Eduardo Casanova, en el aquelarre de los Goya, anhelaría trincar más parné, previamente expoliado de nuestros bolsillos por el odioso fisco, para poder construir "cultura antifascista". Sic. Rebuzno mayúsculo. La ignorancia, siempre, tan atrevida. Henry Kamen, en su columna de El Mundo (28, I,2020), apunta que " ahora es común usar con ligereza fascista, empleado principalmente por personas que son demasiado jóvenes para tener alguna idea de, o contacto con, el fascismo". Clavado, Kamen.

Pieles, obra maestra del cine español

Hasta ahí su absoluto desbarre. Ahora, sus laudables aciertos. Niño prodigio, ahora prodigio, sin más, Casanova ha filmado media docena de cortometrajes en los que ha ido perfilando un estilo que él mismo define como "mezcla de melodrama y terror gore, Billy Wilder y los principios de Cronenberg, peluche rosa y deformes". Tras los cortos, una (tormentosa y atormentada) obra cumbre del cine español, Pieles. Con la reminiscencia siempre perenne de Freaks (La parada de los monstruos) de Tod Browning, la cinta de Casanova hibrida la delirante psicodelia de John Waters, los oscuros universos de David Lynch y la, ya citada por el mismo director, repulsiva cosmovisión cronenbergiana.

La película de Casanova deviene feroz acusación de una realidad altamente incómoda. Dando una vuelta de tuerca a los monstruos de Browning, se nos muestran personajes extremos y, precisemos, pseudofantásticos, mixturando sabiamente caricatura y denuncia. Las vidas de los personajes, colocadas en ambientes tan extremos como sus propias deformidades (prostitución, exclusión social, bancarrota moral, soledad) se delinean con el mayor de los horrores. Y con crudísima exhibición de locuras, trastornos y excentricidades. Una mujer con una boca en forma de culo, un joven con un cuerpo de sirena, una mujer sin ojos. Desaforadas deformidades. Citando a Nietzsche, mirando un abismo, él acaba mirándote a ti.

Salvo por su patológica y banal fijación por los excrementos, Pieles se yergue como un desagradable, muy desagradable, alegato en favor de personas con fealdades extremas. Y la consiguiente imposibilidad para encajar de ninguna manera en nuestra farisaica sociedad. El orden social es, grosso modo, cruel, crudelísimo, donde los establecidos cánones de belleza (o normalidad) aniquilan la diferencia para, en muchos casos, su posterior aprovechamiento y lucro. La hipocresía, axialmente constitutiva de nuestro ser social. Los personajes de Campeones, tolerables. Los de Pieles, jamás. El mundo, una ciclópea mancebía de titánico dolor. Rebelarse contra él, rosa insurrecto, según Casanova, imposible.

Sobre la policía

El habitualmente razonable Iván Espinosa de Los Monteros, brillante portavoz del grupo parlamentario de Vox, ha hecho un poquito de trampa. Saca tuits de Casanova absolutamente descontextualizados. Mentir por omisión, feo. Flashback. 11 de julio de 2012. La manifa en defensa de las cuencas mineras a las puertas del Ministerio de Industria derivó en enérgicos enfrentamientos entre antidisturbios y mineros. Ocho detenidos, 76 heridos. En principio, leves.

Dos versiones en liza, la policial y la contraria. Eduardo Casanova prefiere la versión alternativa. Se llama libertad. Libre y legítimamente, también, los lectores de ECDM tal vez opten por la ofrecida por la policía. Veamos. O desigual guerra entre pelotas de goma contra algunas pocas piedras del asfalto. O legítima defensa policial ante las reiteradas acometidas de los manifestantes. Lo dicho, que cada cual escoja. Pero al menos pongamos en sus justos términos la controversia. Más allá del ríspido talante tuitero de Casanova, la pregunta es otra muy distinta. ¿Actuaron los antidisturbios con proporcionalidad o se comportaron como auténticas bestias pardas ávidas de ahostiar al que pasaba por allí? Sin más. Dilema.

Dos Españas, siempre gana una

Polémica infecunda, en definitiva. Mejor apunto otra, más turbadora. La mejor película española del año, El Crack cero, José Luis Garci, cero nominaciones. Al gran Garci, ni las migajas. Pareciera que en España no pudieran convivir el genio de Garci y el de Casanova. La hegemonía “cultural” progre acontece aterrador rodillo totalitario. Y guerracivilista. Casi chequista. En fin.