vuelta de tuerca

 Escrita y dirigida por el surcoreano Hong Sung-ho, en Zapatos rojos y los siete trolls estrechamos  los pasos de una princesa que ha sido mudada en enana a causa de un trágico embrujo. Se embarca tras la búsqueda de los zapatos rojos con los que, en principio, podría ser capaz de alterar su maldición. La labor, no obstante, no será tan hacedera como se imaginarse pudo. Sibilas, maldiciones, monstruos y muchas aventuras, grosso modo.

Los cuentos tradicionales fueron, ya desde los mismos orígenes del cine, inacabable hontanar de variaciones y giros argumentales. Parecería ser que, hogaño, concluye el tiempo de los príncipes azules que solo tenían que dar un ósculo para que todo se solucionara y el de las princesas que esperaban ser salvadas. En Zapatos rojos y los siete trolls, Blancanieves arrastra elevado sobrepeso, tal vez halitosis, y el mago Merlín se ha transformado en una difusa criatura verdosa. Vuelta de tuerca a los cuentos tradicionales, otra más.

 ¿Belleza exterior vs. belleza interior?

 Algunos de los responsables de cintas como Big hero 6 o Frozen se hallan tras esta simpática invitación cinéfila, agilísima y magníficamente coreografiada, contando en todo momento con una sólida y enérgica composición. Pulula ante nuestras retinas una nueva Fiona (Shrek). Junto a ella, tras los zapatos rojos, sus curiosos protectores nos ofrecen una libre- libérrima- adaptación del tradicional relato de los hermanos Grimm, Blanca Nieves y los siete enanitos, honda inversión a la imagen fulgurada en el espejo mágico. Los enanos son príncipes apuestos que sufren otra maldición, viran grotescos, lo mismo que le sucede a la protagonista en cuanto se descalza, con lo dolorosa afrenta de que a su mórbida obesidad ensambla unos modales extremadamente zafios y escatológicos.

 En nuestra peli se impugna la superficialidad de la belleza exterior y se aplaude el hecho de asumir diferencia y diversidad (¿ambas son sinónimas?). Cuentos de hadas e infantiles, en definitiva, deconstruidos. Destruidos, mientras se llevan por el camino masculinidad y la feminidad, el eterno masculino y el eterno femenino, la polaridad sexual masculino-femenino como génesis de vida, datos éstos últimos ininteligibles para tarados espirituales, mediocridades intelectuales - y a menudo físicas-, esforzándose obsesivamente por igualarlo todo, por embrollar las identidades sexuales, por afeminar compulsivamente a los hombres y masculinizar toscamente a las mujeres. Extraños y mefíticos cuentos de hadas políticamente correctos, probablemente lo más sencillo de hallar en los cines, además de bibliotecas y colegios. Hadas híspidas, hirsutas y emancipadas, inquietantes princesas agresivas y empoderadas. Y príncipes bragazas, claro. 

Vuelta a lo antiguo

Retornar a los cuentos tradicionales, dato heroico, hoy: además de ser mucho más solazados y líricos que las narraciones estúpidamente correctas, los críos no se transformarán irreversiblemente en ilusos ni en ineptos. La diversidad y la diferencia, dato desnudo de la realidad. Como la masculinidad y la feminidad. Lo uno y lo múltiple. Y lo complementario. ¿Recuerdan? Al menos con Zapatos rojos y los siete trolls nos carcajeamos bastante. Y pasamos noventa gratos y distraídos minutos. Que no es poco hoy. En fin.