España, tiempos raros, incluso para ver cine. Uno de los pocos que han sacado beneficio de esta habitada nueva subnormalidad (vieja como el hombre, pero en esta ocasión apetecida por las masas) ha sido Flins y pinículas. Otra de sus películas, la genial Zapatos rojos y los siete Trolls, de la que ya les hablé, sumó 105.000 euros en su primer fin de semana, que coincidió con el de la reapertura de los cines en el manicomio llamado España. Una distribuidora bastante modesta que estrenó también la cinta animada Trasto, con la que llevan recaudados casi un millón de euros. Les hablo de esta excelente historia perruna.

Pobre chucho abandonado...

Dirigida por Kevin Johnson (recuerden la sobresaliente El gigante de hierro), los productores, top: Shrek, Sola en Casa y El Principe Encantado. En Trasto se rememoran continuamente las dos películas de la saga Mascotas. En ese sentido, Trasto más divertida aún. Y más amarga. Sugestiva cinta de animación, Trasto (Trouble) nos narra las singulares peripecias de nuestro chucho protagonista, ahíto de lujos y con vida regalada a tutiplén. A la sazón Trasto- una miscelánea de Terrier, bichón maltés y Alaskan Klee Kai-  vive en una mansión junto a su dueña, podrida de pasta pero siempre pendiente de su querido compi canino. Súbitamente, la muerte deviene derrape. Muere la señora, la vida de Trasto, mutación profunda.

En el ínterin, los avarientos sobrinos de la difunta, Charles y Victoria, hacen acto de presencia. La única condición testamentaria, muy sencilla de comprender: quienes hereden sus bienes tendrán que hacerse cargo de Trasto y preocuparse de que pueda vivir como lo hacía hasta ese momento. Todo apariencia por parte de los retorcidos sobris, "pierden" al can. La calle, el nuevo hogar de Trasto. Intemperie y desolación, el paraíso perdido. Su nueva existencia, desplome. Hasta unas ardillas gamberras se unirán al séquito para mitigar la ruina avizorada del amigo cuadrúpedo. Ardillas, todo sea dicho, que recuerdan al dúo felino siamés de 101 Dálmatas. Incluso recuerdan al gran Michael Jackson. Es dable recordar, de todas maneras, otras referencias cinéfagas, siempre prestas. Por ejemplo, pasajes enteros calcados de la portentosa MouseHunt, del egregio Gore Verbinski, todo ello puntualmente salpimentado con las ineludibles referencias a La dama y el vagabundo.

Casi todo nos sobra

Prosigamos. Abandonado Trasto, herido, perdido, florece Zoe, su nueva compañera de fatigas y extenuaciones, generosa humana, aspirante a rompedora cantante, amparándolo en su hogar. Con ella aprende una indeleble lección. Nos sobra casi todo, todo tal vez, estamos rodeados de multitud de chismes y ajuares y cosas carentes de sentido. Demasiadas, de hecho. Y existen más lecciones en Trasto. La perenne amistad, por ejemplo, o la idea de autonomía moral, tan saludable y evocadoramente kantiana. 

Trasto resulta saludablemente pedagógica - no adoctrinadora-, además de muy distraída y seductora. Simpáticos instantes musicales, trepidante aventura, acción disparatada. Y, sobre todo, un buen sabor de boca final. De eso se trata, ignorando durante hora y media el mundo de la falsa pandemia que nos oprime. Un mundo, ida la libertad, que literalmente se nos está cayendo a pedazos. En fin.

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