Hace unos meses escribí un artículo en que insultaba a Broncano y a otros colaboradores y periodistas calificándoles como “analfabetos”, en el momento de la polémica entorno al comentario del presentador de La Resistencia sobre Estonia y Andorra.

El propio hecho, del que no cabe justificación alguna, prueba que el analfabeto es únicamente su autor, además de revelar una total inmadurez y subdesarrollo mental.

Con una finalidad de llamar la atención y atraer lectores, he causado un gran prejuicio al medio, el cual, hay que tener presente, no es ni puede ser responsable de lo que escribe cada uno, ya que se limita a publicar los artículos desde el principio de la absoluta libertad de expresión que caracteriza a El Correo de España.

Porque por muy desacuerdo que uno pueda estar con alguien, nada justifica el insulto, el cual ha de considerarse un recurso a que nunca se debe recurrir, y que no lleva a nada, aparte de provocar rechazo y agresividad. Tampoco se ha de pensar que por conocer aspectos básicos en un ámbito concreto, eres superior a alguien con éxito, y que domina otros mil ámbitos (como sería el caso de David Broncano) de los cuales jamás tendrás ni idea.

Volviendo al inicio, resulta muy acertado el haberme referido a mi con el adjetivo “inmaduro”, ya que el propio acto del insulto (sea a quien sea) patentiza inmadurez y una falta total de empatía. Es todavía más apropiado cuando un don nadie como yo se permite emitir este tipo de calificaciones a personas de la talla de David Broncano, uno de los mejores cómicos y artistas de la actualidad, además de un presentador al nivel de los mejores del mundo en este formato de programas; y que contaba con un gran éxito y experiencia, ya a una edad muy temprana.

Como dice el gran artista y uno de los mejores youtubers en español, Jordi Wild, uno ha de preocuparse de sí mismo, antes de fijarse en los demás. Y si a uno no le gusta un contenido u opinión, simplemente ha de pasar de canal, video o medio de comunicación.

Nunca se ha de insultar a nadie, aunque sea un indigente (cuyas circunstancias no conocemos, y mucho menos hemos de juzgar), y hay que respetar a las personas que han llegado muy lejos en su ámbito y tenerlos de ejemplo; aunque sea para un campo muy distinto. Porque ellos no han tenido suerte, sino que se lo han currado; han trabajado durísimo, además de haber tenido un talento. Como dije, el insulto no conduce a nada, generando únicamente rechazo y desprecio (tanto en la persona objeto de los insultos, como en los que los han presenciado); o bajar la autoestima y producir rencor en el caso de las personas más vulnerables.

Pido perdón a David Broncano (aunque no me conozca ni me conocerá nunca) y a los otros colaboradores que he insultado; también a El Correo de España y a todos sus lectores.