De Rusia con amor, es la segunda entrega de James Bond, “007” basada en la novela homónima de Ian Fleming que se convirtió en un éxito taquillero de los 60, es una muestra idónea de lo que significa el mundo del espionaje. De hecho, Fleming, además de ser escritor y periodista, fue un consagrado oficial del Servicio de Inteligencia Secreto o MI6. Asimismo, Fleming hizo parte de la División de Inteligencia Naval en plena Segunda Guerra Mundial. También, superviso unidades de inteligencia como: la 30 Assault Unit5​ y la T-Force e integró el equipo que planificó la operación Goldeneye (nombre de una posterior película y de “The Fleming Villa” en Jamaica donde escribió toda la saga “007”) en Gibraltar – bastión del poder británico en el mar – con el objeto de realizar unos mapas para invadir España si se unía a los nazis.

La saga Bond, tiene de manera frecuente figuras o menciones a Rusia, como aquel villano que tiene planes de apoderarse o incluso de destruir el mundo. Y, está lógica no tiene un vacío existencial, pues su lanzamiento tiene lugar en el marco de la Guerra Fría. Además, el auge del espionaje, contraespionaje o contrainteligencia se acrecienta acabada la Segunda Gran Guerra y presupone el nacimiento de la especialización de tecnologías, modalidades y procedimientos de Inteligencia.

En 1933, Ian Fleming, desempeñándose como periodista para la renombrada agencia de noticias británica, “Reuters” fue a Moscú, para cubrir un juicio fraudulento – farsa judicial – a seis ingenieros de la compañía británica Metropolitan-Vickers. Incluso, aprovechó su estancia para intentar de forma fallida entrevistar al propio Iosif Stalin quien a pesar de haber sido junto con Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt un aliado clave para derrotar a la maquinaria nazi del Tercer Reich de Adolf Hitler, no era un aliado real para Occidente. 

Los intereses de la Gran Rusia, en aquel entonces URSS, eran muy diferentes a los de Inglaterra, Francia, Estados Unidos, incluso los de la misma Alemania vencida. Un sistema socialista, inspirado en un misterioso personaje y un libro tan insignificante como “El capital”, que logró tener un impacto; casi que como el de la Biblia en su momento, no parecía una propuesta que se acomodara a las expectativas liberales y librepensantes que se originaron con la Revolución francesa. 

El Ejército rojo o soviético, es el que captura a Berlín y da un fin a una guerra que en algún momento pareció estar del bando de la Alianza del Eje – eje Berlín-Roma-Tokio – pero que la historia se encargó de cambiar. Sin embargo, la Unión Soviética, con un terreno enorme y un poderío militar solo equiparable con el de Estados Unidos, se convirtió en el rival e incluso enemigo natural de esta superpotencia. Los grandes ganadores de la Segunda Gran Guerra; sin lugar a dudas, eran estos Estado-nación y si bien no hubo una nueva guerra, si tensiones de gran nivel, donde el espionaje y la Inteligencia militar tomaron un papel protagónico.

El comandante Bond, es el icónico espía, pero hay muchos no tan conocidos y con historias que pueden superar la ficción. El caso del israelí Eli Cohen, quien logró formar parte de la elite y de la cúpula política-militar de Siria para pasar información a Israel, que luego seria clave en la Guerra de los Seis Días, es un caso real de un espía excepcional, que, por cierto, es doblegado por la cooperación de la Inteligencia rusa en Siria.

Si bien, han existido toda clase de espías y de distintos bandos, Sidney Reilly, en realidad: Sigmund Georgievich Rosenblum, conocido como “As of Spies”, judío y ruso, luego britanizado, es quien inspiró a Ian Fleming para su personaje de James Bond. Rosenblum, inspiro la creencia popular, bien vista en Bond del “espía mujeriego”, además, espió a cuatro naciones diferentes. Se le conoció también, como el “caballero espía” y fue ejecutado en su natal Rusia, luego de haber intentado derrocar en 1925 al prematuro régimen bolchevique soviético en cabeza de Vladimir Ilyich Lenin.

Otro espía, que inspiro al ficticio Bond, fue el serbio Dušan Popov, quien alertó al FBI del ataque japones sobre la base hawaiana de Pearl Harbor, pero que John Edgar Hoover omitió. El mítico fundador del FBI – cargo que ocupó hasta la muerte – era un experto en espionaje, pero en un espionaje organizado, moderno e incluso más efectivo y menos arriesgado que el espionaje convencional. Utilizó informantes, creó archivos de huellas digitales, laboratorios forenses, así logró fusionar el detectivismo con el espionaje. Incluso los políticos y hasta los presidentes le tenían recelo, y sin duda la mafia. El caso de Howard Hugues, genio de la ingeniería aérea, productor de cine y magnate, es particular, pues había consolidado una red de agentes privador que lo mantenían informado de los pasos de sus allegados, empresarios y políticos. 

