No ha tanto, cursis – demasiado - princesitas, cierto. Hogaño, crías poderosas, fuertes, guerreras y sabias, heroínas a todas horas en el celuloide mundial. ¿Y un razonable equilibrio más allá de la dictatorial y tediosa y letal propaganda feminista? ¿Vivir más allá de los pendulazos históricos?

Las niñas ya no quieren ser princesas…

Evoquemos el memorable instante de las antaño princesas, hogaño “empoderadas” hembras, en Rompe Ralph 2, punto de no retorno. O, también, las segundas partes de Los Croods o Los Increíbles. Volteo de tuerca: Raya y el último dragón. De alguna manera, Spirit, indómito corcel. Pero agreguen durante las postreras calendas alguna más. Dos excelentes muestras del mejor Miyazaki: Nausicaä del valle del viento y La princesa Mononoke. El inolvidable personaje de Marjane en la magistral Persépolis. O de Pixar, Mulán y Mérida (Brave).  O de Apple TV, los personajes de Robyn y Mebh (Wolfwalkers) con su lema "Sé valiente, sé salvaje y sé libre". Sic. ¿Descanse en paz la honorable masculinidad?

Última muestra, Calamity. Iniciático y feminista western, grosso modo. Reverberaciones fordianas, sobre todo. Pero también del citado Miyazaki. O, literarias, Mark Twain. Todo, visualmente asombroso, fauvismo y Gauguin impregnándolo todo. Variedad cromática deliciosa, incuestionable dato. Sencilla y compleja a la vez.

El mito construido alrededor de Martha Jane Cannary, la cinta recorre desde extensiones heladas a  vastísimas e insondables llanuras. De niña a mujer, empoderada pues: su padre se rompe una pierna, la niña asume la responsabilidad de cuidar de su carreta y de sus dos hermanos —su madre acaba de fallecer—, y poco a poco se va comportando cada vez más como un vaquero, adquiriendo imperio y ascendente dentro del grupo.

El director francés Remí Chayé, que se dio a conocer en todo el orbe terrestre cinematográfico gracias a El techo del mundo (2015), otra historia de empoderamiento femenino en un mundo predominantemente masculino, que transmutaba a una heredera de la aristocracia zarista en una exploradora del Polo Norte, propone en esta ocasión un feminismo ambiguo, digamos sin acelerar del todo. En el fondo, se nos relata una fascinante peripecia moral, prevaleciendo, sobre todo, la rebeldía, el arrojo y la valentía antes que el sexo con el que naciste. Una vindicación de la innegociable individualidad humana.

…debido a la inhumana y liberticida propaganda de género

Pero, al final, siento decir a Chayé, la Agenda es la Agenda Globalista:  el feminismo se ha convertido hoy en una económicamente jugosísima herramienta de control mental y social del Estado y de fundaciones privadas de multimillonarios (Open Society, Rockefeller, Ford, Friedrich Ebert..) que se propaga pertinaz y cansinamente en los grandes medios de comunicación, vehiculado a través de toda la clase política, con todo el apoyo del sistema judicial y la colaboración del ámbito académico cediendo sus recintos universitarios para la impía propaganda de género.

Una agenda globalista feminista que, al igual que sucede con la inmigratoria tiene unos claros y preclaros patrocinadores y colaboradores, con unos objetivos que conectan con los del Nuevo orden capitalista, genocida Nuevo Orden Mundial pues, la actual PLANdemia giro de tuerca. Potentísimos financieros, filántropos se hacen llamar, y servicios secretos utilizando todo ello como instrumento de fragmentación social. Divide et impera. Divide y vencerás.

Memento Paul Craig Roberts, en acertado y oportuno artículo. Cita: “Los negros gritan a los blancos, las feministas gritan a los hombres y los homosexuales gritan a los heterosexuales. Con este panorama no queda nadie para gritar a los gobernantes”. Demografía en definitiva, obvio. Antinatalismo e infertilidad, pues, lobby elegetebeí, ineludible auxilio. Reducción y mutación - étnica – poblacional, precediendo a la antropológica, transhumanismo mediante. En Occidente, claro.

Un feminismo diseñado y publicitado por los grandes medios, donde prevalece la agresividad, la intolerancia, el dogmatismo, el puritanismo y el violentísimo, inquisidor y sistemático ataque al hombre (blanco y heterosexual). Primero nosotras y después nosotras…los racializados y la diversidad sexual…mientras que el resto (hombres blancos heteros) sólo pueden llegar a ser “aliados” (obsérvese, nuevamente este siniestro constructo discriminatorio), es decir, los hombres deviniendo una suerte de lastimosos alfeñiques listos para ser usados a conveniencia (esencialmente como bancos de esperma y cajeros automáticos), varones castrados, siempre en función de los mudables caprichos feministas...

Una pena todo, la verdad

...El cine contemporáneo, avanzadilla de semejante pesadilla. El de animación infantil, lavar cuanto antes púberes cacúmenes, acelerón. Una pena, la verdad. En fin.