Jack Skellington, titán e indeleble prota de Pesadilla antes de Navidad. Para algunos, El Rey Calabaza. Otros lo llaman El Rey de la Oscuridad. Vive en Ciudad Halloween, un mundo tan ficticio como el que habitamos con la falsa pandemia. La detestable Halloween Town, dedicada enteramente a la festividad de Halloween. Jack tiene como fiel chucho a Zero, espectral cánido.

Glorioso sabotaje de la Navidad

Y como genial debelador de todas las farsas, golpe maestro contra todos los truños. Jack secuestra al gordiflón por antonomasia, Santa Clavos. Puro y glorioso sabotaje de las grandes mentiras.

Su antagonista, el hombre de la bolsa, el coco, el coquito, echado a perder, Oogie Boogie con sus tres críos recogechuches. Los Niños de Boogie, los Trick-or-Treaters. Y, por supuesto, el reposo del guerrero. La sin par, Sally, asemejándose a la chorba de Frankenstein. Y hasta el conejito de Pascua, cameo.

Farsas no, gracias

Y desde siempre la eterna duda, agónica y épica controversia brotada con esta inigualable obra maestra del cine. ¿Es Pesadilla antes de Navidad una cinta de Halloween o de Navidad? Claro está. Película contra todos los sainetes y teatros y pamemas. Coronavíricas. O no. Posea el disfraz que posea. Navideño o semisatánico. Farsas no, gracias. En fin.