De la misma manera, Juan Pujol, “Garbo”, conocido en Alemania como Alaric Arabel, fue un espía catalán que se desempeñó como agente doble entre Inglaterra y Alemania, clave para la Operación Overlord o Desembarco de Normandía – Día D – que sería el comienzo del fin del régimen nazi y su plan de conquista mundial. 

A diferencia de los otros espías, que trabajaban para los británicos, en detrimento de las naciones, de una u otra forma burladas y puestas en evidencia, George Blake, trabajó para los ingleses, hasta que cambió de bando y traiciono a su país. Tanto así que, huyo a Moscú, donde acaba de morir y es para los rusos un héroe; de hecho, honrado con la Orden de la Amistad por Vladimir Putin.

Así que, el tema del espionaje, ha tenido un lugar en la historia, pero, ahora toma otros tonos y el campo de las realidades virtuales, así como, la ciberseguridad y todo lo que con esto respecta, conforman las nuevas lógicas del espionaje y Rusia tiene un largo historial en este campo, al igual que Inglaterra, por ejemplo. 

En 1940, el cubano hispanizado Ramon Mercader, asesinó al líder y más seguro sucesor de Lenin: Lev Davídovich Bronstein, más conocido como León Trotski. Mercader era miembro de la militancia comunista de España y luego como agente del servicio de seguridad soviético NKVD, lugar en el cual le fue designada la misión, que terminó con un grito de Trotski que se escuchó en toda su cuadra, su cráneo atravesado por una pica de escalar y con la noticia recibida con gusto por Stalin, quien tenía pendiente ese asunto, deshacerse de su antes camarada Trotski, que a su vez era el preferido de Lenin. Con el nombre de Jacques Mornard, Mercader se infiltra en el circulo de Trotski, exiliado en la Ciudad de México, muy cercano a Diego Rivera e incluso amante de Frida Kahlo.

En la actualidad, las formas de eliminar a los enemigos de Estado han tenido algunos cambios. Así fue que, el envenenamiento de Aleksander Litvinenko con polonio 210 insertado en un té que consumió en un hotel del centro de Londres, lo llevo a la muerte y además fue el inicio de una era de “terrorismo nuclear” que protagoniza Rusia. Litvinenko, había acusado de forma pública a El Servicio Federal de Seguridad de la Federación de Rusia de cometer actos terroristas a favor de Vladimir Putin. Otro caso es el del intento de envenenamiento de Sergei Skripal y su hija Yulia, con un agente nervioso desarrollado en Rusia: Novichok. Del que, además, Rusia no se hace responsable. Con Skripal los planes salieron mal, al igual que con Alekséi Navalni, reconocido líder la oposición, envenenado en Tomsk y luego internado en Alemania por envenenamiento con el mismo agente ruso Novichok. 

Ahora bien, que Colombia acuse a integrantes de la Embajada rusa, luego de una investigación de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) bautizada "operación enigma" como en honor a Alan Turing, el genio británico matemático y precursor de la informática moderna que descifro la maquina “Enigma” que los nazis utilizaban para dentro de la lógica del espionaje, comunicarse de forma secreta. El caso, es que los espías rusos llevaban dos años o tal vez más, recolectando información de todo tipo, probablemente para entregársela al régimen ilegal venezolano, defendido por Rusia de forma abierta. 

El presidente Duque, en un acto de valentía expulso a dos espías, aunque al parecer habrían más de 20. Y, es claro que no solo de Rusia. Seguro que hasta una decena de países tienen espías en Bogotá y no es algo reciente, además. Así lo nieguen todo en el Ministerio de Exteriores ruso, el Servicio de Inteligencia Extranjera (SVR) y el Servicio de Inteligencia Militar de Rusia (GRU) tiene presencia en Colombia. Además, que del gobierno ruso respondan con la expulsión de dos de los integrantes de la misión colombiana en Rusia, no ayuda a la situación, más bien es una jugada que los hace quedar en evidencia. 

La situación es tensionante entre los dos países, pero no debía esperarse menos, asimismo Colombia es un aliado estratégico muy importante de los Estados Unidos en la región y una cosa es tener relaciones diplomáticas y otra muy diferente es dejar que todo pase a “sus espaldas”, dejando a un lado lo peligroso que puede ser a futuro esto, sobre todo con el enemigo de vecino. Los intereses que se juegan son altos, y sin descartar que haya sectores de la misma política colombiana relacionados con esto, los mismos que niegan y culpan al gobierno o permanecen en silencio, como asentando su responsabilidad y complicidad en el asunto.