Pobre Perla Chávez,

que en las garras fue a caer

de Caín y perdió a Abel.

Fogosa y bella mestiza,

el mal prefirió al bien;

el mal, que siempre hechiza

a quien deja que la carne

a su espíritu haga rehén.

El caballo salvaje

de las pasiones cabalgó

y caída del caballo

por la árida tierra se arrastró

sudorosa y llena de odio

a su amado que a la desgracia

despiadado la llevó.

Sólo la muerte podía

sellar aquel amor

y una trágica muerte

tuvieron aquellos dos

matándose entre sí

en un hermoso duelo al sol.

Cuenta la leyenda

que de su sangre brotó una flor.